/ domingo 25 de agosto de 2019

“Aquí Querétaro”

Holanda, una nación con algo así como 17 millones de habitantes, es el paraíso de la bicicleta, al grado que se estima la existencia de unos 18 millones de bicis en el país, además de la presencia de circuitos y vías especialmente diseñadas para su uso, incluyendo señalética y semáforos. Sólo en Ámsterdam, la capital, hay unos 500 kilómetros de ciclovías, por donde circulan alrededor de 800 mil bicicletas, pertenecientes a un 63 por ciento de su población.

La relación de Holanda con la bicicleta no es de hoy. Existía ya una dependencia de este medio de transporte desde tiempos de la Segunda Guerra Mundial, sí aminorada significativamente con el crecimiento en la fabricación de automotores, pero reforzada con eficaces políticas públicas a partir de la década de los ochentas del siglo pasado. En ello tuvieron injerencia, de manera determinante, agrupaciones ciudadanas.

Y la experiencia holandesa ha sido tendencia, en las últimas décadas, en diversas ciudades europeas; lo mismo Londres, donde las ciclovías atraviesan la ciudad entera, que Paris, donde pretenden que el 15 por ciento de la población utilice este medio de transporte para trasladarse por la llamada “ciudad luz”, o Copenhague, donde el 35 por ciento de su población se desplaza por sus calles en bicicleta.

Y aunque en España Sevilla fue punta de lanza en la materia, pues ahí construyeron 120 kilómetros de ciclovías desde hace ya una década, es Valencia en donde se han dado pasos agigantados en pro del uso de la bicicleta, al construir un anillo ciclista, que comunica el centro de la ciudad con sus barrios, y numerosos carriles exclusivos. Ahí, a decir de los responsables de la movilidad por parte de la autoridad municipal, se ha demostrado que ciclovías seguras propician el uso de la bicicleta e inhiben el de vehículos automotores.

Es decir, pues, que el propiciar el uso de la bicicleta no es en el mundo una simple moda, sino una necesidad, una tendencia urbanística, acompañada de medidas decididas para eficientar el transporte público.

Y entonces, si se trata, efectivamente, de una tendencia mundial, y si todos, o casi todos, estamos de acuerdo en que el coche debería usarse menos y deberíamos encontrar nuevas y más sanas formas de transporte, ¿por qué en la ciudad de Querétaro parece haber fracasado el intento realizado en la administración municipal anterior? ¿Por qué en Querétaro las ciclovías son deteriorados espacios en desuso, y los señalamientos que pretenden darle lugar a la bicicleta, simples, y hasta estorbosos, adornos?

Las respuestas no son fáciles de encontrar, aunque acaso estén, fundamentalmente, en el olvido de una compañía imprescindible para el éxito de una tarea como la que nos ocupa: la educación. El acompañar a la infraestructura de una adecuada información sobre las ventajas del uso de la bicicleta, que debe ir mucho más allá de cerrar calles los domingos; además, claro está, de la construcción de ciclovías en inmejorables condiciones para su uso, y sobre todo, con un sentido lógico de servicio, de efectividad. Así, la noble intención inicial parece haberse venido abajo por su falta de socialización y de solidez.

Hoy los tiempos no parecen ser proclives para la intención abrazada en Europa y en ciudades con una visión de futuro, pues la infraestructura construida en la anterior administración municipal, ciertamente alguna sin mucho sentido, se va deteriorando de a poco, sin que parezca haber intenciones de impedirlo. Como si se tratara de una papa caliente, y en cierta forma vaya que lo es, las actuales autoridades han preferido dejar pasar el tiempo, adoptando la inacción, mucho más cómoda y segura, y perdiendo un tiempo valiosísimo en favor de la movilidad en una ciudad cada vez más complicada como la nuestra.

Holanda, una nación con algo así como 17 millones de habitantes, es el paraíso de la bicicleta, al grado que se estima la existencia de unos 18 millones de bicis en el país, además de la presencia de circuitos y vías especialmente diseñadas para su uso, incluyendo señalética y semáforos. Sólo en Ámsterdam, la capital, hay unos 500 kilómetros de ciclovías, por donde circulan alrededor de 800 mil bicicletas, pertenecientes a un 63 por ciento de su población.

La relación de Holanda con la bicicleta no es de hoy. Existía ya una dependencia de este medio de transporte desde tiempos de la Segunda Guerra Mundial, sí aminorada significativamente con el crecimiento en la fabricación de automotores, pero reforzada con eficaces políticas públicas a partir de la década de los ochentas del siglo pasado. En ello tuvieron injerencia, de manera determinante, agrupaciones ciudadanas.

Y la experiencia holandesa ha sido tendencia, en las últimas décadas, en diversas ciudades europeas; lo mismo Londres, donde las ciclovías atraviesan la ciudad entera, que Paris, donde pretenden que el 15 por ciento de la población utilice este medio de transporte para trasladarse por la llamada “ciudad luz”, o Copenhague, donde el 35 por ciento de su población se desplaza por sus calles en bicicleta.

Y aunque en España Sevilla fue punta de lanza en la materia, pues ahí construyeron 120 kilómetros de ciclovías desde hace ya una década, es Valencia en donde se han dado pasos agigantados en pro del uso de la bicicleta, al construir un anillo ciclista, que comunica el centro de la ciudad con sus barrios, y numerosos carriles exclusivos. Ahí, a decir de los responsables de la movilidad por parte de la autoridad municipal, se ha demostrado que ciclovías seguras propician el uso de la bicicleta e inhiben el de vehículos automotores.

Es decir, pues, que el propiciar el uso de la bicicleta no es en el mundo una simple moda, sino una necesidad, una tendencia urbanística, acompañada de medidas decididas para eficientar el transporte público.

Y entonces, si se trata, efectivamente, de una tendencia mundial, y si todos, o casi todos, estamos de acuerdo en que el coche debería usarse menos y deberíamos encontrar nuevas y más sanas formas de transporte, ¿por qué en la ciudad de Querétaro parece haber fracasado el intento realizado en la administración municipal anterior? ¿Por qué en Querétaro las ciclovías son deteriorados espacios en desuso, y los señalamientos que pretenden darle lugar a la bicicleta, simples, y hasta estorbosos, adornos?

Las respuestas no son fáciles de encontrar, aunque acaso estén, fundamentalmente, en el olvido de una compañía imprescindible para el éxito de una tarea como la que nos ocupa: la educación. El acompañar a la infraestructura de una adecuada información sobre las ventajas del uso de la bicicleta, que debe ir mucho más allá de cerrar calles los domingos; además, claro está, de la construcción de ciclovías en inmejorables condiciones para su uso, y sobre todo, con un sentido lógico de servicio, de efectividad. Así, la noble intención inicial parece haberse venido abajo por su falta de socialización y de solidez.

Hoy los tiempos no parecen ser proclives para la intención abrazada en Europa y en ciudades con una visión de futuro, pues la infraestructura construida en la anterior administración municipal, ciertamente alguna sin mucho sentido, se va deteriorando de a poco, sin que parezca haber intenciones de impedirlo. Como si se tratara de una papa caliente, y en cierta forma vaya que lo es, las actuales autoridades han preferido dejar pasar el tiempo, adoptando la inacción, mucho más cómoda y segura, y perdiendo un tiempo valiosísimo en favor de la movilidad en una ciudad cada vez más complicada como la nuestra.

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