/ domingo 22 de agosto de 2021

Aquí Querétaro | Alameda Hidalgo

Quizá por imitación a la Ciudad de México, o porque hay otras ubicadas en el norte y en el sur de la ciudad, o por simple desconocimiento, mucha gente se refiere a nuestra Alameda como “Alameda Central”. Pero en realidad, ese espacio arbolado, ubicado en el Centro Histórico queretano, desde el 16 de septiembre de 1897 lleva el nombre de Alameda Hidalgo.

Por aquel entonces, a finales del siglo XIX, ese lugar era conocido como “Paseo de la Alameda”, y muy poco tiempo atrás había servido de escenario a los paseos matinales de Maximiliano y a la estratégica posición de las fuerzas imperialistas que resguardaban la ciudad durante el Sitio. Tenía igualmente un acueducto en su parte oriente, que servía para llevar agua de regadío a las muchas tierras de cultivo cercanas, y un viejo kiosco donde habitualmente se interpretaba música de la época.

Las autoridades de la ciudad decidieron entonces, en aquel 1897, rehacer el kiosco, brindándole un estilo rústico, colocar un tinaco para regar los muchos árboles, construir baños públicos, y plantar más de mil nuevos árboles, entre los que se encontraban fresnos, aguacates, nogales y cedros.

Fue el dos de agosto de aquel año, cuando el Cabildo del Ayuntamiento aprobó el proyecto presentado por el regidor José María Carrillo de ponerle el nombre del héroe nacional a ese espacio, y al mes siguiente, justo durante las celebraciones de independencia y tras la ceremonia de presentación de un informe más del gobernador González de Cosío ante la Legislatura estatal, la comitiva correspondiente se acercó hasta nuestra Alameda para inaugurar el monumento que de Miguel Hidalgo que en el lugar se instaló.

Ahí, en el centro de la Alameda, un coro de más de quinientos niños de escuelas oficiales entonaron el Himno a Hidalgo, bajo el amparo de las bandas de los maestros Silverio Martínez y José Aguilar y Fuentes, que ya tenía la costumbre de amenizar las reuniones populares que, de cuatro a seis de la tarde de todos los domingos, se organizaban alrededor del kiosco.

Varios fueron los que tomaron la palabra en aquel histórico acto protocolario: Don Manuel Godoy Álvarez, el joven estudiante del Colegio Civil Francisco Herrera, y el propio vate José María Carrillo, quien interpretó algunos versos.

Luego vinieron muchos años en los que la Alameda Hidalgo queretana sirviera de espacio para el recreo de los habitantes de la ciudad, para escuchar los acordes musicales y domingueros de la banda del señor Aguilar y Fuentes, para recibir la plantación de más árboles, para la instalación de mobiliario, para que los niños anduviesen en bicicleta, para que todos visitáramos su fugaz zoológico, y hasta para que se instalaran comerciantes ambulantes.

Todo, mientras la escultura del cura Hidalgo seguía presidiendo ese histórico y tranquilo jardín citadino. Todo para que ahora le digan “Alameda Central”.

ACOTACIÓN AL MARGEN

La Alameda Central se ubica, según quienes así la nombran, en la colonia Centro.

Y en la colonia Centro se pueden encontrar el Jardín de los Perritos, la plaza del platillo volador y la casa del inquisidor.

Son los tiempos que nos están tocando vivir.

Quizá por imitación a la Ciudad de México, o porque hay otras ubicadas en el norte y en el sur de la ciudad, o por simple desconocimiento, mucha gente se refiere a nuestra Alameda como “Alameda Central”. Pero en realidad, ese espacio arbolado, ubicado en el Centro Histórico queretano, desde el 16 de septiembre de 1897 lleva el nombre de Alameda Hidalgo.

Por aquel entonces, a finales del siglo XIX, ese lugar era conocido como “Paseo de la Alameda”, y muy poco tiempo atrás había servido de escenario a los paseos matinales de Maximiliano y a la estratégica posición de las fuerzas imperialistas que resguardaban la ciudad durante el Sitio. Tenía igualmente un acueducto en su parte oriente, que servía para llevar agua de regadío a las muchas tierras de cultivo cercanas, y un viejo kiosco donde habitualmente se interpretaba música de la época.

Las autoridades de la ciudad decidieron entonces, en aquel 1897, rehacer el kiosco, brindándole un estilo rústico, colocar un tinaco para regar los muchos árboles, construir baños públicos, y plantar más de mil nuevos árboles, entre los que se encontraban fresnos, aguacates, nogales y cedros.

Fue el dos de agosto de aquel año, cuando el Cabildo del Ayuntamiento aprobó el proyecto presentado por el regidor José María Carrillo de ponerle el nombre del héroe nacional a ese espacio, y al mes siguiente, justo durante las celebraciones de independencia y tras la ceremonia de presentación de un informe más del gobernador González de Cosío ante la Legislatura estatal, la comitiva correspondiente se acercó hasta nuestra Alameda para inaugurar el monumento que de Miguel Hidalgo que en el lugar se instaló.

Ahí, en el centro de la Alameda, un coro de más de quinientos niños de escuelas oficiales entonaron el Himno a Hidalgo, bajo el amparo de las bandas de los maestros Silverio Martínez y José Aguilar y Fuentes, que ya tenía la costumbre de amenizar las reuniones populares que, de cuatro a seis de la tarde de todos los domingos, se organizaban alrededor del kiosco.

Varios fueron los que tomaron la palabra en aquel histórico acto protocolario: Don Manuel Godoy Álvarez, el joven estudiante del Colegio Civil Francisco Herrera, y el propio vate José María Carrillo, quien interpretó algunos versos.

Luego vinieron muchos años en los que la Alameda Hidalgo queretana sirviera de espacio para el recreo de los habitantes de la ciudad, para escuchar los acordes musicales y domingueros de la banda del señor Aguilar y Fuentes, para recibir la plantación de más árboles, para la instalación de mobiliario, para que los niños anduviesen en bicicleta, para que todos visitáramos su fugaz zoológico, y hasta para que se instalaran comerciantes ambulantes.

Todo, mientras la escultura del cura Hidalgo seguía presidiendo ese histórico y tranquilo jardín citadino. Todo para que ahora le digan “Alameda Central”.

ACOTACIÓN AL MARGEN

La Alameda Central se ubica, según quienes así la nombran, en la colonia Centro.

Y en la colonia Centro se pueden encontrar el Jardín de los Perritos, la plaza del platillo volador y la casa del inquisidor.

Son los tiempos que nos están tocando vivir.

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