/ domingo 17 de octubre de 2021

Aquí Querétaro | El kiosco y la banda


A don Feliciano Calvo, escribano público de oficio, fue a quien se le ocurrió la idea, aunque no se trataba de algo novedoso, pero sí necesario para la vida citadina. No habían transcurrido aún dos décadas del infortunado episodio del sitio de Querétaro y nuestra ciudad padecía los estragos de su otrora condición imperialista, lo que no impedía que su población se divirtiera con aquellas audiciones musicales que tenían como escenario el Portal de Carmelitas, hoy desaparecido, en la actual calle de Juárez, esquina con Madero.

Don Feliciano tuvo la iniciativa de construir en el céntrico Jardín Zenea un kiosco que sirviera de mejor espacio para las serenatas que se llevaban a cabo en el portal, pero también en otros lugares, como el antiguo patio de la Real Fábrica de Tabacos, ya convertido por entonces en Calzada de Belén, en lo que hoy es la calle de Ezequiel Montes.

La empresa no fue fácil ni barata, y tuvo que contar con la colaboración decidida de una población siempre amante de la música, que se dedicó a organizar festejos, principalmente “jamaicas”, que era el nombre de lo que ahora podríamos considerar “kermeses”, para recabar fondos para la construcción del anhelado kiosco. Cualquier oportunidad era buena para buscar patrocinios, y cualquier dulce elaborado en casa, el medio para obtener, tras su venta, unos cuantos pesos.

Y se logró, finalmente, lo que se pretendía, inaugurándose el kiosco del Zenea en septiembre de 1887 con una apoteótica fiesta popular, en el marco de los festejos, ya no tanto de la independencia nacional, sino del cumpleaños de don Porfirio Díaz. La Banda de Rurales del Estado inició las presentaciones musicales y una buena cantidad de fuegos artificiales enmarcaron el acontecimiento.

Con el tiempo, el espacio del kiosco del Jardín Zenea fue insuficiente para albergar con comodidad a los músicos, así que se hicieron trabajos de ampliación que se inauguraron en 1906. El antiguo kiosco fue trasladado a la Alameda Hidalgo, donde también sirvió de recinto para muchos y constantes conciertos populares.

El kiosco del Zenea fue testigo de la transformación de la ciudad al paso de la suya propia. Ahí se instalaron atriles y también la luz eléctrica, con potentes lámparas que fueron, en su tiempo, toda una novedad.

El recuerdo viene a colación porque la Banda de Música de Querétaro, heredera de aquellas de entonces y dirigida por el gran Aurelio Olvera Montaño, regresa a dar conciertos al kiosco del Zenea, luego de una larga ausencia debido a la pandemia, que significó el primer paréntesis de conciertos en el histórico kiosco desde aquel del periodo revolucionario, donde las balas obligaron a la suspensión.

Los bailarines de danzón y los amantes de la música tradicional volverán a tener, tras el ayuno obligado, la oportunidad de pasar, otra vez, tardes de regocijo en el mismísimo espacio donde los tuvieron sus ancestros. Por ahí se presentará, seguramente, el espíritu de don Feliciano Calvo, dispuesto disfrutar de los acordes, recordando aquella su trascendental iniciativa.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Se están cumpliendo setenta y cinco años de la coronación pontificia de la Virgen del Pueblito, lo que representa un acontecimiento más que significativo para los muchísimos devotos de esa tradicional e histórica imagen religiosa.

El hecho, sumado a una serie de actividades religiosas y sociales, sumará la presencia del Nuncio apostólico en México, Franco Coppola, que este domingo presidirá una solemne celebración religiosa en el templo de San Francisco.

Se trata de un acontecimiento de gran relevancia para los católicos, y en particular, para la orden franciscana que atiende la custodia de esa imagen tan importante para los queretanos.


A don Feliciano Calvo, escribano público de oficio, fue a quien se le ocurrió la idea, aunque no se trataba de algo novedoso, pero sí necesario para la vida citadina. No habían transcurrido aún dos décadas del infortunado episodio del sitio de Querétaro y nuestra ciudad padecía los estragos de su otrora condición imperialista, lo que no impedía que su población se divirtiera con aquellas audiciones musicales que tenían como escenario el Portal de Carmelitas, hoy desaparecido, en la actual calle de Juárez, esquina con Madero.

Don Feliciano tuvo la iniciativa de construir en el céntrico Jardín Zenea un kiosco que sirviera de mejor espacio para las serenatas que se llevaban a cabo en el portal, pero también en otros lugares, como el antiguo patio de la Real Fábrica de Tabacos, ya convertido por entonces en Calzada de Belén, en lo que hoy es la calle de Ezequiel Montes.

La empresa no fue fácil ni barata, y tuvo que contar con la colaboración decidida de una población siempre amante de la música, que se dedicó a organizar festejos, principalmente “jamaicas”, que era el nombre de lo que ahora podríamos considerar “kermeses”, para recabar fondos para la construcción del anhelado kiosco. Cualquier oportunidad era buena para buscar patrocinios, y cualquier dulce elaborado en casa, el medio para obtener, tras su venta, unos cuantos pesos.

Y se logró, finalmente, lo que se pretendía, inaugurándose el kiosco del Zenea en septiembre de 1887 con una apoteótica fiesta popular, en el marco de los festejos, ya no tanto de la independencia nacional, sino del cumpleaños de don Porfirio Díaz. La Banda de Rurales del Estado inició las presentaciones musicales y una buena cantidad de fuegos artificiales enmarcaron el acontecimiento.

Con el tiempo, el espacio del kiosco del Jardín Zenea fue insuficiente para albergar con comodidad a los músicos, así que se hicieron trabajos de ampliación que se inauguraron en 1906. El antiguo kiosco fue trasladado a la Alameda Hidalgo, donde también sirvió de recinto para muchos y constantes conciertos populares.

El kiosco del Zenea fue testigo de la transformación de la ciudad al paso de la suya propia. Ahí se instalaron atriles y también la luz eléctrica, con potentes lámparas que fueron, en su tiempo, toda una novedad.

El recuerdo viene a colación porque la Banda de Música de Querétaro, heredera de aquellas de entonces y dirigida por el gran Aurelio Olvera Montaño, regresa a dar conciertos al kiosco del Zenea, luego de una larga ausencia debido a la pandemia, que significó el primer paréntesis de conciertos en el histórico kiosco desde aquel del periodo revolucionario, donde las balas obligaron a la suspensión.

Los bailarines de danzón y los amantes de la música tradicional volverán a tener, tras el ayuno obligado, la oportunidad de pasar, otra vez, tardes de regocijo en el mismísimo espacio donde los tuvieron sus ancestros. Por ahí se presentará, seguramente, el espíritu de don Feliciano Calvo, dispuesto disfrutar de los acordes, recordando aquella su trascendental iniciativa.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Se están cumpliendo setenta y cinco años de la coronación pontificia de la Virgen del Pueblito, lo que representa un acontecimiento más que significativo para los muchísimos devotos de esa tradicional e histórica imagen religiosa.

El hecho, sumado a una serie de actividades religiosas y sociales, sumará la presencia del Nuncio apostólico en México, Franco Coppola, que este domingo presidirá una solemne celebración religiosa en el templo de San Francisco.

Se trata de un acontecimiento de gran relevancia para los católicos, y en particular, para la orden franciscana que atiende la custodia de esa imagen tan importante para los queretanos.

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