/ domingo 28 de julio de 2019

Aquí Querétaro - Peregrinación

Como la vida misma. Como el reflejo, en una semana (o dos, para los que inician la travesía en el apartado Neblinas) de las muchas caras de una sociedad, y también como la oportunidad única y anual de reencontrarse consigo mismo.

La aventura de la peregrinación a pie al Tepeyac inició en 1886, concretamente el ocho de septiembre de ese año, siendo Obispo de Querétaro don Rafael Sabas Camacho. Por entonces fueron quinientas personas las que realizaron aquel recorrido hasta la Basílica de Guadalupe, en la capital del país.

Con el paso de los años, la anual caminata se convirtió en el acontecimiento religioso y social más popular e importante de los queretanos, que, hace no demasiadas décadas, prácticamente inmovilizaban la ciudad en pos del anhelo de postrarse ante la guadalupana.

Para el 2018, en la pasada edición de la peregrinación, se calcularon cincuenta y cinco mil peregrinos (treinta mil hombres y veinticinco mil mujeres), número que se amplía considerablemente el domingo que los contingentes finalmente llegan a la capital del país y que son recibidos en el Tepeyac por familiares y amigos. Un acontecimiento multitudinario que, aún hoy que tanto ha crecido (y crece) la ciudad, impacta de manera relevante en la vida cotidiana de la urbe.

Este año la peregrinación llega a su edición 129, pues existieron años, sobre todo en aquellos tiempos de conflictos armados, en los que la tradicional cita con la virgen morena no pudo llevarse a cabo. Otros años, por cierto, se realizó en tren y no a pie, precisamente por esas difíciles circunstancias que atravesaba nuestra historia.

Faustino Armendáriz es el séptimo obispo queretano que la encabeza, pues después de don Rafael Sabas Camacho, su iniciador, al frente de la Diócesis de Querétaro pasaron, apoyando siempre esta cita anual, don Manuel Rivera, don Francisco Banegas, don Marciano Tinajero y Estrada, don Alfonso Toriz Cobián y don Mario de Gasperín.

Muchas, muchísimas, son las historias conmovedoras que la peregrinación queretana arropa en sus entrañas; historias todas marcadas por la fe y sustentadas en varias generaciones de peregrinos que han hecho de este acontecimiento parte medular de sus vidas. Aunque, claro está, también podrán descubrirse otras historias menos , que buscan más el beneficio político en el marco de la multitud.

El caso es que justamente hoy las columnas peregrinas llegan a su destino, y otra vez la Villa de Guadalupe se verá inundada de queretanos con la satisfacción de la conclusión de una nueva versión de este tradicional acontecimiento.

Como bien escribió algún día don José Morales Flores, quien por décadas fue director espiritual de la peregrinación, “el ser humano siempre ha sido peregrino”.

Como en la vida misma.

Como la vida misma. Como el reflejo, en una semana (o dos, para los que inician la travesía en el apartado Neblinas) de las muchas caras de una sociedad, y también como la oportunidad única y anual de reencontrarse consigo mismo.

La aventura de la peregrinación a pie al Tepeyac inició en 1886, concretamente el ocho de septiembre de ese año, siendo Obispo de Querétaro don Rafael Sabas Camacho. Por entonces fueron quinientas personas las que realizaron aquel recorrido hasta la Basílica de Guadalupe, en la capital del país.

Con el paso de los años, la anual caminata se convirtió en el acontecimiento religioso y social más popular e importante de los queretanos, que, hace no demasiadas décadas, prácticamente inmovilizaban la ciudad en pos del anhelo de postrarse ante la guadalupana.

Para el 2018, en la pasada edición de la peregrinación, se calcularon cincuenta y cinco mil peregrinos (treinta mil hombres y veinticinco mil mujeres), número que se amplía considerablemente el domingo que los contingentes finalmente llegan a la capital del país y que son recibidos en el Tepeyac por familiares y amigos. Un acontecimiento multitudinario que, aún hoy que tanto ha crecido (y crece) la ciudad, impacta de manera relevante en la vida cotidiana de la urbe.

Este año la peregrinación llega a su edición 129, pues existieron años, sobre todo en aquellos tiempos de conflictos armados, en los que la tradicional cita con la virgen morena no pudo llevarse a cabo. Otros años, por cierto, se realizó en tren y no a pie, precisamente por esas difíciles circunstancias que atravesaba nuestra historia.

Faustino Armendáriz es el séptimo obispo queretano que la encabeza, pues después de don Rafael Sabas Camacho, su iniciador, al frente de la Diócesis de Querétaro pasaron, apoyando siempre esta cita anual, don Manuel Rivera, don Francisco Banegas, don Marciano Tinajero y Estrada, don Alfonso Toriz Cobián y don Mario de Gasperín.

Muchas, muchísimas, son las historias conmovedoras que la peregrinación queretana arropa en sus entrañas; historias todas marcadas por la fe y sustentadas en varias generaciones de peregrinos que han hecho de este acontecimiento parte medular de sus vidas. Aunque, claro está, también podrán descubrirse otras historias menos , que buscan más el beneficio político en el marco de la multitud.

El caso es que justamente hoy las columnas peregrinas llegan a su destino, y otra vez la Villa de Guadalupe se verá inundada de queretanos con la satisfacción de la conclusión de una nueva versión de este tradicional acontecimiento.

Como bien escribió algún día don José Morales Flores, quien por décadas fue director espiritual de la peregrinación, “el ser humano siempre ha sido peregrino”.

Como en la vida misma.

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