/ miércoles 14 de abril de 2021

Contraluz | Fernando “Fer”

Era como la roca ante el oleaje: enhiesta siempre pese al golpeteo; como la brújula que siempre señala al norte; congruente e inconmovible; con la alegría de vivir, como garantía.

Psicólogo, escritor, homeópata, poeta, pintor, Fernando Tapia Rivera había llegado a Querétaro casi infante después de vivir en Guerrero, su lugar de origen, y en Naranjos, Veracruz.

Lo conocí cuando era líder de la sociedad de alumnos en la secundaria ETI 59 (Escuela Técnica Industrial) en la Calzada del Retablo.

Acompañado de Arturo Proal fui a pedirle valona para que pudiera ingresar al plantel un primo que había huido de su casa. La gestión fue aceptada pero el resultado fue un fracaso pues el primo volvió a su hogar llevado de la oreja por una tía que lo vino a buscar. Pero desde entonces quedó sembrada la semilla de la amistad que pese a distancias, debates y posiciones ideológicas encontradas más de alguna vez, se selló siempre en el respeto y el aprecio. Actor de izquierda fue hombre de trabajo siempre, recorrió distintos ámbitos laborales: desde inspector municipal en mercados hasta maestro de la prepa de San Juan, docente de Psicología en la UAQ y director de dicha Facultad de la misma institución.

Tuvo un papel relevante en el movimiento estudiantil de 1980 cuando las más diversas instituciones de educación superior respaldaron los reclamos de los estudiantes de la Normal del Estado liderados por José Dolores González Ortiz.

Su posición de izquierda irreductible lo llevó a diversos desencuentros por los cuales hubo de salir de la entidad.

Estuvo como docente y director de talleres de psicología en diversas universidades, incluidas las de Guerrero y San Luis Potosí. Nos reencontramos en Querétaro siendo yo encargado de comunicación del gobierno de Enrique Burgos García y Arturo Proal de la Isla, secretario de Educación. El gobernador Enrique Burgos había compartido con él labores docentes en San Juan del Río y le tenía aprecio especial pues veía en él a un personaje congruente y honesto. Dado lo anterior entró a trabajar conmigo como analista en la búsqueda de tener una visión seria de las posiciones de la auténtica izquierda local muchas de las cuales eran más que razonables.

Su trabajo fue siempre esmerado y puntual.

Volvió luego a San Luis Potosí a laborar en la Universidad de aquel estado a la par que ahondaba en sus estudios de psicología y homeopatía, materias que empezó a abordar ligadas entre sí; asimismo continuó escribiendo.

Tenía contactos y comunicación relevante con personajes de izquierda de nuestra América como Ernesto Cardenal, Leonardo Boff, Aleida Guevara y muchos más.

Juan José Flores Nava en entrevista para El Presente, semanario que había fundado con José Luis Urzúa (q.e.p.d.) recordó la edición de cuatro de los varios libros que había escrito Fernando: Del psicoanálisis y el genoma humano, La ensoñación dirigida, Del desierto amor en agua de mar y La globalización de la vida, impresos por las editoriales Marte (México) y Sophía (España), mismos que presentó en Cienfuegos y La Habana en 2013.

Ahí escribió Juan José Flores: “En estos tiempos en que la mayoría se reivindica como neutral, Fernando Tapia Rivera no trepida un solo instante: se considera un hombre de izquierda. Desde aquí, desde este horizonte político, ha sabido lo que es el contacto humano y su riqueza y, sobre todo, ha hallado en sus errores y conflictos la luz escondida en la obscuridad…”

Fernando le diría también: “Para mí, ser de izquierda no es una simple elección, es una forma de vida, de ser. Es mi esencia. No la puedo dejar”.

Y también “He trabajado el psicoanálisis por compromiso ético con la humanidad y lo he profundizado de tal manera que doy mis propias conclusiones y propuestas teóricas (en La ensoñación dirigida, por ejemplo). En lo social, lucho por un hombre nuevo y una sociedad justa y fraterna, creativa y socialista de nuevo tipo, que trascienda los socialismos desgastados y pasados; nada me hace entrar en contradicción.

“El ser humano se pierde a sí mismo. Por eso necesitamos un nuevo humanismo y la izquierda tiene que entenderlo cabalmente en lugar de perderse como tal.

“De la actual crisis el hombre saldrá fortalecido porque el ser humano es un ser para la vida, contrario a lo que decía Lacan siguiendo a Heidegger. Es grande, entonces, la tarea que nos espera en el segundo siguiente”.

Antes de la funesta pandemia nos veíamos casi todos los lunes, en El Pastorcito II en Lomas de Querétaro o en La Cabaña. La charla era disciplinada, empezábamos a las tres y terminábamos a las cinco, pues a las cinco y media atendía a pacientes en su consultorio. Querétaro, música, política, literatura, gastronomía y medios de comunicación eran los temas recurrentes que abordábamos entre formalidades, bromas, risas y anécdotas.

He de decir que en los últimos años había alcanzado un estatus de alegre y diáfana serenidad que no desconocía la autocrítica, ni la propuesta firme, pero prudente.

Servicial y atento, disfrutaba, él sí, la certeza de ser familia, comunidad, pueblo…

Ayer una voz de un teléfono desconocido me dio la infausta noticia: Fernando había fallecido de un infarto cuando al parecer se trasladaba en un autobús urbano a su consultorio.

Descanse en paz Fernando Tapia Rivera.

A Norma, su esposa, y a sus hijos, un abrazo.

Fernando Tapia Rivera.

Era como la roca ante el oleaje: enhiesta siempre pese al golpeteo; como la brújula que siempre señala al norte; congruente e inconmovible; con la alegría de vivir, como garantía.

Psicólogo, escritor, homeópata, poeta, pintor, Fernando Tapia Rivera había llegado a Querétaro casi infante después de vivir en Guerrero, su lugar de origen, y en Naranjos, Veracruz.

Lo conocí cuando era líder de la sociedad de alumnos en la secundaria ETI 59 (Escuela Técnica Industrial) en la Calzada del Retablo.

Acompañado de Arturo Proal fui a pedirle valona para que pudiera ingresar al plantel un primo que había huido de su casa. La gestión fue aceptada pero el resultado fue un fracaso pues el primo volvió a su hogar llevado de la oreja por una tía que lo vino a buscar. Pero desde entonces quedó sembrada la semilla de la amistad que pese a distancias, debates y posiciones ideológicas encontradas más de alguna vez, se selló siempre en el respeto y el aprecio. Actor de izquierda fue hombre de trabajo siempre, recorrió distintos ámbitos laborales: desde inspector municipal en mercados hasta maestro de la prepa de San Juan, docente de Psicología en la UAQ y director de dicha Facultad de la misma institución.

Tuvo un papel relevante en el movimiento estudiantil de 1980 cuando las más diversas instituciones de educación superior respaldaron los reclamos de los estudiantes de la Normal del Estado liderados por José Dolores González Ortiz.

Su posición de izquierda irreductible lo llevó a diversos desencuentros por los cuales hubo de salir de la entidad.

Estuvo como docente y director de talleres de psicología en diversas universidades, incluidas las de Guerrero y San Luis Potosí. Nos reencontramos en Querétaro siendo yo encargado de comunicación del gobierno de Enrique Burgos García y Arturo Proal de la Isla, secretario de Educación. El gobernador Enrique Burgos había compartido con él labores docentes en San Juan del Río y le tenía aprecio especial pues veía en él a un personaje congruente y honesto. Dado lo anterior entró a trabajar conmigo como analista en la búsqueda de tener una visión seria de las posiciones de la auténtica izquierda local muchas de las cuales eran más que razonables.

Su trabajo fue siempre esmerado y puntual.

Volvió luego a San Luis Potosí a laborar en la Universidad de aquel estado a la par que ahondaba en sus estudios de psicología y homeopatía, materias que empezó a abordar ligadas entre sí; asimismo continuó escribiendo.

Tenía contactos y comunicación relevante con personajes de izquierda de nuestra América como Ernesto Cardenal, Leonardo Boff, Aleida Guevara y muchos más.

Juan José Flores Nava en entrevista para El Presente, semanario que había fundado con José Luis Urzúa (q.e.p.d.) recordó la edición de cuatro de los varios libros que había escrito Fernando: Del psicoanálisis y el genoma humano, La ensoñación dirigida, Del desierto amor en agua de mar y La globalización de la vida, impresos por las editoriales Marte (México) y Sophía (España), mismos que presentó en Cienfuegos y La Habana en 2013.

Ahí escribió Juan José Flores: “En estos tiempos en que la mayoría se reivindica como neutral, Fernando Tapia Rivera no trepida un solo instante: se considera un hombre de izquierda. Desde aquí, desde este horizonte político, ha sabido lo que es el contacto humano y su riqueza y, sobre todo, ha hallado en sus errores y conflictos la luz escondida en la obscuridad…”

Fernando le diría también: “Para mí, ser de izquierda no es una simple elección, es una forma de vida, de ser. Es mi esencia. No la puedo dejar”.

Y también “He trabajado el psicoanálisis por compromiso ético con la humanidad y lo he profundizado de tal manera que doy mis propias conclusiones y propuestas teóricas (en La ensoñación dirigida, por ejemplo). En lo social, lucho por un hombre nuevo y una sociedad justa y fraterna, creativa y socialista de nuevo tipo, que trascienda los socialismos desgastados y pasados; nada me hace entrar en contradicción.

“El ser humano se pierde a sí mismo. Por eso necesitamos un nuevo humanismo y la izquierda tiene que entenderlo cabalmente en lugar de perderse como tal.

“De la actual crisis el hombre saldrá fortalecido porque el ser humano es un ser para la vida, contrario a lo que decía Lacan siguiendo a Heidegger. Es grande, entonces, la tarea que nos espera en el segundo siguiente”.

Antes de la funesta pandemia nos veíamos casi todos los lunes, en El Pastorcito II en Lomas de Querétaro o en La Cabaña. La charla era disciplinada, empezábamos a las tres y terminábamos a las cinco, pues a las cinco y media atendía a pacientes en su consultorio. Querétaro, música, política, literatura, gastronomía y medios de comunicación eran los temas recurrentes que abordábamos entre formalidades, bromas, risas y anécdotas.

He de decir que en los últimos años había alcanzado un estatus de alegre y diáfana serenidad que no desconocía la autocrítica, ni la propuesta firme, pero prudente.

Servicial y atento, disfrutaba, él sí, la certeza de ser familia, comunidad, pueblo…

Ayer una voz de un teléfono desconocido me dio la infausta noticia: Fernando había fallecido de un infarto cuando al parecer se trasladaba en un autobús urbano a su consultorio.

Descanse en paz Fernando Tapia Rivera.

A Norma, su esposa, y a sus hijos, un abrazo.

Fernando Tapia Rivera.

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