/ miércoles 10 de marzo de 2021

Contraluz | Reivindicación

Es un hecho que la lucha de la mujer por la reivindicación de sus derechos, ha avanzado lenta, pero consistentemente en las últimas décadas; muchos tramos faltan aún por recorrer pero ha de reconocerse que ha iniciado hace tiempo el camino sin retorno hacia el reconocimiento y la igualdad que durante tanto tiempo injustamente se le negó.

En medio de los avances en reconocimiento a sus derechos, lamentablemente han resurgido con especial brutalidad, condiciones de violencia totalmente reprobable que manchan y claman a nuestra llamada civilización que no solo no la ha sabido frenar, sino que día a día, pese a retóricas, leyes, reglamentos y palabrería, se encarama como el peor signo de nuestro tiempo, hacia vórtices de oscuridad con terribles consecuencias que cuestionan nuestro accionar como sociedad.

En México, las cifras son catastróficas: según la Cepal –Comisión Económica para América Latina y el Caribe- nuestro país es el segundo de América Latina con más crímenes de mujeres por razones de género, sólo por detrás de Brasil.

El país cerró 2020 con tres mil 723 muertes violentas de mujeres, sumando feminicidios y homicidios dolosos.

La cifra es aterradora y llama a la reflexión y a la acción pública y privada inmediata para frenar esta vieja pandemia cuyo número de víctimas crece año con año.

Hace más de un siglo, en Copenhague, al concluir la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910, se propuso conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora.

La primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza; y desde entonces se extendió a decenas de país.

En 1972, la Asamblea General de la ONU en su resolución 3010, declaró a 1975 «Año Internacional de la Mujer», y en 1977 invitó a los Estados a declarar, conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Su objetivo, visualizar la desigualdad de género y reivindicar la lucha por la igualdad efectiva de derechos para las mujeres en todos los ámbitos.

Desde la antigüedad ciertamente, la mujer no recibía mucha atención mediática o académica, pese a que siempre han existido figuras de mujeres muy destacadas como retrata Aristófanes en la comedia Lisístrata –donde ésta realiza una huelga sexual contra los hombres para forzar el fin de la guerra-; o en Alejandría, siglo IV, en donde se levanta con luces formidables la figura de Hipatia, filósofa neoplatónica quien además destaca como matemática y astrónoma.

En el Siglo de Oro español, Miguel de Cervantes relata en El Quijote la historia de la bella Marcela quien elige la soledad del campo y las montañas y se defiende de rumores y malquerencias, pues ella solo quiere ser una persona libre.

Durante la Revolución francesa, las mujeres marcharon hacia Versalles, junto a los hombres, en reclamo de igualdad social bajo el lema “libertad, igualdad y fraternidad”.

Pronto, ellas tomaron consciencia de que la lucha de clases no contemplaba su género, esto es, la plena igualdad social de la mujer por la que debían luchar.

Eso devino en las primeras peticiones formales de derechos políticos y ciudadanía.

Será a mediados del siglo XIX cuando los movimientos reivindicativos de la mujer tomen fuerza: lucha por el sufragio femenino, la reivindicación de la igualdad, la denuncia de la opresión social, familiar y laboral.

Sin embargo la lucha era ardua y difícil, muestra de ello lo fue Amandine Aurore Lucile Dupin quien fue el gran amor –y musa– del ilustre músico Frédéric Chopin. Amandine hubo de utilizar el seudónimo masculino George Sand cuando decidió entrar en el hostil mundo de artistas e intelectuales europeos del siglo XIX.

No está de más señalar el icónico caso de las hermanas Emily, Charlotte y Anne Brontë, escritoras y literatas inglesas que entraron también con seudónimos masculinos a la gran galería de la literatura clásica inglesa.

Vendría después, entre otras muchas artistas, científicas e intelectuales más, Madame Marie Curie ganadora de dos premios Nóbel en distintas ramas, química y física.

En México la participación de la mujer en las gestas de las revoluciones de Independencia y de 1910; y en el mundo de las artes, la ciencia y la organización social y política se fueron consumando lentamente a lo largo de los siglos XIX y XX con lentitud, pero sin pausa, con reformas que finalmente les reconocían sus derechos en el papel, pues no siempre en la realidad cotidiana.

Por todo ello, pero en especial, por la violencia, en México las marchas de reivindicación se han centrado en la protesta por los innumerables crímenes contra la mujer.

Lo importante hoy, es generar mejores condiciones en defensa de la mujer, centrarse en mejores leyes, reglamentos, protocolos y acciones sociales que respeten su papel, que señalen y castiguen a los detractores y abusadores; y que se tiendan puentes para la igualdad en salarios, en responsabilidades empresariales, sociales y políticas, en respaldos justos a la mujer trabajadora y a las madres solteras, mediante estancias infantiles, casas de acogida a las mujeres violentadas, en deferencia para el ingreso a las universidades y en general a planteles de educación superior.

Y asimismo un régimen judicial que investigue, defina y castigue con firmeza todo abuso contra la mujer.

En lo social habría qué avanzar mucho más en la conciencia social sobre la formación de los hijos e hijas tanto en el ámbito familiar como en el escolar, pues ha de reconocerse que el pérfido machismo se origina muchas veces en el estante doméstico donde inicia la desigualdad en el trato a hombres y mujeres.

Solo avanzando en materia de justicia y derechos humanos, podremos evitar que se den saldos de violencia física como el de ayer en la Ciudad de México con “62 policías y 19 civiles lesionadas” y otros cuantiosos daños a terceros.

Aquí, como se sabe, también podrían evitarse, avanzando en justicia, desmanes como los ocurridos en la Alameda Hidalgo y en la recién creada Fiscalía Especializada en la Investigación y Persecución del delito de Feminicidio.

Es un hecho que la lucha de la mujer por la reivindicación de sus derechos, ha avanzado lenta, pero consistentemente en las últimas décadas; muchos tramos faltan aún por recorrer pero ha de reconocerse que ha iniciado hace tiempo el camino sin retorno hacia el reconocimiento y la igualdad que durante tanto tiempo injustamente se le negó.

En medio de los avances en reconocimiento a sus derechos, lamentablemente han resurgido con especial brutalidad, condiciones de violencia totalmente reprobable que manchan y claman a nuestra llamada civilización que no solo no la ha sabido frenar, sino que día a día, pese a retóricas, leyes, reglamentos y palabrería, se encarama como el peor signo de nuestro tiempo, hacia vórtices de oscuridad con terribles consecuencias que cuestionan nuestro accionar como sociedad.

En México, las cifras son catastróficas: según la Cepal –Comisión Económica para América Latina y el Caribe- nuestro país es el segundo de América Latina con más crímenes de mujeres por razones de género, sólo por detrás de Brasil.

El país cerró 2020 con tres mil 723 muertes violentas de mujeres, sumando feminicidios y homicidios dolosos.

La cifra es aterradora y llama a la reflexión y a la acción pública y privada inmediata para frenar esta vieja pandemia cuyo número de víctimas crece año con año.

Hace más de un siglo, en Copenhague, al concluir la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910, se propuso conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora.

La primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza; y desde entonces se extendió a decenas de país.

En 1972, la Asamblea General de la ONU en su resolución 3010, declaró a 1975 «Año Internacional de la Mujer», y en 1977 invitó a los Estados a declarar, conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Su objetivo, visualizar la desigualdad de género y reivindicar la lucha por la igualdad efectiva de derechos para las mujeres en todos los ámbitos.

Desde la antigüedad ciertamente, la mujer no recibía mucha atención mediática o académica, pese a que siempre han existido figuras de mujeres muy destacadas como retrata Aristófanes en la comedia Lisístrata –donde ésta realiza una huelga sexual contra los hombres para forzar el fin de la guerra-; o en Alejandría, siglo IV, en donde se levanta con luces formidables la figura de Hipatia, filósofa neoplatónica quien además destaca como matemática y astrónoma.

En el Siglo de Oro español, Miguel de Cervantes relata en El Quijote la historia de la bella Marcela quien elige la soledad del campo y las montañas y se defiende de rumores y malquerencias, pues ella solo quiere ser una persona libre.

Durante la Revolución francesa, las mujeres marcharon hacia Versalles, junto a los hombres, en reclamo de igualdad social bajo el lema “libertad, igualdad y fraternidad”.

Pronto, ellas tomaron consciencia de que la lucha de clases no contemplaba su género, esto es, la plena igualdad social de la mujer por la que debían luchar.

Eso devino en las primeras peticiones formales de derechos políticos y ciudadanía.

Será a mediados del siglo XIX cuando los movimientos reivindicativos de la mujer tomen fuerza: lucha por el sufragio femenino, la reivindicación de la igualdad, la denuncia de la opresión social, familiar y laboral.

Sin embargo la lucha era ardua y difícil, muestra de ello lo fue Amandine Aurore Lucile Dupin quien fue el gran amor –y musa– del ilustre músico Frédéric Chopin. Amandine hubo de utilizar el seudónimo masculino George Sand cuando decidió entrar en el hostil mundo de artistas e intelectuales europeos del siglo XIX.

No está de más señalar el icónico caso de las hermanas Emily, Charlotte y Anne Brontë, escritoras y literatas inglesas que entraron también con seudónimos masculinos a la gran galería de la literatura clásica inglesa.

Vendría después, entre otras muchas artistas, científicas e intelectuales más, Madame Marie Curie ganadora de dos premios Nóbel en distintas ramas, química y física.

En México la participación de la mujer en las gestas de las revoluciones de Independencia y de 1910; y en el mundo de las artes, la ciencia y la organización social y política se fueron consumando lentamente a lo largo de los siglos XIX y XX con lentitud, pero sin pausa, con reformas que finalmente les reconocían sus derechos en el papel, pues no siempre en la realidad cotidiana.

Por todo ello, pero en especial, por la violencia, en México las marchas de reivindicación se han centrado en la protesta por los innumerables crímenes contra la mujer.

Lo importante hoy, es generar mejores condiciones en defensa de la mujer, centrarse en mejores leyes, reglamentos, protocolos y acciones sociales que respeten su papel, que señalen y castiguen a los detractores y abusadores; y que se tiendan puentes para la igualdad en salarios, en responsabilidades empresariales, sociales y políticas, en respaldos justos a la mujer trabajadora y a las madres solteras, mediante estancias infantiles, casas de acogida a las mujeres violentadas, en deferencia para el ingreso a las universidades y en general a planteles de educación superior.

Y asimismo un régimen judicial que investigue, defina y castigue con firmeza todo abuso contra la mujer.

En lo social habría qué avanzar mucho más en la conciencia social sobre la formación de los hijos e hijas tanto en el ámbito familiar como en el escolar, pues ha de reconocerse que el pérfido machismo se origina muchas veces en el estante doméstico donde inicia la desigualdad en el trato a hombres y mujeres.

Solo avanzando en materia de justicia y derechos humanos, podremos evitar que se den saldos de violencia física como el de ayer en la Ciudad de México con “62 policías y 19 civiles lesionadas” y otros cuantiosos daños a terceros.

Aquí, como se sabe, también podrían evitarse, avanzando en justicia, desmanes como los ocurridos en la Alameda Hidalgo y en la recién creada Fiscalía Especializada en la Investigación y Persecución del delito de Feminicidio.

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