/ miércoles 18 de agosto de 2021

Contraluz | Una gran tarde

Atemperadas las aguas del debate surgido tras el anuncio de la posible venta de la Plaza de Toros Santa María vale refrendar hoy su importancia en la historia contemporánea de Querétaro y la gran multitud de sucesos para la historia, taurinos y de espectáculos, que hallaron cobijo en el redondel cercado de rojos burladeros, estéticas arcadas, albas paredes y filigrana bermellón.

Lo recuerdo hoy, a 25 años de la muerte en La Jolla, California. del mandón de la fiesta brava mexicana, Manolo Martínez -16 de agosto de 1996-; y a casi 44 años -18 de diciembre de 1977- de una página imborrable de su historia: la faena de Paco Camino al toro “Navideño” de la ganadería de don Javier Garfias. Había llegado temprano a mi barrera de andanada de sombra con mi esposa Yusi y mi hermana Angelita; esperábamos mucho de esa tarde, pero no tanto… como aficionado he de decir que esa tarde viví una sublime experiencia de perfección plástica, de dominio y de color, como en cámara lenta, entre un público expectante primero y desbordado después ante el indescriptible suceso.

Nos cuenta el excelente cronista Horacio Reiba, “Alcalino”, que la faena de Paco Camino –verde botella y oro- a “Navideño” hizo cavilar después al espectador Fernando Savater “sobre la

existencia de un lastre inevitable en el bagaje emocional de todo buen aficionado a toros: lo llamó La Faena Eterna, aquella que iluminó a modo de revelación su historia personal, esa faena contra la cual compara, aun sin querer, todo el toreo posterior que a tal taurófilo le sea dado presenciar; una especie de sentencia anticipada, capaz de convertirse en muro infranqueable para toda faena futura. La iluminación irrepetible que llevamos en lo profundo del sentimiento y la memoria”.

Y añade: “el filósofo vascuence sitúa dicha faena eterna como el origen mismo de nuestra afición”.

Aquella tarde se produjo entre Paco Camino y el toro “Navideño” de Javier Garfias, quinto del mano a mano entre el sevillano y Manolo Martínez, que también estuvo genial esa tarde, quizá la más poética conjunción entre la inteligencia y la bestia, entre materia y espíritu, entre bravura y cadencia, desde que abrió el capote hasta el perfecto volvapié con que concluyó la faena.

Prolongados oles y silencios profundos se fueron concatenando entre el público que había abarrotado la gradería para culminar con un eufórico y unánime albear de pañuelos que más que pedir orejas y rabo para el matador, parecían oblación rendida ante la auténtica pureza del espectáculo indescriptible.

Recuerdo la inmarcesible crónica del maestro Rogelio Garfias Ruiz que no encontró adjetivo alguno para reseñar la inconmensurable pieza de arte macizo y emotivo que no se amoldaba a descripciones, sino sólo a su la esencia sustantiva.

El citado cronista Horacio Reiba escribió no hace mucho: “Navideño

representa un más allá dentro de mis vivencias más entrañables, la representación del sueño mayor al que puedan haber aspirado mi mente y sentir de aficionado, la razón última para seguir yendo a las plazas y escribiendo de toros aun a sabiendas de que se trata de un gusto poco compartido en estos tiempos procelosos”. Esa tarde Manolo Martínez –grana y oro- había dado una cátedra de poder y estética con “Aviador”, cuarto toro del mano a mano en el que ambos toreros habían paseado ya sendas orejas. Con “Aviador”, el regiomontano, sujetó la huida del astado magistralmente, lo centró y aguantó impertérrito hasta domeñarlo imponiendo su enorme y cadencioso temple, para cortar dos orejas ganadas a ley.

E inmediatamente después vino lo de “Navideño”.

Recuerdo que cuando Paco Camino daba la primera vuelta al ruedo Manolo Martínez, el hosco y huraño, salió al tercio y le prodigó un cálido abrazo.

Pepe Alameda escribió en el Heraldo de México: “Camino: la faena de su vida… rigurosa de forma pero no fríamente académica, sino traspasada por una emoción visible, bellamente contenida… ” Bernardo Fernández “Macharnudo” del Esto sentenció: “Ha sido una de las faenas más perfectas, más toreras y emotivas de cuantas se hayan logrado en plaza alguna”. Luis Soleares: “Cuarenta y cuatro pases: cada uno un lienzo clásico de toreo eterno”. Cutberto Pérez “Tapabocas” en Ovaciones: “De la Santa María hemos salido conmovidos y saturados de arte divino… a la vez pensativos y meditando si el toreo no ha llegado ayer a su fin”.

Carlos Abella, biógrafo de Camino asentó: Manolo Chopera, su apoderado desde novillero, me confesó que “es la tarde más grande

que ha tenido Camino”, hasta el extremo que al volver a La Mansión el hotel donde se vestía en Querétaro, le oyó decirle a su esposa, que allí le esperaba, “es el día que mejor he toreado en mi vida. Hoy he inventado el toreo”.

Lo de “Navideño” y aquella inolvidable tarde del domingo 18 de diciembre de 1977 es una de las más grandes páginas escritas en la

Plaza de Toros Santa María Hay otras, muchas más que entronizan

Como Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Cultural al coloso construido en 1963 por un visionario, don Nicolás González Jáuregui tras el derribo de la legendaria Plaza de Toros Colón.

Atemperadas las aguas del debate surgido tras el anuncio de la posible venta de la Plaza de Toros Santa María vale refrendar hoy su importancia en la historia contemporánea de Querétaro y la gran multitud de sucesos para la historia, taurinos y de espectáculos, que hallaron cobijo en el redondel cercado de rojos burladeros, estéticas arcadas, albas paredes y filigrana bermellón.

Lo recuerdo hoy, a 25 años de la muerte en La Jolla, California. del mandón de la fiesta brava mexicana, Manolo Martínez -16 de agosto de 1996-; y a casi 44 años -18 de diciembre de 1977- de una página imborrable de su historia: la faena de Paco Camino al toro “Navideño” de la ganadería de don Javier Garfias. Había llegado temprano a mi barrera de andanada de sombra con mi esposa Yusi y mi hermana Angelita; esperábamos mucho de esa tarde, pero no tanto… como aficionado he de decir que esa tarde viví una sublime experiencia de perfección plástica, de dominio y de color, como en cámara lenta, entre un público expectante primero y desbordado después ante el indescriptible suceso.

Nos cuenta el excelente cronista Horacio Reiba, “Alcalino”, que la faena de Paco Camino –verde botella y oro- a “Navideño” hizo cavilar después al espectador Fernando Savater “sobre la

existencia de un lastre inevitable en el bagaje emocional de todo buen aficionado a toros: lo llamó La Faena Eterna, aquella que iluminó a modo de revelación su historia personal, esa faena contra la cual compara, aun sin querer, todo el toreo posterior que a tal taurófilo le sea dado presenciar; una especie de sentencia anticipada, capaz de convertirse en muro infranqueable para toda faena futura. La iluminación irrepetible que llevamos en lo profundo del sentimiento y la memoria”.

Y añade: “el filósofo vascuence sitúa dicha faena eterna como el origen mismo de nuestra afición”.

Aquella tarde se produjo entre Paco Camino y el toro “Navideño” de Javier Garfias, quinto del mano a mano entre el sevillano y Manolo Martínez, que también estuvo genial esa tarde, quizá la más poética conjunción entre la inteligencia y la bestia, entre materia y espíritu, entre bravura y cadencia, desde que abrió el capote hasta el perfecto volvapié con que concluyó la faena.

Prolongados oles y silencios profundos se fueron concatenando entre el público que había abarrotado la gradería para culminar con un eufórico y unánime albear de pañuelos que más que pedir orejas y rabo para el matador, parecían oblación rendida ante la auténtica pureza del espectáculo indescriptible.

Recuerdo la inmarcesible crónica del maestro Rogelio Garfias Ruiz que no encontró adjetivo alguno para reseñar la inconmensurable pieza de arte macizo y emotivo que no se amoldaba a descripciones, sino sólo a su la esencia sustantiva.

El citado cronista Horacio Reiba escribió no hace mucho: “Navideño

representa un más allá dentro de mis vivencias más entrañables, la representación del sueño mayor al que puedan haber aspirado mi mente y sentir de aficionado, la razón última para seguir yendo a las plazas y escribiendo de toros aun a sabiendas de que se trata de un gusto poco compartido en estos tiempos procelosos”. Esa tarde Manolo Martínez –grana y oro- había dado una cátedra de poder y estética con “Aviador”, cuarto toro del mano a mano en el que ambos toreros habían paseado ya sendas orejas. Con “Aviador”, el regiomontano, sujetó la huida del astado magistralmente, lo centró y aguantó impertérrito hasta domeñarlo imponiendo su enorme y cadencioso temple, para cortar dos orejas ganadas a ley.

E inmediatamente después vino lo de “Navideño”.

Recuerdo que cuando Paco Camino daba la primera vuelta al ruedo Manolo Martínez, el hosco y huraño, salió al tercio y le prodigó un cálido abrazo.

Pepe Alameda escribió en el Heraldo de México: “Camino: la faena de su vida… rigurosa de forma pero no fríamente académica, sino traspasada por una emoción visible, bellamente contenida… ” Bernardo Fernández “Macharnudo” del Esto sentenció: “Ha sido una de las faenas más perfectas, más toreras y emotivas de cuantas se hayan logrado en plaza alguna”. Luis Soleares: “Cuarenta y cuatro pases: cada uno un lienzo clásico de toreo eterno”. Cutberto Pérez “Tapabocas” en Ovaciones: “De la Santa María hemos salido conmovidos y saturados de arte divino… a la vez pensativos y meditando si el toreo no ha llegado ayer a su fin”.

Carlos Abella, biógrafo de Camino asentó: Manolo Chopera, su apoderado desde novillero, me confesó que “es la tarde más grande

que ha tenido Camino”, hasta el extremo que al volver a La Mansión el hotel donde se vestía en Querétaro, le oyó decirle a su esposa, que allí le esperaba, “es el día que mejor he toreado en mi vida. Hoy he inventado el toreo”.

Lo de “Navideño” y aquella inolvidable tarde del domingo 18 de diciembre de 1977 es una de las más grandes páginas escritas en la

Plaza de Toros Santa María Hay otras, muchas más que entronizan

Como Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Cultural al coloso construido en 1963 por un visionario, don Nicolás González Jáuregui tras el derribo de la legendaria Plaza de Toros Colón.

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