/ viernes 22 de marzo de 2019

El Baúl

Cuando los periodistas Félix Cortés Camarillo y Virginia Sendel Lemaitré conducían el programa “Increíble” del Canal 2 de televisión, junto con el productor Oscar Cadena vinieron a Querétaro a principios de 1980, atraídos por el esplendor que creían irradiaba el empedrado de las calles de la cabecera delegacional de Vizarrón, que les habían dicho era de mármol, y que querían grabar para el programa. Quizá se imaginaron ver una ciudad de fantasía, tan sólo pensar que en lugar de piedras había mármol en sus calles. Se desencantaron un poco cuando llegaron al pueblo y se dieron cuenta de que si bien el piso era de mármol, empero las piedras no estaban pulidas.

Aprovechando que ya estaban aquí, y conociendo de oídas tantos misterios hermosos que tiene esta tierra, visitaron varios sitios históricos y arqueológicos. Uno de ellos fue el pueblo de San Pedro Huimilpan. Auxiliados por un historiador fueron a donde el río para ver en aquel lado del caudal el cerro que tiene una “zona del silencio” y en cuya cúspide aparece en una época del año Venus, la estrella de la tarde, según les contaron.

Encontraron en este lado del río grabados y jeroglíficos sobre las piedras lisas. Luego fueron más allá, donde existe un observatorio astrológico, fabricado por nuestros ancestros sobre una roca enorme. Antes, se extrañaron de no sentir en el lecho del río el cansancio que sintieron cuando, librando piedras que había en el camino empinado, bajaron dando grandes zancadas. “Es que en esta parte están los baños astrales”, les dijeron. Y ellos se maravillaron. Era la primera vez que tenían una experiencia así.

No fue la única. Oscureciendo, apenas guardaban el equipo en las cajuelas de los vehículos, vieron un objeto pequeño en el manto oscuro del cielo, dando vueltas sobre un eje imaginario que era a la vez el centro del mismo objeto y que venía de allá hacia acá; y estando sobre sus cabezas, sin moverse dio varias vueltas sobre ese mismo eje y retornó hacia donde había salido.

Desde cuando llegaron y conversaron con algunos lugareños, los periodistas y los camarógrafos escucharon atentos y apenas crédulos lo que sus anfitriones les contaban: que en esa zona había gato montés, que les encantaba ver a “Venus”, porque se parecía “a un foco grandote”; que en algunas noches veían objetos extraños dando vueltas en el cielo, que les gustaba ir a los baños astrales porque ahí se les quitaba el cansancio del cuerpo y porque de repente sentían pequeñas taquicardias.

El historiador les dijo que a la “zona del silencio” no entraba ninguna señal de radio; y que los ancestros aprovechaban el espacio para reposar el espíritu y reflexionar, pasando horas completas en el sitio.

Cortés Camarillo y Sendel Lemaitré retornaron a la capital del país sin haber grabado las calles de mármol de una ciudad de fantasía que ellos creían iban a grabar, pero eso sí, con historias e imágenes de cosas y objetos que tal vez nunca imaginaron encontrar en Querétaro.

Cuando los periodistas Félix Cortés Camarillo y Virginia Sendel Lemaitré conducían el programa “Increíble” del Canal 2 de televisión, junto con el productor Oscar Cadena vinieron a Querétaro a principios de 1980, atraídos por el esplendor que creían irradiaba el empedrado de las calles de la cabecera delegacional de Vizarrón, que les habían dicho era de mármol, y que querían grabar para el programa. Quizá se imaginaron ver una ciudad de fantasía, tan sólo pensar que en lugar de piedras había mármol en sus calles. Se desencantaron un poco cuando llegaron al pueblo y se dieron cuenta de que si bien el piso era de mármol, empero las piedras no estaban pulidas.

Aprovechando que ya estaban aquí, y conociendo de oídas tantos misterios hermosos que tiene esta tierra, visitaron varios sitios históricos y arqueológicos. Uno de ellos fue el pueblo de San Pedro Huimilpan. Auxiliados por un historiador fueron a donde el río para ver en aquel lado del caudal el cerro que tiene una “zona del silencio” y en cuya cúspide aparece en una época del año Venus, la estrella de la tarde, según les contaron.

Encontraron en este lado del río grabados y jeroglíficos sobre las piedras lisas. Luego fueron más allá, donde existe un observatorio astrológico, fabricado por nuestros ancestros sobre una roca enorme. Antes, se extrañaron de no sentir en el lecho del río el cansancio que sintieron cuando, librando piedras que había en el camino empinado, bajaron dando grandes zancadas. “Es que en esta parte están los baños astrales”, les dijeron. Y ellos se maravillaron. Era la primera vez que tenían una experiencia así.

No fue la única. Oscureciendo, apenas guardaban el equipo en las cajuelas de los vehículos, vieron un objeto pequeño en el manto oscuro del cielo, dando vueltas sobre un eje imaginario que era a la vez el centro del mismo objeto y que venía de allá hacia acá; y estando sobre sus cabezas, sin moverse dio varias vueltas sobre ese mismo eje y retornó hacia donde había salido.

Desde cuando llegaron y conversaron con algunos lugareños, los periodistas y los camarógrafos escucharon atentos y apenas crédulos lo que sus anfitriones les contaban: que en esa zona había gato montés, que les encantaba ver a “Venus”, porque se parecía “a un foco grandote”; que en algunas noches veían objetos extraños dando vueltas en el cielo, que les gustaba ir a los baños astrales porque ahí se les quitaba el cansancio del cuerpo y porque de repente sentían pequeñas taquicardias.

El historiador les dijo que a la “zona del silencio” no entraba ninguna señal de radio; y que los ancestros aprovechaban el espacio para reposar el espíritu y reflexionar, pasando horas completas en el sitio.

Cortés Camarillo y Sendel Lemaitré retornaron a la capital del país sin haber grabado las calles de mármol de una ciudad de fantasía que ellos creían iban a grabar, pero eso sí, con historias e imágenes de cosas y objetos que tal vez nunca imaginaron encontrar en Querétaro.