/ jueves 22 de noviembre de 2018

El Teatro de la República

PRIMER ACTO. EL ERROR DE DICIEMBRE. Uno de los primeros efectos políticos de la crisis económica de 1995 fue el relevo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del recién nombrado Jaime Serra Puche. Y para ponernos en contexto, cabe mencionar que el denominado “error de diciembre” no fue otra cosa sino la candidez del recién estrenado Presidente Zedillo quien socializó - como se dice ahora - la delicada situación de las finanzas públicas con los jerarcas del empresariado nacional, quienes en lugar de atender al llamado de secrecía y solidaridad presidencial, inmediatamente sacaron sus dineros del país. En aquel entonces, acudiendo a la mexicanísima costumbre de echar culpas, la administración zedillista acusó a su antecesor de haber dejado la economía sostenida en alfileres. Y Pedro Aspe, hombre brillante que había llevado las riendas de la hacienda pública durante el salinato, les respondió que, si sabían que la economía pendía de alfileres, ¿por qué se los habían quitado? En fin, más allá de haber representado el cisma del grupo neoliberal expresado en el violento rompimiento de Zedillo con Salinas, con el consecuente inicio de su linchamiento público, el episodio como apuntamos arriba obligó a Zedillo a prescindir de los servicios de su compadre Jaime Serra.Cuenta la leyenda que cuando Serra anunció a Zedillo su decisión de dimitir, el Presidente le dijo que no aceptaba su renuncia y que lo mantendría en Hacienda. Y Serra le replicó que valoraba enormemente la confianza de su amigo el Presidente, pero que con lo ocurrido había perdido la confianza de los mercados y así no podría cumplir cabalmente con su tarea como secretario de Hacienda y, por ello, se tenía que ir. Y se fue. Zedillo es hombre de resentimientos y nunca perdonó lo que en su concepto fue una traición. Sin embargo, el cuento viene a cuento - valga la redundancia - porque en el errático pre-arranque de la gestión de Andrés Manuel López Obrador pareciera que mercados y sociedad perdieron la confianza en Carlos Urzua y Olga Sánchez Cordero. Si la sentencia noventera de Jaime Serra sigue vigente, entonces poco podrán aportar a la cuarta transformación.


SEGUNDO ACTO. VERDADERA TRANSFORMACIÓN. El sistema político mexicano es sui géneris. Las columnas que lo sostienen, en palabras de Daniel Cosío Villegas, son dos: un Ejecutivo fuerte y un partido hegemónico que controla mayoritariamente Congreso, legislaturas, entidades y municipios. Así mal funcionó por décadas, evidentemente en perjuicio de democracia y libertades. Luego, vino en 1997 la pluralidad congresional, en 2000 la primera alternancia, en 2006 el tripartidismo efectivo, en 2012 la segunda alternancia y en 2018 la tercera alternancia - por vez primera hacia la izquierda del espectro político -. No obstante tanto viraje, el barco sigue siendo el mismo, nunca lo modernizamos, consiste en un casco presidencialista propulsado con partido hegemónico. Por ello, hacemos crisis si el Ejecutivo es débil, como sucedió en las anteriores administraciones que llegaron a Los Pinos con muy pocos sufragios; y también cuando el Congreso y demás posiciones de elección están balcanizadas en múltiples partidos y ahora adicionalmente con los independientes. Decía Giovanni Sartori que para una sociedad diversa el mejor sistema era el parlamentario. Así que la verdadera transformación será cuando adoptemos un régimen político adecuado a nuestra realidad, en lugar de seguir deformando un presidencialismo cuyas condiciones de operatividad hace mucho se agotaron.


TERCER ACTO. LIDERAZGO PARLAMENTARIO. Por el trabajo de nuestro padre - un parlamentario excepcional - tuvimos el privilegio de vivir de cerca la tarea legislativa. Después, colaboramos casi una década en una firma de asesoría parlamentaria. De ambas experiencias aprendimos que para ser efectivos los liderazgos parlamentarios deben ser incluyentes, discretos y abiertos a los consensos con otras fuerzas políticas. El mejor pastor legislativo es quien escucha a su fracción y reparte equilibradamente los espacios políticos entre sus legisladores. Un verdadero líder parlamentario opera con discreción y va dejando brillar alternadamente a los miembros de su grey. El demócrata congresional pocas veces impone no obstante su mayoría, casi siempre consensa. En este sentido, Ricardo Monreal es precisamente lo opuesto. Cree que él es la mayoría morenista en el Senado y se impone a otros y los suyos. El pronóstico es de crisis.

TRAS BAMBALINAS. CINISMO DE OPOSICIÓN. Exige Claudia Ruíz Massieu, dirigente nacional del PRI, que se actué en contra de la corrupción ¡en este sexenio que aún no termina! El chiste se cuenta solo. Una joya más del absurdo nacional.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com

PRIMER ACTO. EL ERROR DE DICIEMBRE. Uno de los primeros efectos políticos de la crisis económica de 1995 fue el relevo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del recién nombrado Jaime Serra Puche. Y para ponernos en contexto, cabe mencionar que el denominado “error de diciembre” no fue otra cosa sino la candidez del recién estrenado Presidente Zedillo quien socializó - como se dice ahora - la delicada situación de las finanzas públicas con los jerarcas del empresariado nacional, quienes en lugar de atender al llamado de secrecía y solidaridad presidencial, inmediatamente sacaron sus dineros del país. En aquel entonces, acudiendo a la mexicanísima costumbre de echar culpas, la administración zedillista acusó a su antecesor de haber dejado la economía sostenida en alfileres. Y Pedro Aspe, hombre brillante que había llevado las riendas de la hacienda pública durante el salinato, les respondió que, si sabían que la economía pendía de alfileres, ¿por qué se los habían quitado? En fin, más allá de haber representado el cisma del grupo neoliberal expresado en el violento rompimiento de Zedillo con Salinas, con el consecuente inicio de su linchamiento público, el episodio como apuntamos arriba obligó a Zedillo a prescindir de los servicios de su compadre Jaime Serra.Cuenta la leyenda que cuando Serra anunció a Zedillo su decisión de dimitir, el Presidente le dijo que no aceptaba su renuncia y que lo mantendría en Hacienda. Y Serra le replicó que valoraba enormemente la confianza de su amigo el Presidente, pero que con lo ocurrido había perdido la confianza de los mercados y así no podría cumplir cabalmente con su tarea como secretario de Hacienda y, por ello, se tenía que ir. Y se fue. Zedillo es hombre de resentimientos y nunca perdonó lo que en su concepto fue una traición. Sin embargo, el cuento viene a cuento - valga la redundancia - porque en el errático pre-arranque de la gestión de Andrés Manuel López Obrador pareciera que mercados y sociedad perdieron la confianza en Carlos Urzua y Olga Sánchez Cordero. Si la sentencia noventera de Jaime Serra sigue vigente, entonces poco podrán aportar a la cuarta transformación.


SEGUNDO ACTO. VERDADERA TRANSFORMACIÓN. El sistema político mexicano es sui géneris. Las columnas que lo sostienen, en palabras de Daniel Cosío Villegas, son dos: un Ejecutivo fuerte y un partido hegemónico que controla mayoritariamente Congreso, legislaturas, entidades y municipios. Así mal funcionó por décadas, evidentemente en perjuicio de democracia y libertades. Luego, vino en 1997 la pluralidad congresional, en 2000 la primera alternancia, en 2006 el tripartidismo efectivo, en 2012 la segunda alternancia y en 2018 la tercera alternancia - por vez primera hacia la izquierda del espectro político -. No obstante tanto viraje, el barco sigue siendo el mismo, nunca lo modernizamos, consiste en un casco presidencialista propulsado con partido hegemónico. Por ello, hacemos crisis si el Ejecutivo es débil, como sucedió en las anteriores administraciones que llegaron a Los Pinos con muy pocos sufragios; y también cuando el Congreso y demás posiciones de elección están balcanizadas en múltiples partidos y ahora adicionalmente con los independientes. Decía Giovanni Sartori que para una sociedad diversa el mejor sistema era el parlamentario. Así que la verdadera transformación será cuando adoptemos un régimen político adecuado a nuestra realidad, en lugar de seguir deformando un presidencialismo cuyas condiciones de operatividad hace mucho se agotaron.


TERCER ACTO. LIDERAZGO PARLAMENTARIO. Por el trabajo de nuestro padre - un parlamentario excepcional - tuvimos el privilegio de vivir de cerca la tarea legislativa. Después, colaboramos casi una década en una firma de asesoría parlamentaria. De ambas experiencias aprendimos que para ser efectivos los liderazgos parlamentarios deben ser incluyentes, discretos y abiertos a los consensos con otras fuerzas políticas. El mejor pastor legislativo es quien escucha a su fracción y reparte equilibradamente los espacios políticos entre sus legisladores. Un verdadero líder parlamentario opera con discreción y va dejando brillar alternadamente a los miembros de su grey. El demócrata congresional pocas veces impone no obstante su mayoría, casi siempre consensa. En este sentido, Ricardo Monreal es precisamente lo opuesto. Cree que él es la mayoría morenista en el Senado y se impone a otros y los suyos. El pronóstico es de crisis.

TRAS BAMBALINAS. CINISMO DE OPOSICIÓN. Exige Claudia Ruíz Massieu, dirigente nacional del PRI, que se actué en contra de la corrupción ¡en este sexenio que aún no termina! El chiste se cuenta solo. Una joya más del absurdo nacional.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com

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