/ viernes 1 de marzo de 2019

Humanitas: arte y pasión

El Concilio de Trento se llevó a cabo del año 1545 al 1563, el mes de diciembre de este año y durante la última sesión, el Concilio de Trento dirigió su atención al papel de las artes en el mundo después de la reforma Luterana. Se reafirmó la importancia de la pintura para la enseñanza de la fe, pero de acuerdo con el espíritu de la época, el Concilio insistió que las representaciones de la historia sagrada se mantuvieran fieles al texto de las escrituras, por lo que se recomendó al clero que vigilara el trabajo de los artistas. Las facturas de las obras deberían ser realista y servir como estímulo emocional para la piedad de los creyentes. El principal cambio en contraste con la idealización que había caracterizado al Renacimiento, fue la representación cruda de la verdad, empezó. Era necesario como exaltar por ejemplo las escenas de la Crucifixión, se empezó a mostrar a Cristo afligido, sangrado, escupido, con su piel desgarrada, herido, deforme, pálido y feo. Además de esto había que tener mucho cuidado con la edad, el sexo, la expresión, los gestos y los vestidos de las figuras de santos o personajes de la tradición. Los artistas tenían que prestar especial atención a lo que decían las escrituras y ceñirse a ellas.

Estas circunstancias intelectuales se combinaron para generar un gran número de cambios en la producción artística, el más importante de los cuales fue la aparición del estilo barroco, que fue fundamentalmente el estilo de la Contrarreforma, siendo papa Sixto V (1585-1590). El cardenal Gabriele Paleotti resumía la nueva tendencia del arte en Roma de comienzo del siglo XVII así: “La iglesia quiere al mismo tiempo glorificar el valor de los mártires y encender las almas de sus hijos”. El papa Pablo V, completó la construcción de la basílica de San Pedro, con lo que se logró convertir la Roma pagana en la Roma cristiana. Su objetivo era presentar este suntuoso espectáculo a los fieles, para que la Iglesia fuera la imagen del cielo en la tierra. En su momento de mayor esplendor el barroco fue una unión de arquitectura, escultura y pintura, cuyas creaciones actuaban conjuntamente sobre las emociones del espectador, al que invitaban, por ejemplo, a participar en las agonías y éxtasis de los santos. Sin duda, uno de los mayores exponentes de esta primera etapa barroca fue Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) quien logró hacer en piedra lo que muchos eran incapaces de hacer en pintura. Su escultura del baldaquino monumental de San Pedro de Roma, fue una marca para la escultura y la arquitectura barroca, con sus imponentes columnas salomónicas de bronce que giran hacia al cielo redentor dotando de teatralidad el espacio religioso.

Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) es otro ejemplo de los grandes artistas de la teatralidad y el dramatismo del inicio del periodo barroco.

El arte de la Contrareforma, consigue proporcionar un aire de verosimilitud a los milagros y sucesos maravillosos, esto se inspiraba fundamentalmente en la retórica aristotélica, donde se señalaba que las emociones eran el ingrediente básico a través del cual se consigue persuadir a los humanos. El barroco hizo un uso extraordinario de estas ideas y logró posicionarse en gran parte de Europa, pero principalmente el Nuevo Mundo era el espacio que se tenía que conquistar con la fe a través de la evangelización.

El Concilio de Trento con consiguió reunificar la cristiandad, pero supuso una profunda catarsis para la iglesia católica de la época.

bobiglez@gmail.com

El Concilio de Trento se llevó a cabo del año 1545 al 1563, el mes de diciembre de este año y durante la última sesión, el Concilio de Trento dirigió su atención al papel de las artes en el mundo después de la reforma Luterana. Se reafirmó la importancia de la pintura para la enseñanza de la fe, pero de acuerdo con el espíritu de la época, el Concilio insistió que las representaciones de la historia sagrada se mantuvieran fieles al texto de las escrituras, por lo que se recomendó al clero que vigilara el trabajo de los artistas. Las facturas de las obras deberían ser realista y servir como estímulo emocional para la piedad de los creyentes. El principal cambio en contraste con la idealización que había caracterizado al Renacimiento, fue la representación cruda de la verdad, empezó. Era necesario como exaltar por ejemplo las escenas de la Crucifixión, se empezó a mostrar a Cristo afligido, sangrado, escupido, con su piel desgarrada, herido, deforme, pálido y feo. Además de esto había que tener mucho cuidado con la edad, el sexo, la expresión, los gestos y los vestidos de las figuras de santos o personajes de la tradición. Los artistas tenían que prestar especial atención a lo que decían las escrituras y ceñirse a ellas.

Estas circunstancias intelectuales se combinaron para generar un gran número de cambios en la producción artística, el más importante de los cuales fue la aparición del estilo barroco, que fue fundamentalmente el estilo de la Contrarreforma, siendo papa Sixto V (1585-1590). El cardenal Gabriele Paleotti resumía la nueva tendencia del arte en Roma de comienzo del siglo XVII así: “La iglesia quiere al mismo tiempo glorificar el valor de los mártires y encender las almas de sus hijos”. El papa Pablo V, completó la construcción de la basílica de San Pedro, con lo que se logró convertir la Roma pagana en la Roma cristiana. Su objetivo era presentar este suntuoso espectáculo a los fieles, para que la Iglesia fuera la imagen del cielo en la tierra. En su momento de mayor esplendor el barroco fue una unión de arquitectura, escultura y pintura, cuyas creaciones actuaban conjuntamente sobre las emociones del espectador, al que invitaban, por ejemplo, a participar en las agonías y éxtasis de los santos. Sin duda, uno de los mayores exponentes de esta primera etapa barroca fue Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) quien logró hacer en piedra lo que muchos eran incapaces de hacer en pintura. Su escultura del baldaquino monumental de San Pedro de Roma, fue una marca para la escultura y la arquitectura barroca, con sus imponentes columnas salomónicas de bronce que giran hacia al cielo redentor dotando de teatralidad el espacio religioso.

Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) es otro ejemplo de los grandes artistas de la teatralidad y el dramatismo del inicio del periodo barroco.

El arte de la Contrareforma, consigue proporcionar un aire de verosimilitud a los milagros y sucesos maravillosos, esto se inspiraba fundamentalmente en la retórica aristotélica, donde se señalaba que las emociones eran el ingrediente básico a través del cual se consigue persuadir a los humanos. El barroco hizo un uso extraordinario de estas ideas y logró posicionarse en gran parte de Europa, pero principalmente el Nuevo Mundo era el espacio que se tenía que conquistar con la fe a través de la evangelización.

El Concilio de Trento con consiguió reunificar la cristiandad, pero supuso una profunda catarsis para la iglesia católica de la época.

bobiglez@gmail.com