/ viernes 25 de octubre de 2019

Humanitas: arte y pasión

La Edad Media sin duda es una de las etapas más interesantes de la historia humana. Cerca de mil años tuvo de duración este periodo. Para muchos se ha considerado una edad oscura de la humanidad, pero otros la consideramos una época de luz y reconstrucción.

Para los Magos y alquimistas, la luz que se reflejaba en las piedras preciosas, metales y otros materiales que tenían una simbología y unos efectos mágicos para quien sabia utilizarlos.

En el crisol alquímico la materia primordial, las sustancias esenciales y los minerales simbolizaban la unión cósmica del uno con el todo. Por ello en el arte Gótico, los rosetones de las catedrales e iglesias, simbolizan la rueda, que en jeroglífico alquímico es el tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal. Es el fuego mantenido, contante e igual, que el artista alimenta noche y día para la licuefacción de la piedra de los filósofos. Por esto los rosetones góticos representan el fuego y su duración. Los podemos apreciar en la catedral de Chartres y otras.

Una de las mujeres más importantes de esta época es sin duda Santa Hildegard von Bingen (1098-1179) mística de la orden de San Benito, compositora, escritora y polímata del siglo XII, que nos describe las propiedades de las gemas como el zafiro, en su libro “La Inteligencia de las diversas cualidades de las cosas creadas” donde explica: “Se desarrolla después del mediodía, cuando el sol arde, el aire está obstruido por su calor y el brillo no es tan intenso como cuando el viento es frío. El zafiro es turbio, más candente que airoso o acuoso, y simboliza completo amor a la sabiduría. Por ejemplo, alguien que desee buen entendimiento debe poner un zafiro en su boca todas las mañanas, en ayunas, y mantenerlo ahí el suficiente tiempo para que la saliva se impregne de sus propiedades.

Un tonto, que no contempla malicia, debe frotar su lengua en ayunas con un zafiro. Los humores que impiden el entendimiento desaparecerán. Si un hombre no correspondido enloquece al amar a una mujer, ella debe verter tres veces un poco de vino sobre un zafiro y decir: Sirvo este vino, de ardiente poder sobre ti; asó como Dios te quitó tu esplendor, caprichoso ángel, así debes quitarle el deseo insano a este hombre”. La belleza del zafiro es parecida al trono celestial; simboliza el corazón de los simples, de aquellos movidos por la certeza que brilla en la virtud de lo puro”.

Durante la Edad Media, los hombres esperaban el fin del mundo, el fin del tiempo, por ello la salvación de alma era la mayor preocupación para muchos antes y después del año mil. Una de las ideas que los Cátaros condenaron a la iglesia de Roma, fue la invención del infierno y el purgatorio con el fin de asustar a los hombres y controlarlos mejor. La religión cátara se consideró una herejía y fue combatida teológicamente por San Bernard de Clairvaux y más tarde militarmente por la iglesia romana.

En el año de 1095 el Papa Urbano II convocó al concilio de Clermont, en donde otorgaba indulgencia plenaria para aquellos que marcharan a Oriente a defender a los peregrinos y la tierra santa ocupada por los musulmanes. Cientos de caballeros se convirtieron en guerreros, portando el uniforme con la cruz que dio nombre a las Cruzadas. La primera cruzada conquistó la ciudad de Jerusalén en el año 1099.

Entre abril de 1118 y abril de 1119 dos caballeros Hugo de Payns y Godofredo de Saint- Omer, congregaron a siete hombres creando una reducida fraternidad, la orden del Temple. Estos caballeros se comprometían a defender a los peregrinos y a proteger los caminos que llevaban a Jerusalén, con ellos aparece la figura del monje-guerrero.

Los monjes guerreros siguieron la regla de San Agustín, más tarde se les otorgó en Jerusalén como sede el templo de Salomón, de ahí el nombre de Templarios.

bobiglez@gmail.com

La Edad Media sin duda es una de las etapas más interesantes de la historia humana. Cerca de mil años tuvo de duración este periodo. Para muchos se ha considerado una edad oscura de la humanidad, pero otros la consideramos una época de luz y reconstrucción.

Para los Magos y alquimistas, la luz que se reflejaba en las piedras preciosas, metales y otros materiales que tenían una simbología y unos efectos mágicos para quien sabia utilizarlos.

En el crisol alquímico la materia primordial, las sustancias esenciales y los minerales simbolizaban la unión cósmica del uno con el todo. Por ello en el arte Gótico, los rosetones de las catedrales e iglesias, simbolizan la rueda, que en jeroglífico alquímico es el tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal. Es el fuego mantenido, contante e igual, que el artista alimenta noche y día para la licuefacción de la piedra de los filósofos. Por esto los rosetones góticos representan el fuego y su duración. Los podemos apreciar en la catedral de Chartres y otras.

Una de las mujeres más importantes de esta época es sin duda Santa Hildegard von Bingen (1098-1179) mística de la orden de San Benito, compositora, escritora y polímata del siglo XII, que nos describe las propiedades de las gemas como el zafiro, en su libro “La Inteligencia de las diversas cualidades de las cosas creadas” donde explica: “Se desarrolla después del mediodía, cuando el sol arde, el aire está obstruido por su calor y el brillo no es tan intenso como cuando el viento es frío. El zafiro es turbio, más candente que airoso o acuoso, y simboliza completo amor a la sabiduría. Por ejemplo, alguien que desee buen entendimiento debe poner un zafiro en su boca todas las mañanas, en ayunas, y mantenerlo ahí el suficiente tiempo para que la saliva se impregne de sus propiedades.

Un tonto, que no contempla malicia, debe frotar su lengua en ayunas con un zafiro. Los humores que impiden el entendimiento desaparecerán. Si un hombre no correspondido enloquece al amar a una mujer, ella debe verter tres veces un poco de vino sobre un zafiro y decir: Sirvo este vino, de ardiente poder sobre ti; asó como Dios te quitó tu esplendor, caprichoso ángel, así debes quitarle el deseo insano a este hombre”. La belleza del zafiro es parecida al trono celestial; simboliza el corazón de los simples, de aquellos movidos por la certeza que brilla en la virtud de lo puro”.

Durante la Edad Media, los hombres esperaban el fin del mundo, el fin del tiempo, por ello la salvación de alma era la mayor preocupación para muchos antes y después del año mil. Una de las ideas que los Cátaros condenaron a la iglesia de Roma, fue la invención del infierno y el purgatorio con el fin de asustar a los hombres y controlarlos mejor. La religión cátara se consideró una herejía y fue combatida teológicamente por San Bernard de Clairvaux y más tarde militarmente por la iglesia romana.

En el año de 1095 el Papa Urbano II convocó al concilio de Clermont, en donde otorgaba indulgencia plenaria para aquellos que marcharan a Oriente a defender a los peregrinos y la tierra santa ocupada por los musulmanes. Cientos de caballeros se convirtieron en guerreros, portando el uniforme con la cruz que dio nombre a las Cruzadas. La primera cruzada conquistó la ciudad de Jerusalén en el año 1099.

Entre abril de 1118 y abril de 1119 dos caballeros Hugo de Payns y Godofredo de Saint- Omer, congregaron a siete hombres creando una reducida fraternidad, la orden del Temple. Estos caballeros se comprometían a defender a los peregrinos y a proteger los caminos que llevaban a Jerusalén, con ellos aparece la figura del monje-guerrero.

Los monjes guerreros siguieron la regla de San Agustín, más tarde se les otorgó en Jerusalén como sede el templo de Salomón, de ahí el nombre de Templarios.

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