/ miércoles 5 de febrero de 2020

La Grabadora

Grabando...


Alfonso Domínguez Martínez fue un político priísta en los años 60-70, un político de mano dura, otros cuentan historias de la calidad humana que tenía. Fue desde dirigente de organismos del PRI, diputado federal, Regente de la Ciudad de México, funcionario de Nacional Financiera y muchas cosas más.

Como gobernador del estado de Nuevo León fue reconocido por empresarios como el mejor gobernador que han tenido. Y precisamente en 1972 publico una carta interesante en que define 'Que es un Empresario', que dice:

“Yo no conozco un empresario que tenga buen dormir; no conozco un empresario con su industria en crecimiento que lleve una vida plácida y feliz. El manejo de las empresas es un arte muy difícil, muy duro y para hombres muy hombres, porque al empresario se le reprocha en el forcejeo en las negociaciones obrero-patronales; se le reprocha en el esfuerzo social para que cumpla normas y estándares de calidad; se le reprocha para que baje precios; se le reprocha que no vaya al paso de la tecnología; se le reprocha que tenga dinero y que no tenga suficiente capital como para ser el mejor empresario del mundo; se le reprocha que no pague suficientes impuestos, se le reprocha que regatee salarios; se le reprocha que no crezca al ritmo de la imaginación de la gente que no sabe de industria ni de empresas... Al empresario generalmente se le reprocha hasta que se le destruye. He visto empresarios retirarse en sesiones de consejos de administración después de muchos años de servir a sus empresas, casi con conciencia de culpa por no haber satisfecho las exigencias, especialmente, de los recién llegados. Hacerse empresario es escoger una profesión difícil e ingrata. ¿Seremos capaces de reconocer su valor y cuánto lo necesitamos? México necesita empresarios. Requerimos muchos y muy buenos empresarios. El estado mexicano tiene que ayudar a formarlos, a mejorarlos, a defenderlos y hacerlos triunfar, porque los empresarios son indispensables en la creación de los centros de trabajo y de producción. Los empresarios a través de las fábricas, de los centros de trabajo, son los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el mejor instrumento para hacer justicia social y la mejor garantía, también, para que los países progresen y se desarrollen equilibrada, democrática y cordialmente entre sus habitantes. Cada proyecto es una angustia y cada empresa es un centro de conflicto... pero cada proyecto es un reto y cada empresa es una responsabilidad. Ojalá haya en México más y más buenos empresarios. Firma: Lic. Guillermo Martínez Domínguez. 11 de octubre de 1972.

Off the record...

Amigo empresario, y usted... ¿Ya recibió el apoyo del Estado Mexicano? ¿Qué opina?

Contacto: sanroman.elinformador@gmail.com

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Alfonso Domínguez Martínez fue un político priísta en los años 60-70, un político de mano dura, otros cuentan historias de la calidad humana que tenía. Fue desde dirigente de organismos del PRI, diputado federal, Regente de la Ciudad de México, funcionario de Nacional Financiera y muchas cosas más.

Como gobernador del estado de Nuevo León fue reconocido por empresarios como el mejor gobernador que han tenido. Y precisamente en 1972 publico una carta interesante en que define 'Que es un Empresario', que dice:

“Yo no conozco un empresario que tenga buen dormir; no conozco un empresario con su industria en crecimiento que lleve una vida plácida y feliz. El manejo de las empresas es un arte muy difícil, muy duro y para hombres muy hombres, porque al empresario se le reprocha en el forcejeo en las negociaciones obrero-patronales; se le reprocha en el esfuerzo social para que cumpla normas y estándares de calidad; se le reprocha para que baje precios; se le reprocha que no vaya al paso de la tecnología; se le reprocha que tenga dinero y que no tenga suficiente capital como para ser el mejor empresario del mundo; se le reprocha que no pague suficientes impuestos, se le reprocha que regatee salarios; se le reprocha que no crezca al ritmo de la imaginación de la gente que no sabe de industria ni de empresas... Al empresario generalmente se le reprocha hasta que se le destruye. He visto empresarios retirarse en sesiones de consejos de administración después de muchos años de servir a sus empresas, casi con conciencia de culpa por no haber satisfecho las exigencias, especialmente, de los recién llegados. Hacerse empresario es escoger una profesión difícil e ingrata. ¿Seremos capaces de reconocer su valor y cuánto lo necesitamos? México necesita empresarios. Requerimos muchos y muy buenos empresarios. El estado mexicano tiene que ayudar a formarlos, a mejorarlos, a defenderlos y hacerlos triunfar, porque los empresarios son indispensables en la creación de los centros de trabajo y de producción. Los empresarios a través de las fábricas, de los centros de trabajo, son los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el mejor instrumento para hacer justicia social y la mejor garantía, también, para que los países progresen y se desarrollen equilibrada, democrática y cordialmente entre sus habitantes. Cada proyecto es una angustia y cada empresa es un centro de conflicto... pero cada proyecto es un reto y cada empresa es una responsabilidad. Ojalá haya en México más y más buenos empresarios. Firma: Lic. Guillermo Martínez Domínguez. 11 de octubre de 1972.

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