/ miércoles 11 de julio de 2018

Sólo para villamelones

A unos días de iniciar la edición 2018 de la Feria del Toro, en Pamplona, quizá el serial taurino más famosos del mundo, gracias a sus tradicionales “encierros”, que siempre conllevan una atracción mayúscula, al alcalde de la capital navarra se le ocurrió ponerse en ojo del huracán de la controversia con sus declaraciones.

Joseba Asirón aseveró algo así como que no podía ver a Pamplona sin sus encierros, pero que sí podía imaginarla sin corridas de toros. Y, pese a que pronto recapituló sobre lo dicho, desató la polémica y el enojo de los taurinos. Todo porque en el mundo se vive una guerra persistente en contra de la Tauromaquia.

Aunque, ciertamente, el recorrido de los toros a lidiarse cada día, desde los corrales donde duermen la noche anterior hasta la plaza pamplonica, es lo que le ha dado fama a esa bella ciudad, éste no sería posible sin que, por la tarde de ese mismo día, se celebrase una corrida; sin que esos mismos animales, que por la mañana temprano corren entre un gentío calculado en quince mil personas, sean lidiados a muerte por la tarde.

Joseba Asirón es un hombre de vasta cultura, historiador de profesión e integrante del partido de izquierda regional EH Bildu, pero no escapa a la generalidad de los políticos de hoy, esos que al llegar a un puesto suelen mirar el mundo de otra manera y piensan mucho más en las urnas que en otra cosa.

Esos políticos españoles, que como los del resto del mundo, navegan hoy por esas aguas de lo público tratando de llegar a puerto sin sufrir descalabros, apelando siempre a lo “correcto”, así se vaya en contra de lo que se piensa realmente, como esos toreros que torean para las galerías neófitas, tratando de quedar bien a toda costa. Esos políticos que se empeñan en reiterar, refiriéndose a sus gobernados, aquello de “ciudadanas y ciudadanos”.

El caso es que los encierros no podrían entenderse sin la corrida posterior, aunque en Pamplona tampoco las corridas se entienden sin los encierros previos, e incluso sin la merienda que caracteriza la mitad de los festejos. Que necesidad, pues, de meterse en honduras con tal de quedar bien.

A unos días de iniciar la edición 2018 de la Feria del Toro, en Pamplona, quizá el serial taurino más famosos del mundo, gracias a sus tradicionales “encierros”, que siempre conllevan una atracción mayúscula, al alcalde de la capital navarra se le ocurrió ponerse en ojo del huracán de la controversia con sus declaraciones.

Joseba Asirón aseveró algo así como que no podía ver a Pamplona sin sus encierros, pero que sí podía imaginarla sin corridas de toros. Y, pese a que pronto recapituló sobre lo dicho, desató la polémica y el enojo de los taurinos. Todo porque en el mundo se vive una guerra persistente en contra de la Tauromaquia.

Aunque, ciertamente, el recorrido de los toros a lidiarse cada día, desde los corrales donde duermen la noche anterior hasta la plaza pamplonica, es lo que le ha dado fama a esa bella ciudad, éste no sería posible sin que, por la tarde de ese mismo día, se celebrase una corrida; sin que esos mismos animales, que por la mañana temprano corren entre un gentío calculado en quince mil personas, sean lidiados a muerte por la tarde.

Joseba Asirón es un hombre de vasta cultura, historiador de profesión e integrante del partido de izquierda regional EH Bildu, pero no escapa a la generalidad de los políticos de hoy, esos que al llegar a un puesto suelen mirar el mundo de otra manera y piensan mucho más en las urnas que en otra cosa.

Esos políticos españoles, que como los del resto del mundo, navegan hoy por esas aguas de lo público tratando de llegar a puerto sin sufrir descalabros, apelando siempre a lo “correcto”, así se vaya en contra de lo que se piensa realmente, como esos toreros que torean para las galerías neófitas, tratando de quedar bien a toda costa. Esos políticos que se empeñan en reiterar, refiriéndose a sus gobernados, aquello de “ciudadanas y ciudadanos”.

El caso es que los encierros no podrían entenderse sin la corrida posterior, aunque en Pamplona tampoco las corridas se entienden sin los encierros previos, e incluso sin la merienda que caracteriza la mitad de los festejos. Que necesidad, pues, de meterse en honduras con tal de quedar bien.

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