/ miércoles 27 de febrero de 2019

Sólo para villamelones

“Lo que no evoluciona, desaparece”, ha dicho Simón Casas, el empresario de la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid, y con esa premisa ha organizado algo que fue muy atractivo para la confección de carteles de la pasada Feria de Otoño en esa misma plaza: el bombo.

El bombo puede ser un tambor grande, instrumento de percusión en las orquestas, pero también un elogio excesivo o exagerado; por eso se dice “con bombo y platillo” cuando se hace amplia publicidad de algo. En España, por cierto, también se le llama bombo a la barriga de la mujer embarazada.

Nada de eso tiene que ver con este bombo madrileño para la más importante de las ferias taurinas del mundo. Aquí se refiere a ese recipiente o jaula esférica y giratoria donde se colocan bolas o papeletas, con el propósito de hacer con ellas un sorteo. Ese utensilio lleva también el nombre de bombo.

Y es que, siguiendo el precedente del año anterior en otoño, Casas anunció la controvertida idea de colocar en estos bombos a algunas ganaderías que se lidiarán durante la feria de San Isidro, y los nombres de las figuras del toreo que quisieran participar en este sorteo, adelantando el azar, ya no sólo al lote de toros a enfrentar, sino a las corridas todas.

Algunos aceptaron, incluyendo la sorpresa de Enrique Ponce y la postura decidida de Emilio de Justo, que incluso pidió lidiar una de las corridas llamadas “duras”. También se inscribieron Castella, Ferrera, Lorenzo, Ureña, López Simón y Urdiales. Los que de plano se negaron: Manzanares, Morante y “El Juli”.

El sorteo, apenas realizado hace unos días, dio resultados interesantes: el valenciano Ponce lidiará un encierro de Juan Pedro Domecq, ganadería que suele escoger por sus características, pero Roca Rey se las tendrá que ver con toros de Adolfo Martín, ganadería “dura”, a la que el apoderado del peruano le había estado dando la vuelta desde siempre.

No serán estos los únicos toreros y ganaderías que se presentarán en la programación isidril de este 2019, pues otros muchos entrarán en los carteles, pero el sorteo de estas cuantas corridas le dio un toque de frescura, de diferencia, a las cosas.

“Lo que no evoluciona, desaparece”, ha dicho el empresario francés, Simón Casas. La pregunta es si esto del bombo representa, efectivamente, una evolución y esa inyección de vitalidad que tanto está necesitando la Fiesta contemporánea, o es apenas un paliativo, una pastillita para el dolor que la aqueja.

“Lo que no evoluciona, desaparece”, ha dicho Simón Casas, el empresario de la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid, y con esa premisa ha organizado algo que fue muy atractivo para la confección de carteles de la pasada Feria de Otoño en esa misma plaza: el bombo.

El bombo puede ser un tambor grande, instrumento de percusión en las orquestas, pero también un elogio excesivo o exagerado; por eso se dice “con bombo y platillo” cuando se hace amplia publicidad de algo. En España, por cierto, también se le llama bombo a la barriga de la mujer embarazada.

Nada de eso tiene que ver con este bombo madrileño para la más importante de las ferias taurinas del mundo. Aquí se refiere a ese recipiente o jaula esférica y giratoria donde se colocan bolas o papeletas, con el propósito de hacer con ellas un sorteo. Ese utensilio lleva también el nombre de bombo.

Y es que, siguiendo el precedente del año anterior en otoño, Casas anunció la controvertida idea de colocar en estos bombos a algunas ganaderías que se lidiarán durante la feria de San Isidro, y los nombres de las figuras del toreo que quisieran participar en este sorteo, adelantando el azar, ya no sólo al lote de toros a enfrentar, sino a las corridas todas.

Algunos aceptaron, incluyendo la sorpresa de Enrique Ponce y la postura decidida de Emilio de Justo, que incluso pidió lidiar una de las corridas llamadas “duras”. También se inscribieron Castella, Ferrera, Lorenzo, Ureña, López Simón y Urdiales. Los que de plano se negaron: Manzanares, Morante y “El Juli”.

El sorteo, apenas realizado hace unos días, dio resultados interesantes: el valenciano Ponce lidiará un encierro de Juan Pedro Domecq, ganadería que suele escoger por sus características, pero Roca Rey se las tendrá que ver con toros de Adolfo Martín, ganadería “dura”, a la que el apoderado del peruano le había estado dando la vuelta desde siempre.

No serán estos los únicos toreros y ganaderías que se presentarán en la programación isidril de este 2019, pues otros muchos entrarán en los carteles, pero el sorteo de estas cuantas corridas le dio un toque de frescura, de diferencia, a las cosas.

“Lo que no evoluciona, desaparece”, ha dicho el empresario francés, Simón Casas. La pregunta es si esto del bombo representa, efectivamente, una evolución y esa inyección de vitalidad que tanto está necesitando la Fiesta contemporánea, o es apenas un paliativo, una pastillita para el dolor que la aqueja.

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