/ miércoles 17 de noviembre de 2021

Solo para villamelones | Alberto Preciado Meléndez

Alberto Preciado Meléndez fue uno de esos toreros de plata que marcan una época y dan a la Fiesta lustre; de esos capaces subalternos en los que un matador de toros puede confiar plenamente, por su capacidad y conocimiento de la lidia.

Así lo demostró a lo largo de casi cuatro décadas de actividad profesional, siempre seria y callada, siempre eficaz y sabia. Así hasta que a los sesenta y dos años decidió cortarse la coleta en la Plaza México, escenario de tantos triunfos de los matadores a los que sirvió con atingencia, en el 2012.

Ahí mismo, en el coloso de Insurgentes, había realizado su examen como subalterno en 1973, y luego habría de realizar un trabajo tan consistente como para recibir más de una decena de ocasiones el reconocimiento como mejor subalterno de la temporada.

Luego de su retiro, junto con su hermano Polo, se dedicó a apoderar toreros, fincado en la experiencia acumulada en los ruedos. De entre los diestros que sobresalen en estos apoderamientos, está Fermín Rivera, también potosino como él, a quien durante seis años llevó sus poderes. Luego, en el 2019 y antes de una pandemia que echaría todo al traste, se anunció su apoderamiento al queretano Juan Pablo Llaguno.

Hoy, en un hospital de la capital potosina, Beto Preciado lucha por su vida, pues tuvo que ser intervenido de un coágulo en el cerebro producto del golpe ocasionado por un resbalón en la bañera de su casa. Él, que tanto arriesgo la vida frente a las astas de los toros, bregando o banderilleando, hoy está luchando con la, quizá, más peligrosa de sus cornadas, luego de un incidente casero.

Todos deseamos que aún haya mucho por delante en la vida de este destacado profesional de la Tauromaquia; uno de esos subalternos a los que nadie les discute sus innegables méritos.

Alberto Preciado Meléndez fue uno de esos toreros de plata que marcan una época y dan a la Fiesta lustre; de esos capaces subalternos en los que un matador de toros puede confiar plenamente, por su capacidad y conocimiento de la lidia.

Así lo demostró a lo largo de casi cuatro décadas de actividad profesional, siempre seria y callada, siempre eficaz y sabia. Así hasta que a los sesenta y dos años decidió cortarse la coleta en la Plaza México, escenario de tantos triunfos de los matadores a los que sirvió con atingencia, en el 2012.

Ahí mismo, en el coloso de Insurgentes, había realizado su examen como subalterno en 1973, y luego habría de realizar un trabajo tan consistente como para recibir más de una decena de ocasiones el reconocimiento como mejor subalterno de la temporada.

Luego de su retiro, junto con su hermano Polo, se dedicó a apoderar toreros, fincado en la experiencia acumulada en los ruedos. De entre los diestros que sobresalen en estos apoderamientos, está Fermín Rivera, también potosino como él, a quien durante seis años llevó sus poderes. Luego, en el 2019 y antes de una pandemia que echaría todo al traste, se anunció su apoderamiento al queretano Juan Pablo Llaguno.

Hoy, en un hospital de la capital potosina, Beto Preciado lucha por su vida, pues tuvo que ser intervenido de un coágulo en el cerebro producto del golpe ocasionado por un resbalón en la bañera de su casa. Él, que tanto arriesgo la vida frente a las astas de los toros, bregando o banderilleando, hoy está luchando con la, quizá, más peligrosa de sus cornadas, luego de un incidente casero.

Todos deseamos que aún haya mucho por delante en la vida de este destacado profesional de la Tauromaquia; uno de esos subalternos a los que nadie les discute sus innegables méritos.

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