/ miércoles 16 de diciembre de 2020

Sólo para villamelones | Paco Camino

“El niño sabio de Camas”, le decían, aludiendo a su origen sevillano y ese conocimiento que sobre su arte poseía desde muy temprana edad. Fue, sin duda alguna, uno de los principales protagonistas del toreo en el siglo XX.

Francisco Camino Sánchez tuvo una importante participación en la vida taurina española desde su etapa como novillero, donde destaca una gran tarde en Sevilla, y luego importantes temporadas, con triunfos en diversas plazas y la salida por la puerta grande las ventas hasta en doce ocasiones. Fue precisamente en esa plaza madrileña donde, en 1970, cortó ocho orejas en la tradicional corrida de la Beneficencia.

Pero el gran Paco Camino, que tal era su nombre de torero, tuvo en Hispanoamérica, y concretamente en México, la tierra más fértil para su siembra particular de tauromaquia. Fue aquí donde logró aquella faena a “Navideño” que se quedó en la retina de los aficionados para siempre, y donde, entre otras tardes de éxito, lidió a aquellos berrendos de Santo Domingo que lo marcaron definitivamente.

Luego de alternativa en Valencia y de su confirmación madrileña, Camino debutó en México el primer día del año 1962. Lo hizo en el Toreo de Cuatro Caminos, casi un año antes de que, en diciembre de ese 62, confirmara su doctorado en la Monumental México de manos de Antonio Velázquez, teniendo como testigo a Humberto Moro padre, y lidiando a “Recuerdo”, un burel de José Julián Llaguno.

Tan bien cayó el diestro de Camas en tierras americanas que basta decir, para comprobarlo, que el año de 1963 toreó la nada despreciable cifra de setenta y seis corridas en estas tierras, con triunfos sonoros, como en Guadalajara, con toros de San Mateo, o en el Toreo, donde le cortó un rabo al burel “Novato”, de regalo por cierto y de la ganadería de Mariano Ramírez.

Pero el triunfo definitivo vendría también ese mismo año de 1963, cuando en el mismo Toreo capitalino le cortó dos orejas a “Gladiador” y el rabo a “Tanguito”, ambos de la ganadería de Santo Domingo, y ambos berrendos, como toda la corrida lidiada esa tarde en compañía de Juan Silveti y de José Ramón Tirado. Esa tarde, Camino dio seis triunfales vueltas al ruedo.

Más de una década más tarde vendría lo de “Navideño”, aquel noble ejemplar de Garfias que salió en quinto sitio de aquella tarde de mano a mano con Manolo Martínez en la plaza “Santa María” queretana. Para muchos aficionados que la disfrutaron, aquella fue la mejor faena que han visto en su vida.

Luego de una larga trayectoria en México, no exenta de escándalos personales y de alejamiento voluntario por muchos años, finalmente Paco Camino acabó cortándose la coleta, en estas tierras, en la Plaza México, el primero de abril de 1978. Lo haría también, poco más de tres años más tarde, en Valladolid, y sólo regresaría una tarde para otorgarle el doctorado a su hijo en Nimes.

El lunes pasado, Paco Camino cumplió ochenta años de edad. Es un buen momento para recordar lo que significó para toda una generación de aficionados a la más bella de todas las fiestas.

“El niño sabio de Camas”, le decían, aludiendo a su origen sevillano y ese conocimiento que sobre su arte poseía desde muy temprana edad. Fue, sin duda alguna, uno de los principales protagonistas del toreo en el siglo XX.

Francisco Camino Sánchez tuvo una importante participación en la vida taurina española desde su etapa como novillero, donde destaca una gran tarde en Sevilla, y luego importantes temporadas, con triunfos en diversas plazas y la salida por la puerta grande las ventas hasta en doce ocasiones. Fue precisamente en esa plaza madrileña donde, en 1970, cortó ocho orejas en la tradicional corrida de la Beneficencia.

Pero el gran Paco Camino, que tal era su nombre de torero, tuvo en Hispanoamérica, y concretamente en México, la tierra más fértil para su siembra particular de tauromaquia. Fue aquí donde logró aquella faena a “Navideño” que se quedó en la retina de los aficionados para siempre, y donde, entre otras tardes de éxito, lidió a aquellos berrendos de Santo Domingo que lo marcaron definitivamente.

Luego de alternativa en Valencia y de su confirmación madrileña, Camino debutó en México el primer día del año 1962. Lo hizo en el Toreo de Cuatro Caminos, casi un año antes de que, en diciembre de ese 62, confirmara su doctorado en la Monumental México de manos de Antonio Velázquez, teniendo como testigo a Humberto Moro padre, y lidiando a “Recuerdo”, un burel de José Julián Llaguno.

Tan bien cayó el diestro de Camas en tierras americanas que basta decir, para comprobarlo, que el año de 1963 toreó la nada despreciable cifra de setenta y seis corridas en estas tierras, con triunfos sonoros, como en Guadalajara, con toros de San Mateo, o en el Toreo, donde le cortó un rabo al burel “Novato”, de regalo por cierto y de la ganadería de Mariano Ramírez.

Pero el triunfo definitivo vendría también ese mismo año de 1963, cuando en el mismo Toreo capitalino le cortó dos orejas a “Gladiador” y el rabo a “Tanguito”, ambos de la ganadería de Santo Domingo, y ambos berrendos, como toda la corrida lidiada esa tarde en compañía de Juan Silveti y de José Ramón Tirado. Esa tarde, Camino dio seis triunfales vueltas al ruedo.

Más de una década más tarde vendría lo de “Navideño”, aquel noble ejemplar de Garfias que salió en quinto sitio de aquella tarde de mano a mano con Manolo Martínez en la plaza “Santa María” queretana. Para muchos aficionados que la disfrutaron, aquella fue la mejor faena que han visto en su vida.

Luego de una larga trayectoria en México, no exenta de escándalos personales y de alejamiento voluntario por muchos años, finalmente Paco Camino acabó cortándose la coleta, en estas tierras, en la Plaza México, el primero de abril de 1978. Lo haría también, poco más de tres años más tarde, en Valladolid, y sólo regresaría una tarde para otorgarle el doctorado a su hijo en Nimes.

El lunes pasado, Paco Camino cumplió ochenta años de edad. Es un buen momento para recordar lo que significó para toda una generación de aficionados a la más bella de todas las fiestas.

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