/ martes 17 de diciembre de 2019

Yo Defiendo al INE

Siempre serán entendibles los cambios al diseño institucional en el ánimo de renovación y actualización. Siempre será entendible que las instituciones viven y sobreviven gracias a su adaptación. Siempre serán bienvenidas nuevas instituciones, organismos o movimientosque supongan afrontar desde la política pública nuevos retos y realidades que el país y el mundo demanden.

Así han nacido innumerables instituciones, organismos y movimientos mundiales y locales. Así se fundó la ONU como respuesta urgente de las naciones a los dolores de la Segunda Guerra, y así lo hizo Peter Benenson cuando publicó un primer llamado a la acción ciudadana para defender a aquellos estudiantes portugués presos por pensar diferente y que a la postre se materializó en un movimiento internacional pro derechos humanos llamado Amnistía Internacional. Así surgió la UNESCO, para salvaguardar las culturas y apuntalar la educación y las ciencias, o Greenpeace, que si bien no es una institución fundada o auspiciada por los gobiernos, si es un movimiento ampliamente legitimado que integra ya en acciones a favor del medio ambiente a 3 millones de personas en 55 países.

Así surgen los movimientos y así se fundan los organismos. Así se crea ciudadanía. Así se preservan los derechos y las libertades, y es así, en esa voluntad comunitaria, que los gobierno han sabido corresponder y celebrar las iniciativas ciudadanas respetando su presencia, organización interna y visión.

En México el INE surge en la misma lógica de principios: ser garantes de un derecho y voluntad ciudadanas. El INE fue resultado de un consenso ciudadano que transitó como presión hacia el PRI a principios de 1990 para quitar el control de los procesos electorales al gobierno. Surgió como un organismo de y para la transición política mexicana de un régimen autoritario de partido hegemónico a uno de opciones partidistas con elecciones limpias y transparentes. Ha sido un esfuerzo descomunal de voluntad y aprendizaje ciudadano pero también de construcción y consolidación de una institución altamente relevante y presente para el mexicano promedio que valora más su credencial de elector que cualquier otro mecanismo de identificación oficial.

El saldo de este esfuerzo en conjunto, tras 29 años de consolidación democrática es -a vista de todos- positivo. México cuenta hoy con un organismo generador de certidumbre que ha sabido organizar procesos electorales que han permitido reconocer a las diferentes fuerzas políticas sus victorias y sus derrotas, que ha hecho que los ciudadanos cuenten los votos, que ha permitido multar a los partidos por malas prácticas y que ha generado una mesa fundamental para el debate sobre la democracia mexicana. México ha logrado gracias al INE pasar en 30 años del obscurantismo electoral a ser experto consultado mundialmente en la materia.

Por ello sorprende que desde el poder (el cual goza del mismo indiscutiblemente porque el INE pudo realizar una elección de altura en 2018) se busque modificar ahora el diseño del organismo electoral bajo el fundamento de mejoras necesarias que pocos vemos. Sorprende que se quiera recortar el período del Presidente actual del organismo, que se quiera modificar la composición del Consejo General y que se proponga la desaparición de los Organismos Públicos Electorales.

Con estos cambios no se ve la mejora propuesta, pero si se percibe una voluntad de interferir en el organismo y vulnerar su independencia, y si se percibe un deseo de modificar lo que bien funciona; pero sobre todo, se percibe un desconocimiento del impacto de los cambios que -someramente- tirarían de tajo un esfuerzo ciudadano que ha llevado tiempo consolidar, derrumbaría la credibilidad el organismo y la de los procesos electorales venideros y crearía una espiral de incertidumbre que tardaríamos décadas en revertir. La misma dosis de intervencionismo ya la hemos visto en otros organismos independientes que hoy son cuestionadas por impulsar perfiles poco independientes del ejecutivo.

Por todo ello coincido plenamente con Gustavo de Hoyos cuando pide al gobierno en turno no olvidar que el INE no es propiedad de los partidos ni de sus líderes, tampoco es propiedad del poder ejecutivo ni del legislativo. El Instituto es -y con la ayuda de todos seguirá siendo- de y para los ciudadanos. Por ello invito a todos los queretanos a ingresar a yodefiendoaline.mx y mostrar su apoyo a la independencia del INE, a su historia y a su compromiso con la transparencia, la legalidad y el desarrollo de ciudadanía en democracia. ¡Defendamos al INE!

Siempre serán entendibles los cambios al diseño institucional en el ánimo de renovación y actualización. Siempre será entendible que las instituciones viven y sobreviven gracias a su adaptación. Siempre serán bienvenidas nuevas instituciones, organismos o movimientosque supongan afrontar desde la política pública nuevos retos y realidades que el país y el mundo demanden.

Así han nacido innumerables instituciones, organismos y movimientos mundiales y locales. Así se fundó la ONU como respuesta urgente de las naciones a los dolores de la Segunda Guerra, y así lo hizo Peter Benenson cuando publicó un primer llamado a la acción ciudadana para defender a aquellos estudiantes portugués presos por pensar diferente y que a la postre se materializó en un movimiento internacional pro derechos humanos llamado Amnistía Internacional. Así surgió la UNESCO, para salvaguardar las culturas y apuntalar la educación y las ciencias, o Greenpeace, que si bien no es una institución fundada o auspiciada por los gobiernos, si es un movimiento ampliamente legitimado que integra ya en acciones a favor del medio ambiente a 3 millones de personas en 55 países.

Así surgen los movimientos y así se fundan los organismos. Así se crea ciudadanía. Así se preservan los derechos y las libertades, y es así, en esa voluntad comunitaria, que los gobierno han sabido corresponder y celebrar las iniciativas ciudadanas respetando su presencia, organización interna y visión.

En México el INE surge en la misma lógica de principios: ser garantes de un derecho y voluntad ciudadanas. El INE fue resultado de un consenso ciudadano que transitó como presión hacia el PRI a principios de 1990 para quitar el control de los procesos electorales al gobierno. Surgió como un organismo de y para la transición política mexicana de un régimen autoritario de partido hegemónico a uno de opciones partidistas con elecciones limpias y transparentes. Ha sido un esfuerzo descomunal de voluntad y aprendizaje ciudadano pero también de construcción y consolidación de una institución altamente relevante y presente para el mexicano promedio que valora más su credencial de elector que cualquier otro mecanismo de identificación oficial.

El saldo de este esfuerzo en conjunto, tras 29 años de consolidación democrática es -a vista de todos- positivo. México cuenta hoy con un organismo generador de certidumbre que ha sabido organizar procesos electorales que han permitido reconocer a las diferentes fuerzas políticas sus victorias y sus derrotas, que ha hecho que los ciudadanos cuenten los votos, que ha permitido multar a los partidos por malas prácticas y que ha generado una mesa fundamental para el debate sobre la democracia mexicana. México ha logrado gracias al INE pasar en 30 años del obscurantismo electoral a ser experto consultado mundialmente en la materia.

Por ello sorprende que desde el poder (el cual goza del mismo indiscutiblemente porque el INE pudo realizar una elección de altura en 2018) se busque modificar ahora el diseño del organismo electoral bajo el fundamento de mejoras necesarias que pocos vemos. Sorprende que se quiera recortar el período del Presidente actual del organismo, que se quiera modificar la composición del Consejo General y que se proponga la desaparición de los Organismos Públicos Electorales.

Con estos cambios no se ve la mejora propuesta, pero si se percibe una voluntad de interferir en el organismo y vulnerar su independencia, y si se percibe un deseo de modificar lo que bien funciona; pero sobre todo, se percibe un desconocimiento del impacto de los cambios que -someramente- tirarían de tajo un esfuerzo ciudadano que ha llevado tiempo consolidar, derrumbaría la credibilidad el organismo y la de los procesos electorales venideros y crearía una espiral de incertidumbre que tardaríamos décadas en revertir. La misma dosis de intervencionismo ya la hemos visto en otros organismos independientes que hoy son cuestionadas por impulsar perfiles poco independientes del ejecutivo.

Por todo ello coincido plenamente con Gustavo de Hoyos cuando pide al gobierno en turno no olvidar que el INE no es propiedad de los partidos ni de sus líderes, tampoco es propiedad del poder ejecutivo ni del legislativo. El Instituto es -y con la ayuda de todos seguirá siendo- de y para los ciudadanos. Por ello invito a todos los queretanos a ingresar a yodefiendoaline.mx y mostrar su apoyo a la independencia del INE, a su historia y a su compromiso con la transparencia, la legalidad y el desarrollo de ciudadanía en democracia. ¡Defendamos al INE!

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