Rincones queretanos | La Fuente de Neptuno

Uno de los íconos más representativos del estado de Querétaro que se ha ido transformando con el paso de los años, la original fue labrada por Juan Izguerra en 1797

Tamara Medina | Diario de Querétaro

  · sábado 12 de marzo de 2022

Foto: Tamara Medina | Diario de Querétaro

Quien visita Querétaro, no deja de tomarse una bella postal teniendo como fondo la Fuente de Neptuno, clavada en las calles que conforman Madero y Allende en el Centro Histórico capitalino, aunque la bella estatua que adorna la pileta es una réplica de la original, no deja de ser imponente y como todo lo que adorna la historia queretana esta también tiene y guarda sus secretos.

Fue para el año de 1797, cuando fue construida la estatua del Dios de los mares, labrada en cantera rosa por el escultor Juan Izguerra y originalmente se encontraba en la huerta del convento de San Antonio, luego se transformó mercado, en lo que hoy es el jardín de la Corregidora.


Para 1908 tanto la fuente como el mercado fueron removidos para dar paso a la construcción del monumento del Centenario de la Independencia, mismo que hoy en día se conoce como el monumento a la Corregidora, inaugurado en 1910.

La Fuente de Neptuno, fue colocada en su lugar actual, por desgracia y según lo relatado en los escritos del INAH, esta sufrió actos de vandalismo, por lo que tras ser restaurada fue removida y hoy se encuentra en los patios de la Delegación del Centro Histórico, en el Jardín Guerrero.

El Dios griego fue sustituido por una réplica del escultor Abraham González, la cual fue realizada en bronce, pero por desgracia tampoco logró escapar de ser destruida y en alguna ocasión fue decapitada y vuelta a reconstruir.

Su fuente donde brota el agua cristalina la cual es representativa del estilo neoclásico fue diseñada en el siglo XVIII por el celayense Francisco Eduardo Tresguerras, bajo el arco, la escultura de Neptuno sosteniendo en la diestra su tridente y en la siniestra la cola de uno de los dos grandes peces que se deslizan entre sus pies, sobre una base que simula olas del mar.

Foto: Cortesía | MEDIATECA INAH