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Apple y las consecuencias del proteccionismo de Trump

  • Rodrigo Chávez Fierro

Dentro de las propuestas más llamativas de la campaña presidencial de Donald Trump destacaba la imposición de aranceles del 35 por ciento a los productos provenientes de China. El magnate neoyorkino no ha clarificado como presidente electo cuándo y cómo empezaría con una posible guerra comercial con el gigante asiático.

Como muestra de lo complicado que sería la imposición de dichas tarifas arancelarias con el propósito de repatriar los puestos de trabajo que empresas norteamericanos han relocalizado en otros países analizaremos el caso de Apple.

De acuerdo con estudios de la Universidad Syracuse de Nueva York si el iPhone se fabricase en Estados Unidos, importando todos sus componentes, los gastos de producción aumentarían entre 30 y 40 dólares, derivado del costo salarial más alto en Estados Unidos y la necesidad de tener que invertir en transporte y logística.

Ahora bien, si además de fabricar el teléfono en suelo norteamericano, también se fabricaran sus componentes en Estados Unidos, el costo de producción del móvil aumentaría entre 80 y 90 dólares; lo que ocasionaría que la empresa de Cupertino aumentara el precio de su producto ícono o bien aceptara un menor margen de utilidades.

No obstante, un traslado completo de la producción del iPhone hacia Estados Unidos luce bastante complicado a corto y mediano plazo ante la imposibilidad de desarrollar la infraestructura necesaria para fabricar millones de teléfonos al año.

Las ciudades chinas donde se produce el teléfono se han convertido ya en importantes zonas industriales. En estos centros urbanos no sólo se produce el iPhone; sirve también de sede para grandes proveedores de la empresa. Asimismo, se encuentran los laboratorios de las denominadas “tierras raras” que se obtienen sobre todo en suelo chino y resultan elementos esenciales en los teléfonos móviles.

Además, empresas como Foxconn, encargadas de producir el iPhone en China, cuentan con equipamiento, conocimiento y sobre todo experiencia para producir en poco tiempo los millones de teléfonos de la marca de la manzana demandados en el mundo; tiempo que Apple necesita para ser competitiva en un mercado caracterizado por la velocidad en los cambios en los productos.

A China le tomó varias décadas y grandes inversiones de miles de empresas conseguir dicha capacidad de producción. Sería difícil calcular los costos que representaría colocar una estructura similar en Estados Unidos.

Y más aún; de trasladarse el ensamble de los teléfonos de Apple a nuestro vecino del norte, nada garantiza que se vayan a crear nuevos puestos de trabajo en el país, ya que las empresas preferían invertir en la automatización de la producción. Incluso en China, ante el aumento de los salarios, las compañías se encuentran realizando inversiones importantes para sustituir a los trabajadores por robots que realicen las mismas tareas.

Además, si Apple vende menos, podría traer consigo la eliminación de puestos de trabajo bien pagados en Estados Unidos en las áreas de investigación y desarrollo.