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Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

El caso de Andrea, la niña de primaria que corrigió la forma de hablar del Secretario de Educación, es para mí sinónimo de esperanza, y también un ejemplo de lo que necesitamos todos en estos tiempos que corren.

La pequeña Andrea esperó pacientemente a que Aurelio Nuño se despidiera de ella, después de haber animado varias veces a los pequeños presentes a “ler”, y ella, con enorme tranquilidad y candidez le dijo, casi al oído, la frase que se ha hecho famosa en las redes sociales y medios de comunicación: “No se dice ler, se dice leer”.

Digo que es sinónimo de esperanza, porque nos hace creer que esas olvidadas generaciones de nuevos mexicanos, condenadas a una pésima educación inicial, pueden significar un mejor futuro para el país. Esperanza también en que la inocencia y la buena fe subsistan a pesar de los pesares, de los ríspidos tiempos que corren, de lo que todos conocemos y hemos acabado por aceptar como inevitable: la mala leche.

Y Andrea no sólo ha sido un ejemplo para Nuño, quien tras la experiencia seguramente habrá aprendido que un Secretario de Educación no puede darse el lujo de minimizar el lenguaje, sino también para todos los que de la anécdota supimos. Ejemplo, por cierto, del que no todo mundo abrevó.

Andrea no fue hiriente con sus palabras, ni protagonista de la escena, ni denostadora del poder; fue discreta, pero concreta; auténtica, sincera y respetuosa.

Y digo que no todos han sabido aprender de ella y honrar su actitud, porque Andrea ha servido también de pretexto para el ataque irrespetuoso, para el protagonismo, para la burla, para la acidez despiadada, para la exageración y para, en suma, la antítesis de lo que la niña y su postura decidida representan. Baste mencionar, como ejemplo de los excesos, la versión que circuló en redes sociales de que la directora de la escuela había suspendido una semana a Andrea por su osadía, cuando ello no sucedió.

Es decir que la sincera y ejemplar postura de una niña de ocho años no fue honrada por muchos, sino que sirvió para exacerbar justamente lo contrario.

Sí, Andrea es un motivo de esperanza. Debería serlo también de ejemplo.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Apenas este fin de semana inició una obra que, de funcionar, podría ser un parteaguas en materia de trasporte urbano, y consiste en la intervención de más de veintiséis kilómetros, a lo largo de avenida Constituyentes y Paseo Constituyentes, con la edificación de paradas de transporte al estilo de exitosas experiencias en otras ciudades del país. En diez meses, según lo anunciado, podremos tener los primeros indicios del efecto.

Lo que particularmente me llama la atención es ese deseo gubernamental del permanente bautizo. A todo le ponen un nombre distinto al que tenía, pero paradójicamente repetitivo y sin imaginación.

Eje Vial Constitución de 1917 se llama la obra, aprovechando el aniversario 100 de la promulgación de nuestra Carta Magna. En materia de nombres, la creatividad no es su fuerte.