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Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

Umberto Eco, con esa su opinión que se hizo famosa, y curiosamente también viral, catalogaba a las redes sociales como “la invasión de los necios”, e iba más allá cuando aseguraba que “le daban derecho a hablar a legiones de idiotas, que primero hablaban en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel”.

La dura reflexión de Eco no deja de tener razón, aunque todos, de alguna manera, nos sintamos aludidos. Las redes sociales de hoy permiten que cualquiera lance al mundo comentarios sin sentido, agravios impunes y hasta estupideces mayúsculas que, como una bola de nieve, se convierten en aparentes verdades, mientras su “viralidad” esté vigente.

Así también, temas verdaderamente nimios se convierten en “trending topic”, y la vida de pronto gira alrededor de una soberana tontería.

La prueba más contundente de ello ha sido la traída y llevada, hasta el cansancio, celebración de los quince años de una jovencita llamada Rubí, a la que sus padres decidieron invitar a través de las redes sociales, sin sospechar siquiera las repercusiones inverosímiles que esta ocurrencia alcanzaría.

Memes de todo tipo, burlas manifiestas, invitación a las televisoras, entrevistas para medios nacionales, intervención de destacamentos policiacos adicionales, y hasta parodias, alguna de ellas encabezadas por el mismísimo Gael García Bernal, saturaron las redes a lo largo de los días. Todo para la ya famosa fiesta que don Crescencio, el padre de la quinceañera, tendría que pagar en su comunidad potosina de La Joya.

Más allá de este caso, que se esfumará, supongo, más pronto que temprano de ese fugaz mundo de las redes sociales, este mismo escenario ha seguido siendo el propicio para el ataque impune a muchas personas. Por ese medio donde las opiniones pueden expresarse sin castigo, la invasión de los necios de la que hablaba Eco se sigue solidificando de manera alarmante.

Ahí se puede insultar, inventar y denostar libremente, con toda la saña que las entrañas puedan contener, así como se comentaría al cuate del bar la opinión aderezada por tres tequilas. Los insultos, las imprecisiones, las historias salidas de la imaginación, las afirmaciones sin sustento, se repiten con insistencia macabra.

Debo reconocer que esta misma semana he estado tentado a abandonar, como ya lo ha hecho algún amigo, ese mundo de pacotilla en el que a veces se convierten las redes. Hacerlo es quedarse fuera también, por desgracia, de una información más que pronta de lo que en el mundo sucede, pero la verdad es que uno se podría ahorrar ese útil servicio en aras de dejar de leer sandeces.

ACOTACIÓN AL MARGEN

No tengo duda que la temprana muerte de Rafael Tovar y de Teresa deja un hueco importante en el mundo cultural de este país. Fue pieza fundamental de la promoción cultural institucional por muchos años, y fue el creador de los formatos que, pese al paso del tiempo, siguen siendo vigentes.

Las ocasiones que tuve la oportunidad de convivir con él, descubrí a un hombre culto, conocedor de su ámbito de acción como nadie, claro de ideas y visionario.

Rafael Tovar dejó ya su marca en la historia de este país.