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Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

La Calzada. Así le llamaban los queretanos de otrora a esta avenida, amplia gracias a su ensanchamiento en tiempos del gobernador Manuel González de Cosío, que cruzaba lo que entonces era casi la ciudad entera, desde el río hasta la carretera a México.

Y La Calzada le llamaban en reminiscencia a su nombre original, el de Calzada de Belén, histórica vía donde se ubicó la Real Fábrica de Tabaco, que en su tiempo dio lustre a la ciudad y empleos a sus habitantes.

En la década de los sesenta del siglo pasado, a la autoridad en turno le pareció que Querétaro requería de calles más amplias, que cruzaran de un extremo a otro su geografía y que permitieran una circulación más fluida de esos automóviles que en la actualidad abundan. Y sin más, construyeron lo que hoy se llaman Corregidora y Ezequiel Montes; ambas de norte a sur y en ambos sentidos.

Para ello demolieron en serio y sin tapujos, aunque con algunas reticencias de los habitantes de la ciudad, principalmente de los afectados de manera directa, viejas casonas, permitiendo que la calle de frente a San Francisco continuara su camino al río, y rebanando toda un ala de la famosa Calzada de Belén.

Así, esta última calle, más ancha y con casonas cercenadas en parte, se convertiría, por designio del poder, en Ezequiel Montes, en honor al famoso jurisconsulto queretano. Y tras de la ampliación y el cambio de nombre, los variados rumores sobre los tesoros que ahí se encontraron durante las demoliciones.

Pero los queretanos siguieron llamándole La Calzada a aquella avenida a la que acompañó la imperdonable demolición de prácticamente toda una manzana para darle espacio y vista a Santa Rosa de Viterbo.

Era La Calzada un referente citadino, desde el famoso Mercado Hidalgo hasta la morgue, instalada en el interior del ex convento de Santa Rosa, en la esquina con Zaragoza; de las farmacias de los Balandra y de los Andrade, hasta la amplia tienda de los Ruiz, pasando por la bellísima Vecindad del Agua Limpia, vestigio de la fábrica de tabaco y actual sede de oficinas públicas.

Era La Calzada una calle eminentemente comercial, y de hecho lo sigue siendo con su nombre de jurisconsulto. Ahí se podía comprar de todo lo que en la segunda mitad del siglo veinte llegaba a Querétaro para su venta, y también se descubrían consultorios médicos, algunas peluquerías, un hospital, una lechería, florerías y puestos de comida, y más de una habitación, entre la que destacaba la casona del ilustre maestro Eduardo Loarca Castillo, cronista de la ciudad, director del conservatorio y del Museo Regional.

El número de automóviles con el que Querétaro contaba entonces, permitía que La Calzada tuviera circulación en ambos sentidos y que en algún punto pareciera incluso mucho más amplia de lo necesario.

Hoy que los años han pasado y que la ciudad ha crecido desmesuradamente, se anuncia la próxima intervención a la calle de Ezequiel Montes, cuya circulación corre de norte a sur. Y ante el anuncio, los queretanos no dejamos de sentir cierta preocupación por nuestra Calzada, esa que marcó nuestra infancia.