imagotipo

Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

Dicen que hay plaga de ratas en el Centro Histórico de nuestro Querétaro. Para comprobarlo, incluso se reprodujo masivamente un video en las redes sociales donde se aprecia a estos animalitos salir de las alcantarillas, en plena Plaza de Armas y durante tremendo aguacero, para corretear por los rosados adoquines queretanos en búsqueda de un mejor refugio.

El tema, aunque seguramente alarmará a más de alguno, no es novedoso, pues los queretanos sabemos que estos roedores han estado ahí, entre alcantarilla y alcantarilla, desde siempre, y no era tan extraño toparnos con alguno, sobre todo al amparo de la noche y en las cercanías de cualquier taquería callejera.

Pero la imagen de las ratas bailando Tap cual Fred Astaire bajo la lluvia, a mí personalmente me remonta a Felipe, el de los patines, cuyo nombre completo, según consignan Andrés Garrido del Toral y Jaime Zúñiga en el libro “Querétaro en el siglo XX, personajes de la vida cotidiana”, era el de Felipe Mendoza Prat.

Resulta que Felipe, quien había sido un lector empedernido, tenía entre sus gritos más socorridos, luego de sus alusiones a su general Zapata, uno que solía utilizar, precisamente, en la Plaza de Armas. Hasta ahí llegaba diariamente en patines, se colocaba frente al Palacio de Gobierno, y mirando hacia la fachada del histórico recinto empezaba a ennumerar todos los queretanos lugares donde había ratas, sosteniendo a cada lugar la advertencia de que había que exterminarlas. Luego, con especial intención, remataba con el dicho de que la que fuera casa de doña Josefa Ortíz de Domínguez también albergaba a esa especie.

Felipe no era uno más de los variados personajes públicos queretanos que le han dado vida y anécdotas a nuestro centro; fue uno muy especial, que con su presencia, sus dichos y sus características, marcó incluso toda una época, desde mediados de los ochentas hasta buena parte de los noventas.

Sus amigos de otrora, desde sus épocas de estudiante en el Salesiano, le decían La Coyota, y lo recordaban por su capacidad de estudio y ese su hábito, aprendido desde la cuna, de la lectura. Era un hombre culto, instruido, al que un día la vida le hizo una mala jugada para llevarlo a bolear zapatos, trasladarse en patines, contar como único compañero de viaje a un perro llamado “Sartén”, y morir solo en una construcción en obra negra.

La vida, en fin, lo llevó a enarbolar consignas que lo harían famoso, algunas de las cuales eran tan sencillas, contundentes e inobjetables, como aquella de “Marlon Brando la hizo de mi general Zapata, pero mi general Zapata nunca la hizo de Marlon Brando”.

Pero resulta, volviendo al tema que nos ocupa, que en el Centro Histórico han aparecido profusamente ratas y ya las autoridades han declarado que, ante la alarma popular, tomarán medidas para acabar con ellas.

Bien lo decía Felipe a voz en cuello: “La ciudad está llena de ratas; hay que exterminarlas”.