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Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

A diferencia del Chupacabras, que fue un personaje mucho más famoso y que solía atacar animales en despoblado, El Chino sí inquietó a los queretanos de hace algunos años, pues su ataque se dirigía a las personas, principalmente a los trasnochadores que en los alrededores del acueducto virreinal de nuestra ciudad osaban deambular.

A pesar de que de ello no ha pasado demasiado tiempo –acaso un par de décadas-, el Querétaro de entonces era muy distinto al de hoy; menos grande, menos intenso, menos nocturno. Por entonces Bernardo Quintana no congregaba tantos automóviles y la Calzada de los Arcos era más bien una avenida solitaria, sin tantos “antros”, cafetines y placitas comerciales.

De pronto en la ciudad apareció el rumor, cada vez más insistente, de que un chino estaba asesinando personas, y aunque en un principio no parecía haber espacio concreto para sus agresiones, el tiempo acabó por ubicarlo específicamente en los alrededores de los Arcos.

El Chino, de pronto famoso ente los siempre exitosos círculos del chisme queretano, era una especie de vampiro moderno, pues lo que hacía era morder a sus víctimas en el cuello, provocando que finalmente se desangraran. Esperaba pacientemente, se decía, en algún recoveco, o detrás de alguna de las acanteradas columnas del Acueducto, a que algún trasnochado pasara, saltaba sobre él, inmovilizándolo y clavándole de inmediato sus afilados colmillos en el cuello. Después, tras la succión correspondiente, lo abandonaba a su suerte en la soledad de la noche.

Historias sobre las muchas víctimas del Chino fueron y vinieron frente a tazas de café o en conversaciones improvisadas, pero no en los expedientes del Ministerio Público, ni en las páginas de los periódicos locales. “Lo ocultan para que no se asuste la gente”, decían casi en secreto quienes aseguraban conocer al conocido del conocido de alguno de los atacados.

Las versiones sobre la personalidad y las características del socorrido Chino empezaron a abundar. Había quien sostenía que los ojos rasgados del personaje le daban nombre a su mote, pero otros más propensos a la investigación sostenían que en realidad era El Chino porque su pelo era chino y no porque sus orígenes se situaran en el Oriente lejano.

Los escépticos explicaban su existencia de maneras mucho más sofisticadas, como asegurando que El Chino no mordía a los inocentes que caían en sus garras, sino que utilizaba un picahielos para punzarlos en dos ocasiones en el cuello, en un comportamiento digno de estudios siquiátricos y material envidiable para libreto de serie norteamericana de misterio.

Había quien aseguraba que una conocida que trabajaba de enfermera nocturna en la sala de urgencias del IMSS le había platicado varios casos en condiciones similares, mismos que se manejaban con la discreción necesaria para no provocar pánico entre la población, y hasta en una ocasión que los bomberos, con su escalera telescópica, limpiaban a punta de machete las ramas que crecían en las alturas del Acueducto, la gente se arremolinó en las banquetas de la avenida comentando morbosamente que aquellos héroes estaban persiguiendo al Chino. “¡Ahí está, ahí está!”, habría incluso gritado alguien, sumido en una visión realista, mientras señalaba a las alturas.

Un día, El Chino, como el Chupacabras en su momento, dejó de ser mencionado. Dejó de cometer atentados, o quizá de existir. Acaso se mudó de ciudad o se reincorporó a las filas de los hombres de bien. El caso es que su historia y su nocturna presencia fue olvidada por los queretanos más pronto que tarde.

De su existencia me acordé ahora que han aparecido, por el mundo, payasos agresivos, y sobre todo ahora que se ha presentado el peligroso fenómeno social de querer hacer justicia por propia mano y acabar con los payasos que por la calle se dejen ver. Es como si en el Querétaro de hace veinte años a alguien se le hubiese ocurrido atacar a cuanto chino, de ojos rasgados o de pelo revuelto, se apareciese en su camino.

ACOTACIÓN AL MARGEN

La tercera Feria Nacional de Pueblos Mágicos se desarrolla estos días en Querétaro, y específicamente en el Centro de Congresos, donde puede encontrarse información y artesanías de las más de cien poblaciones que ostentan esa categoría expedida por la Secretaría de Turismo.

Se trata de un interesante recorrido por el país. Por sus costumbres, su gastronomía, sus artesanías y su riqueza patrimonial.