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Aquí Querétaro

  • Manuel Naredo

Escucho a algunos comentaristas deportivos nacionales hablar de los Gallos Blancos como un equipo chico que nunca ha ganado nada; como un equipo con décadas de vida pero nula historia relevante. Y entonces no puedo dejar de recordar a Pachín Niembro, a don Armando Presa, a Memo Sámano, al Charro Casimiro, a la Chivita Zepeda, a Silvano Téllez, a Ítalo Estupiñán, a la Pantera Cortés o a Justino González.

Cierto que algunos de estos nombres no necesariamente están ligados al mote de Gallos Blancos, pero sí, indefectiblemente, al de Querétaro; y cierto también que otros de esos nombres están tatuados en el recuerdo de quienes han seguido, con pasión o al menos cariño, a los entrañables Gallos Blancos.

Nombres que se compaginan con otros muchos que han escrito la historia, plagada de heroicas campañas en la segunda división –de ascenso le dicen ahora en tiempos de corrección y optimismo político-, de muchísimas injusticias propiciadas tras un silbato o un escritorio, de pérdidas millonarias, de batallas perdidas, de metas sufridas y hasta de tragedias.

Le escucho decir a esos mismos comentaristas que un título de Copa es mucho para los seguidores gallos, porque este equipo queretano nunca ha ganado nada en sesenta años de existencia, y entonces pienso en los campeonatos de goleo de Silvano, en las agallas de don Armando, en los paradones del Charro, en la recia muralla defensiva de Sámano y en el cariño popular por Justino.

Me digo a mí mismo que los comentaristas en cuestión, tras la corbata y el maquillaje, no tienen la más remota idea de lo que dicen, apoltronados en la historia reciente para la que apenas alcanzan su ojos, sin la visión amplia de que en el futbol, como en la vida, el éxito es difícilmente definible, y un título es apenas una caricia a un corazón acostumbrado a muchos otros triunfos.

Los Gallos Blancos –o el Club Querétaro, si lo prefiere- ha obtenido su primer campeonato de Copa en la primera división del futbol mexicano, y aunque eso, efectivamente, es un logro dignísimo de presumir, es apenas un giño del destino que se ve opacado por el ejemplo de tantos nombres que han hecho de este equipo, con el membrete que se le quiera poner, un reflejo de lucha encomiable.

Acotación al margen

Este lunes sería un cumpleaños más de Ignacio Padilla, el primero tras su lamentable partida hace algunos meses.

Vaya desde aquí el recuerdo entrañable para un grande de las letras.