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Arabidopis thaliana, anónima en el campo y popular en el laboratorio

  • Heidy Wagner Laclette

Pese a su apariencia de inertes y pasivas, las plantas también sufren y se defienden, debido a la hormona del peligro, la llamada jasmonato, similar a la adrenalina de los humanos. La misión de esta pequeña molécula, que se antoja fundamental para la supervivencia de los vegetales, es avisar de una amenaza exterior: un animal herbívoro, un hongo, un insecto, una bacteria, un cambio brusco de temperatura, y oponer resistencia.

En este sentido podemos hablar de la Arabidopsis thaliana, un género de plantas herbáceas de la familia de las brasicáceas, que han sido objeto de intenso estudio en época reciente como modelos para la investigación fitobiológica, convirtiéndose así en la primera cuyo genoma se secuenció por completo, una tarea completada en diciembre de 2000 por el proyecto denominado Iniciativa para el Genoma de la Arabidopsis.

Uno de los estudios que se le han practicado a esta planta tiene que ver con conocer a detalle la batería de genes de defensa que pone en marcha esta hormona, por ejemplo, para desarrollar soluciones agronómicas y medioambientales frente a las amenazas del cambio climático. La ciencia no había logrado descifrar toda la secuencia genética que interviene en la transmisión de la señal de alerta hasta ahora.

Investigando sobre el tema, encontramos que un grupo de científicos del Centro Nacional de Biotecnología del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), descubrieron los genes que intervienen en la reacción de defensa química que se desencadena al detectar un peligro y que ayudan al vegetal a defenderse.

Es complicado explicar la manera como las plantas pueden defenderse, porque contrario a los animales y a los humanos, los vegetales son inmóviles, y esta condición les ha obligado a desarrollar complejos sistemas de alarma.  Buen ejemplo de que los vegetales perciben cuando se les toca lo ofrecen las carnívoras, que enseguida cicatrizan la zona donde se les ha desprendido o arrancado una hoja; otras especies tienen que ver con combatir suelos salinos, falta de sequedad, humedad, nutrientes etcétera, dependiendo de la especie que se trate y el clima en que se desarrolle.

En síntesis, la Arabidopsis thaliana ha despertado la curiosidad de buena parte de la comunidad científica. Se introdujo en el laboratorio hace unos 40 años y actualmente son miles los investigadores que cada día intentan descubrir los secretos que hay detrás de su desarrollo, crecimiento o floración. En el año 2000 se obtuvo la secuencia de su genoma, siendo el primer genoma de planta secuenciado.

Este hecho la situó por delante de otros modelos de importancia en agricultura como el cultivo de jitomate o maíz. En su ambiente natural, esta especie que genera tanto deseo de conocimiento es una hierba como tantas otras que incluso pasa desapercibida para muchos campesinos a diferencia que en laboratorios de todo el mundo se ha convertido en toda una celebridad.

Pese a que ésta planta emparentada con numerosas especies comestibles como la col, el nabo o la mostaza, esta especie no tiene interés comercial. Pero en el ámbito científico esta mala hierba acapara más atención que otras más bellas y exuberantes, con mayor importancia económica o las que ya tenían una tradición en la investigación.

*Agradezco de antemano sus comentarios y sugerencias sobre temas agropecuarios y ambientales en el correo electrónico heidydiario@yahoo.com.mx en Facebook Heidy Wagner Laclette, en Twitter @heidyDiario