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Capitalismo narcisista

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Søren Kierkegaard, filósofo danés, refería un aforismo contundente para la personalidad humana: “cada quien es su propia divinidad”. Esta elipsis del individuo eleva la potencialidad del yo. Más que un eje egoísta nos evoca una parte de Narciso que llevamos incrustada en nuestra vida. Sin duda tal postura nos permite un rasgo de supervivencia fundamental, pero nos lleva irremediablemente a una isla. Este narcisismo se ha ido acentuando a medida que los alcances tecnológicos y virtuales han avanzado a tal grado que casi nos suplantan. De tal suerte que ahora nosotros mismos hemos creado nuestro “avatar”, esta especie de suplantación de la persona con nuestra propia autorización. Lo usamos para identificarnos en el Facebook, en el Instagram, en el twiter y todas las demás ramas de las redes sociales hasta creernos otros.

En esta época, ya no somos lo que hemos trabajado, ahora más bien somos lo que pensamos que queremos ser a partir de ambiciones individuales y deseos egocéntricos. Las redes sociales nos exponen ante la multitud pero nos aíslan de la colectividad y nos encierran en nuestro narcisismo. La selfie es la cumbre de ese ejercicio egoísta. Si el sujeto se retrata solo o con un grupo de personas, la importancia no es el momento, ni paisaje ni la compañía, es el sujeto como eje y lo demás como escenografía.

Observando las tendencias políticas actuales, encontramos que los elementos egocéntricos han servido para alimentar el  populismo. El populismo como una impostura frente a las instituciones, a la integración comunitaria, y sobre todo a la apuesta por el conflicto social per se. El populismo es la cara opuesta de otro flagelo que se está consolidando: el capitalismo narcisista. Pero no es una alternativa una cosa de la otra, son la misma cosa pero con dos orillas, con dos  extremos. Ambos extremos se designan como movimientos sociales o corrientes sociales que dejan en desventaja a la persona, porque evitan la solidaridad, el bien común y el pensamiento comunitario.

Si el capitalismo de por sí es pernicioso y multiplica la desigualdad en la sociedad, un capitalismo egoísta nos arroja a un consumismo total, sin la participación en el proceso de producción de nuestras propias mercancías. El capitalismo que experimentamos hoy nos lleva a la potencialización de la tecnología y las innovaciones tecnológicas donde la robotización sentara sus bases.

Esta diatriba que hoy les ofrezco, es sobre la postura egoísta de los humanos contemporáneos donde pretendo advertir el riesgo que corremos al seguir alimentando el desarrollo digital que se pone en nuestra contra y nos pone en contra de los demás. Si pudiéramos señalar la concreción de la amalgama de este capitalismo narcisista, lo haríamos indicando la persona del actual Presidente Republicano.

Trump no está actuando como estadista o como líder de la nación más poderosa del mundo. Este “bully” narcisista puede ocasionar con un twiter la especulación, los miedos, los odios y los corajes, propios y ajenos. Sus palabras en 140 caracteres suspenden o reactivan procesos económicos o étnicos. Así, ha arrastrado a un buen número de personas que antepone un nacionalismo irracional, y en la respuesta mecánica, piensan que le responden inteligentemente, pero en realidad caen de manera burda en lo que él hace, como si fueran el reflejo de su imagen. La advertencia que hago es que debemos evitar caer en su vorágine de desprecio por la colectividad y un amor ciego por una patria desalmada. Hay que  advertir que la desigualdad y la pobreza provienen de un capitalismo que una ocasión se atrevió a ser social, pero ahora ha caído en una aberración económica y virtual. Debemos utilizar de manera prudente las innovaciones tecnológicas y las redes sociales sí, pero con un sentido humano y destinado al bien comunitario.

@manuelbasaldua