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Crecer con Valores

  • Raúl Iturralde

 

Todo proceso de desarrollo implica crecimiento material. Las naciones requieren, constantemente, ampliar la infraestructura para cubrir los satisfactores básicos que la sociedad moderna exige. Paradójicamente, se vienen produciendo fuertes desequilibrios en la relación del hombre con la naturaleza, la naturaleza está siendo depredada por el ser humano y su expresión más evidente se observa en el avance incontenible de las ciudades, las cuales en su expansión acaban con las tierras de labor provocando la migración de grandes grupos poblacionales del campo a las zonas urbanas. Se estima que el 50 por ciento de la población mundial vive actualmente en ciudades, con las consecuentes problemáticas económicas, sociales y de salud.

Tal es el caso de México, donde vemos crecer las ciudades, tanto en población como en territorio y dada su tendencia poblacional se considera que en los próximos 30 años el desafío será duplicar la infraestructura material existente para asegurar que los mexicanos tengan acceso, en materia económica, a las oportunidades de inversión y la oferta de empleos dignos; mientras que, en aspectos relacionados a los servicios, será indispensable ofrecer, en cantidad y calidad, educación, vivienda, salud y alternativas de desarrollo cultural.

Es evidente que el desarrollo sustentable no puede ser solamente una cuestión de orden material; se requiere promover y consolidar una cultura ética basada en los valores de la solidaridad, de la honestidad, de la democracia, generando comportamientos cooperativos, de ayuda mutua, de búsqueda de soluciones colectivas bajo esquemas de convivencia social. El desarrollo de los valores basados en el respeto y fomento de los derechos humanos, es una poderosa palanca para crear entornos habitables, un clima de paz social y una dinámica de progreso que garantice una forma de vida cuya característica sea la prosperidad bajo una filosofía humanista de respeto y apoyo solidario.

En los tiempos que corren, cargados de riesgos, peligros y violencia, la ciudadanía debe sentir y saber que detrás de la planeación que llevan a cabo los gobiernos, existen  aspectos concretos y prácticos enfocados a crear opciones integrales para alcanzar los mayores niveles de bienestar económico y social; los responsables de las administraciones públicas deben tener la visión de encontrar las mejores alternativas para incrementar el nivel y calidad de vida de su población. Pero también es cierto que ciudadanía y gobierno tenemos la tarea de crear opciones reales de desarrollo, debemos trabajar en beneficio de la comunidad, fortaleciendo los logros alcanzados y corregir los errores para evitar situaciones de retroceso y rezago social.

En mi opinión, y dada mi experiencia en el campo de la educación superior, soy un convencido de que la educación es posibilidad y oportunidad para el desarrollo sostenible, es la mejor opción para impulsar el crecimiento económico colectivo e individual de las personas bajo criterios de una distribución equitativa del ingreso.

El camino del conocimiento nos conduce a la liberación de los sentidos y de la materia; este camino no es otro más que el de la construcción de ciudadanía en el sentido positivo que le asigna Fernando Savater: la de ser agentes de cambio para consolidar los valores de la democracia. La educación es el espacio que nos permite alcanzar estos fines, es la llave que abre las puertas hacia una sociedad en la que las virtudes se constituyen en las características fundamentales de los hombres y del Estado.