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Viajeras de Ítaca – De murales y muralistas: Alfredo Zalce

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Hace algunas semanas hablábamos en estas páginas de Viajeras de Ítaca  de la magna exposición que las instancias de Cultura de Francia y de México han inaugurado el Grand Palais en los Campos Elíseos, eje monumental del casco antiguo de París. El cartel destaca los nombres de Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias en la primera mitad del siglo XX; ya en el interior se muestra la pléyade de artistas que, con un sentido social, se adhirieron al tema revolucionario y a la crítica del régimen porfirista que marcó la desigualdad entre unos pocos dueños de la riqueza y la enorme mayoría que carecían de lo más indispensable.

El lugar indiscutible de los tres grandes del Muralismo Mexicano se vincula con la experiencia de vida de cada uno de ellos: Diego Rivera nacido en 1886 mostró su talento artístico desde su infancia en Guanajuato, su camino lo llevó a la Academia de San Carlos en la capital del país y más tarde fue becado a Europa donde se encontraba cuando estalló la Revolución Mexicana. En 1909 perteneció al Ateneo de la Juventud en el que coincidió con José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Pedro Enríquez Ureña, Antonio Caso y Manuel M. Ponce entre otros jóvenes que se reunían para cuestionar la Filosofía Positivista Porfiriana que dejaba fuera las Humanidades. La importancia de este paréntesis radica en que a la vuelta de los años, en 1921 José Vasconcelos como Secretario de Educación Pública en el gobierno de Álvaro Obregón llamará a Diego para iniciar un sueño de los jóvenes pintores mexicanos: pintar sobre los muros de los edificios públicos. El ideal educativo de Vasconcelos y la temática de la Revolución cerrará el círculo.

José Clemente Orozco, tapatío de origen, nacido en 1883, siguió sus estudios en la Ciudad de México, en su autobiografía relata que al regresar de la escuela pasaba por el taller de grabado de José Guadalupe Posada y se quedaba mirando los trazos, la agudeza y crítica social de ese hombre tan sencillo que no se sentía artista. Orozco señala a Posada como una influencia determinante en su obra. La obra del tapatío viene a sumarse a la temática revolucionaria.

David Alfaro Siqueiros nace en Chihuahua ya casi para terminar el siglo XIX (Diciembre 29 de 1896) junto con Orozco y Rivera serán conocidos como los tres grandes del Muralismo. Si bien Diego se plegaba a las ideas socialistas en boga Siqueiros fue más radical en sus convicciones, “profesó” el Marxismo-Leninismo y fue miembro del Partido Comunista Mexicano. Sus ideas lo llevaron a romper con Diego dentro del Partido y a pasar varias temporadas en la cárcel de Lecumberri.

En esta primera parte no cito la obra de los muralistas, es fácil localizarla en diversas fuentes, mi propósito es recalcar aquí que ellos le llevan más de dos décadas a quién se considera el último muralista en el amplio sentido de la palabra. Décadas en el que el país fue evolucionando. El Maestro Alfredo Zalce, nacido en Pátzcuaro Michoacán el 12 de enero de 1908, hijo de padre y madre fotógrafos, estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Su formación fue diversa, fue incluso alumno de Diego Rivera. Temprano cambió el papel de alumno al de maestro en  diferentes geografías y participó en las Misiones Culturales con un sentido multidisciplinario. Fue miembro de la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) pronunciándose contra el Fascismo, fue integrante junto con Leopoldo Méndez, del Taller de Gráfica Popular, privilegiando el buril y la lámina de linóleo como medios de impresión rápida y de tecnología sencilla.

Alfredo Zalce es un reconocido muralista, su obra principal cubre la bóveda de la escalera y los muros norte y sur de la planta alta del Palacio de Gobierno de Michoacán, en la escalera deja ver su visión sobre la Independencia; en el muro sur, la historia de la ciudad desde sus cimientos. En el muro norte están plasmadas poéticamente las regiones de Michoacán. En 1962 que data la obra, la furia revolucionaria había quedado atrás. En la casa  natal de Morelos habla de las diferentes facetas del prócer y en el Palacio Legislativo las Constituciones cobran vida en madera. Antes de cerrar esta página tengo que dejar dicho que la obra de Zalce, artista sencillo y generoso, cubre múltiples técnicas y expresiones: el óleo, el acrílico, el modelado en barro, la cerámica de alta temperatura, la joyería, la escultura urbana en piedra y en metal. Alfredo Zalce se permitía tener varias manos, varios ojos, con humildad recibía la ayuda que le permitía una proyección sin límites, por eso mismo agradezco a quienes conocí: Juan Torres, Mizraím Cárdenas, Lola  Gómez, Jorge Solórzano, Mariano López, Mara López. Feliz cumpleaños Maestro.

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