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Decisiones para el futuro, UAQ

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

La educación superior en el México de nuestros días se enfrenta a desafíos que tiene la sociedad en lo económico y lo político. A decir de Sergio Martínez Romo —(2009) en “Políticas en educación superior frente al siglo XXI, Revista Reencuentro No, 59:  El sentido social de la educación superior se tiene que redefinir como ámbito del interés público de los ciudadanos y que, aparentemente, estuvo asociado por largo tiempo a la esfera de la acción del gobierno, celoso guardián de los intereses del Estado Mexicano. Siempre lo ha estado de hecho.

Para lograrlo, se pensó en la aplicación de mecanismos de planeación, evaluación de la educación superior. Se le asignaron sus respectivos fondos económicos, y además fue estimulada por el propio Gobierno Federal, interesado y preocupado porque fuera objeto de ese interés público, a decir de Romo Martínez.

En este contexto, la UAQ se enfrenta ahora a un nuevo desafío. Aparentemente un desafío interno, pero de enormes consecuencias para el amplio sector social. No solamente se requiere designar a un rector, sino elegir a quien recobre la senda que la Universidad tuvo durante décadas desde su nacimiento y que en estos dos periodos se extravió. No se trata de tener un mandamás administrativo que se sirva de la política, sino alguien quien recupere la mística y el espíritu universitario, mermado por un estilo personal fallido.

Debemos recordar que la UAQ no es sólo una institución educativa, es además parte importante del patrimonio cultural de Querétaro. Así que el proyecto de los candidatos que hoy están en la contienda y que se erija como ganador, será el responsable del resurgimiento del espíritu universitario o de un extravío en la maraña burocrática administrativa y de uso político.

Una parte de las nuevas generaciones que tienen la oportunidad de participar en estas contiendas, se han alejado del conocimiento del esfuerzo y sacrificio, de los objetivos de las luchas e ideales que se instauraron en ese primigenio espíritu universitario queretano.

Por eso no asombra que se menosprecie un brazo importante de la Universidad, que es su Sindicato de Académicos. La actitud para no reconocerlo es solamente  una postura pragmática para llegar al poder, sin importarles que se deteriore su ya de por sí endeble figura del sindicalismo de trabajadores, ni tampoco reconocer que la UAQ es lo que es gracias todo lo que hizo esta organización de académicos.

Tampoco sorprende que bajo una visión errada los estudiantes hayan sido subestimados para mostrar su amplia capacidad de preparación como profesionales, al incorporarlos a un sistema de becas que más que enseñarles la práctica del esfuerzo fueron convertidos en masa electoral de tintes populistas, coptados por quien les ofrece mejores ofertas y no estímulos genuinos de crecimiento académico. En tanto que con los docentes, se ha pervertido la meritocracia, afectando la docencia, la investigación y la extensión cultural, alejándola de una práctica emergida de sus raíces culturales para someterla a estándares que muchas veces estimulan la simulación y deterioran en camino al crecimiento de la Institución. Prevalece pues en todos los sectores, un clima laboral y estudiantil deteriorado, dividido y de mucha inconformidad.

Reiterando, no se trata de conocer solamente quién es el vencedor en esta contienda electoral para elegir rector y cantar victoria de un grupo, sino de tener la certeza de un futuro sólido para nuestra Máxima Casa de Estudios, basado en la unidad de sus universitarios, la solidaridad, así como la recomposición institucional y la certeza de que la sociedad le está apostando bien a la educación superior.

@manuelbasaldua