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Demócratas sin democracia

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Este martes 8 de noviembre, hoy, se termina una de las jornadas electorales más nefastas que haya experimentado Estados Unidos de Norteamérica, en donde se ha puesto en riesgo la credibilidad del sistema electoral más representativo del mundo. Gane quien gane entre la demócrata Hillary Clinton y el pseudo-republicano Donald Trump el resquebrajamiento de la credibilidad del sistema, no solo electoral, sino social que sustenta a la población de los EEUU deja muchos agravios, odios, rencores e incomodidades así como insatisfacciones por los resultados sean los que vayan a ser. Amantes de las estadísticas como los propios norteamericanos, el periódico The New York Times contabilizó en las redes sociales de Trump la cantidad de seis mil insultos, entre ellos a los mexicanos, al islam, a su contrincante, y a quien bajo la lupa de su narcisismo le alcanzó a considerar propio del vituperio.

Es lamentable que Trump haya sembrado dentro de la población norteamericana un encono que difícilmente se erradicará y ha desatado a ciertos demonios que estaban enterrados o desterrados de una política internacional de ese país. Serán sospechosos entre si los propios ciudadanos, desconfiados y ahora con una nueva carga: insatisfacción frente a su sistema. Además, destruyeron los cimientos de las campañas electorales, porque la ciudadanía norteamericana se embelesó por el escándalo y la descalificación. Se olvidó que, lo quieran o no, siguen siendo la policía del mundo y quienes lideran la economía mundial, luego entonces deben mantener una postura de liderazgo en todo el orbe. La reconfiguración territorial y geopolítica que hemos venido atestiguando en todos los espacios  se ha acelerado sin encontrar quién se atreva a establecer moldes mediadores. Más bien se han agudizado los conflictos sin que se vislumbre una ruta de paz, negociadora o de presión con ciudadanos a nivel local, y con gobiernos de distintas latitudes.

A partir de esta fecha, los estadounidenses estarán inaugurando una etapa donde su democracia se juega no a partir de propuestas a su sociedad basadas en un programa de objetivos y planes de gobierno, sino de insultos, de formas de descalificación del rival, y de infamias sobre el otro, de performances pretendiendo engañar al electorado al victimizarse. Se inaugura un periodo donde es más importante la puesta en marcha de descalificación del adversario a partir de investigar el pasado oscuro  que la defensa  del “Grand Old Party”, un antiguo gran partido que guió durante décadas el camino de la democracia basados en una lucha de buena lid, de honestidad y de actos de buena fe.

Quedarán para la historia las posturas de su candidato republicano basadas en las rabietas y la descalificación, con frases tales como: “sólo reconoceré los resultados si gano”. “Los debates están amañados y por eso están contra mi” al referirse a que las encuestas no lo favorecen, y posturas o frases de esta naturaleza. Todo este escenario de desconfianza, de chantaje electoral y de bajezas políticas que muestran que los estadounidenses estarán jugando su destino desdeñando su histórico papel democrático. Se han mostrado tal como su postura latente que se fue erigiendo poco a poco: demócratas sin democracia, demócratas desconfiados de su sistema, demócratas defraudados por su gobierno y el mismo status quo, a tal grado de preferir a un personaje sin principios políticos ni éticos, y que pone por delante la chapuza, la afrenta al estado, y la descalificación de todos los actores que no lo apoyen incondicionalmente.

Los efectos colaterales de esta histórica jornada electoral norteamericana alcanzó a salpicar a México, a tal grado que los efectos de esa contienda entre Clinton y Trump se dejaron sentir de manera insospechada en todos los niveles de nuestra sociedad; la clase política, la sociedad en general, las instituciones y las empresas. Si la Presidencia de la República cometió el error de entrometerse en la campaña, favoreciendo la visita de un candidato y enfureciendo a la otra, la Legislatura, mediante la difusión de una fotografía de cuatro integrantes del senado  hacían el ridículo: portando camisetas de apoyo a una candidata de Estados Unidos teniendo como fondo el recinto oficial, donde la leyenda de la frase del héroe de la independencia reza “la patria es primero” y del Benemérito de  América, “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”. Y así como estos, otros personajes de la política la convirtieron en farándula queriendo sacar su tajada de la situación. Sin embargo la realidad nos sitúa en nuestro lugar, ni Margarita Zavala es Hillary Clinton, como tampoco López Obrador es Trump, ni los mexicanos radicados y nacionalizados tanto como los que estamos acá de este lado de la frontera decidiéremos el voto.

Habrá, eso sí, que elaborar en México, una estrategia para ubicarnos en el escenario de un nuevo gobierno gane quien gane la presidencia de los Estados Unidos. La dependencia de un solo mercado al que estamos sometidos no concuerda con un país con el mayor número de tratados de libre comercio en el mundo.

@manuelbasaldua