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Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo

  • Raúl Iturralde

Pareciera una moda, y a veces un exceso, que casi todo el año estemos celebrando el día de algo; los hay de todo tipo, para celebrar, para recordar, para rendir tributo, para atraer la atención sobre alguna problemática en particular; los hay de orden mundial, regional y local; también están los días, las semanas, los años y hasta las décadas internacionales conmemorativas.

Sin embargo, podemos acordar que sí se trata de reconocer algún día internacional, entonces debemos referirnos a los que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece oficialmente. Para la ONU hay 145 eventos que merecen conmemorarse con el nombramiento del día internacional o mundial, 10 semanas internacionales, y los años y decenios internacionales. Por ejemplo, este año ha sido nombrado el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.

El objetivo que se persigue con este tipo de iniciativas es, en palabras de la ONU: sensibilizar, crear conciencia, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.

De manera especial, del 6 al 12 de noviembre, es la Semana Internacional para la Ciencia y la Paz, y, específicamente, el 10 de noviembre es el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, y para este año el lema seleccionado es “Una ciencia para el entendimiento mundial”. El binomio ciencia y paz me parecen indisolubles, pues no podría entenderse la actividad científica si no se tiene por objetivo el contribuir a la paz de los pueblos; y a la inversa, no puede haber desarrollo científico sin un contexto de paz que permita el trabajo libre de los científicos.

En la resolución de la 71ª sesión plenaria del 6 de diciembre de 1988, la ONU proclama el Día Mundial de la ciencia y la paz, de dicha resolución quiero destacar algunos elementos importantes. Uno de ellos es el reconocimiento de que los avances científicos son decisivos para el desarrollo económico, el cual genera condiciones de estabilidad política y formas nuevas de convivencia pacífica. Otro elemento que se argumenta es la importancia de la ciencia para la defensa de los derechos humanos y el uso pacífico de los descubrimientos científicos.

De manera principal, está escrito en la resolución de la ONU, el objetivo de convocar a los Estados, a los gobiernos de todos los niveles, organismos no gubernamentales, universidades y comunidades científicas, a impulsar iniciativas que permitan construir una cultura de paz en la que la ciencia cumpla un papel destacado, continuo y de largo alcance.

Siguiendo los lineamientos del organismo internacional, una tarea inmediata que podemos y debemos atender es la de procurar el acercamiento de los investigadores con los organismos gubernamentales y la sociedad civil, estableciendo un programa de trabajo, abierto y propositivo, donde prevalezca el diálogo y la actitud de encontrar los puntos de acuerdo, para generar estrategias constructivas, de consolidación de un tipo de desarrollo basado en la ciencia y la paz.

En mi opinión, es importante aprovechar este espacio para lograr que la ciencia sea un tema de interés público y, como correctamente lo señala la resolución de la ONU, difundir el quehacer científico y demostrar los vínculos entre ciencia, paz, derechos humanos y desarrollo sustentable.