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Diálogo Universitario

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

La “sociología de los desastres naturales”, y la concomitante “antropología de los desastres” son asignaturas que deben incluirse en los programas de estudio en las ciencias sociales de las Universidades. Pero también deben ser elementos que se incluyan en las agendas de las oficinas de las autoridades de todos los niveles. Además, es urgente que se trabajen en escritos de divulgación para que la población en general conozca, asimile y los comparta situaciones de emergencia y comportamientos humanos frente a desastres.

Las grandes concentraciones urbanas y el aglutinamiento de poblaciones en espacios territoriales densos elevan el riesgo de los desastres, a lo que lleva directamente a considerarse como desastres sociales. Daniel Rodríguez V. (1998) ya advertía en su escrito de “vulnerabilidad y riesgos en el D.F.” de la Revista Ciudades No. 38, sobre tres agentes que el identificaba. A saber, el primero es el agente afectable; la sociedad, el entorno y los bienes; los agentes perturbadores, a los que el describe como los geológicos, los químicos, y los sanitarios; y por último, los agentes reguladores, que son las instituciones, la normatividad, los programas.

Se requiere un estudio sistemático desde la visión de las ciencias sociales que permita encontrar la articulación de las acciones y prevenciones para enfrentar los desastres naturales o contingencias de riesgo en los centros urbanos.  Los terremotos en la reciente historia mexicana han dejado en claro que nos falta mucho camino por recorrer en estos campos. Si bien en 1985 el terremoto frente a la ineptitud del gobierno la población sacó a relucir una actitud espontanea de solidaridad con las víctimas, y que después se le llamo “la sociedad civil”, nos mostró una intensa movilidad entre los agentes urbanos. Pero advirtamos que esta manifestación social es momentánea y se pierde en el marasmo de la compleja vida citadina y cotidiana. Si bien permanecen algunas manifestaciones de organización de esta sociedad civil, pronto son presas de los organismos políticos que los transforman en entes clientelares o electoreros en la mayoría de los casos.  Si bien es de aplaudirse la respuesta de los ciudadanos para responder a los efectos devastadores de los desastres, la exigencia de la presencia de las fuerzas militares indican la necesidad de las instituciones para regular y ordenar las acciones, disipando la idea de que la población civil se rige con autonomía y libertad de decisiones sobre su propio destino.

Los estudios sociales, nos pueden arrojar luz en el campo de la sociología y la antropología para que tengamos elementos sistemáticos sobre la respuesta de la población y el gobierno respecto a la prevención, y para afrontar las consecuencias.  En estos sismos del 2017, encontramos solidaridad pero también desconfianza y rechazo contra las autoridades y los políticos, debido a la falta de credibilidad para las instituciones tradicionales. Como ejemplo, vimos la pifia de la niña “Frida Sofía”.  También vimos una enorme decepción hacia la prensa y los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales que por ganar en inmediatez y notas exclusivas deformaron la realidad y trastocó la espontaneidad de la gente. El planeta Tierra nos tiene aún preparados varios retos, que pueden devenir en desastres sociales mayúsculos, y llevarnos a niveles de descomposición social.

Por eso, requerimos saber en forma metódica y sistemática que elementos y mecanismos se deben poner en marcha para articular convenientemente a la sociedad frente a los desastres naturales.

@manuelbasaldua