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Diálogo Universitario

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Los partidos políticos en México se han convertido en una dinastía moderna. Esta clase de soberanos, han cultivado su árbol genealógico, extendiendo sus ramas para mantener a sus miembros dentro de una elite que goza de los privilegios más exquisitos y abundantes, no tiene contrapesos, y como todas las tiranías, ha creado sus propias reglas para perpetuarse en el poder, sin que ninguna otra fuerza social la ponga en tela de juicio, y mucho menos que la sancione.

Aunque algunos de sus nuevos miembros surjan de las bases ciudadanas, al incorporarse al árbol genealógico se deslindan de su origen, y se arrancan sus raíces del “pueblo”. Sintiéndose parte de una estirpe intocable, la dinastía moderna, ha dado origen a luchas fratricidas, con traiciones entre la familia, y al paso del tiempo ha generado una cultura, un misticismo, y una serie de símbolos con los que inculca su supremacía y repitiendo esas traiciones.

La Asamblea Nacional del “Partido Revolucionario Institucional” que recién acaba de concluir en la Ciudad de México, nos ha mostrado que esa organización está compuesta de una base de integrantes que viven una realidad de ensoñación, de una realidad paralela, y que su dirigencia niega las más elementales cuestiones en las que se encuentra sumido el país, así como la responsabilidad de las criticas condiciones a lo largo y ancho de la patria. La raíz de esta dinastía está en el PRI. Las ramificaciones de ese árbol genealógico se extienden a los partidos de la derecha y de la izquierda, y a los que se han incrustado como liquen, o como muérdago, en la base de tan nombrada dinastía política mexicana

En su Vigésima Segunda Asamblea anunciaron la creación de la “Comisión de Ética” para combatir la corrupción. También se habló de su postura de acción para luchar contra el populismo, y remarcaron que los integrantes de esa organización política están en contra de cualquier retroceso del país, y que defenderán lo que tanto han construido los mexicanos. Que lucharán contra quienes tratan de confundir al país, tratando de regresar a México al pasado. Se refirieron a esos puntos como si este partido nada tuviera que ver en ellos.

El PRI demostró que no hubo ninguna pizca de autocrítica. Los gobernadores corruptos que han dejado en crisis a los ciudadanos de las entidades que los eligieron provienen de su seno. No hubo tampoco nada de introspección y ningún balance sobre lo que sus integrantes han hecho y siguen haciendo en la corrupción. No dudo que existan miembros en esa institución política con pensamiento distinto, pero se convierten en complices al no denunciar o solapar la corrupción galopante.

Como el PRI, los demás  partidos que sigan actuando como una clase dinástica, la realidad paralela seguirá existiendo y la desigualdad económica y social seguirá manteniéndose. De nada nos servirá decir que perseguimos el progreso cuando la corrupción campea en los gobiernos y la clase política. Todavía no se resuelve lo de Javier Duarte y otros gobernadores denunciados o con sospecha de robo de miles de millones, luego lo del socavón, y ya se destapa una nueva corruptela con personas cercanas al Presidente Peña Nieto con el caso Odebrecht. Y las resoluciones en la Asamblea Nacional se anuncian como si nada pasara. Los demás partidos políticos, antes de poner un final definitivo a esta desvergüenza, callan estratégicamente, por ser parte de esa dinastía moderna.

La esperanza que nos resta es que los jóvenes de todos esos partidos políticos, tengan un pensamiento diferente y sean congruentes con los ideales para construir un país correcto, y que se despojen de las mañas e ideologías colonialistas con que viven sus vetustos integrantes.

@manuelbasaldua