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Diálogo Universitario

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Un fantasma recorre el mundo, y es el fantasma de la violencia. La vida se encuentra trastocada por la agresión sistemática del hombre por el hombre. El recrudecimiento de los crímenes ha alcanzado niveles superiores justamente cuando pensamos que la modernidad, el desarrollo y el progreso llegan a su cúspide. Parece ser que las reminiscencias de la barbarie han resurgido como una enfermedad a la cual no se le conoce una cura inmediata.

Barcelona ha sido el punto emergente en el foco del terrorismo mundial en estos días, pero antes lo fue París, en Francia, y antes Boston en Estados Unidos, y así sucesivamente, como ejemplo de esta barbarie.

La Rambla de Barcelona es la herida abierta. Pero el lugar lejano, nos advierte que las agresiones pueden suceder en nuestra localidad. Allá el pretexto es la acción religiosa del Medio Oriente, o la venganza por la intromisión de fuerzas norteamericanas en terrenos sagrados para sus habitantes. El mes de septiembre nos avisa de un nuevo aniversario para recordar con cierto horror el atentado del día 11 en las Torres Gemelas.

México experimenta otro tipo de violencia, aunque de dimensiones similares a las del terrorismo. Aquí el terror es de baja intensidad. El gran problema es que se cataloga de otra forma debido a sus características de ataque minúsculo y que va desde la acción de un simple robo a mano armada hasta las llamadas “ejecuciones” por ajuste de cuentas entre “bandos” del crimen organizado como si fuera cosa aparte. Las ejecuciones se contabilizan en ocasiones hasta en una veintena de muertes en cada suceso, sin importar si son de los delincuentes o de agentes del estado. Las estadísticas indican mayores muertes que en aquellos atentados de Europa, sin que esto cause alarma entre nosotros.

Max Weber señala que si bien la violencia se encuentra en el seno de todas las sociedades, en cualquiera de sus ámbitos por diversas causas, se le llega a focalizar hacia fines disímiles, la violencia es aplicada en distintos escenarios llevada a cabo por múltiples agentes.

Es decir, entre los diversos grupos de humanos sus relaciones sociales se constituyen en formas organizacionales o incluso institucionales con la aparición de la violencia, donde esa aparición del crimen tiene una supuesta justificación. Weber se refiere a la articulación entre violencia y poder, donde se borra la línea entre quienes la ejercen, ya sea el gobierno o los delincuentes.

La violencia con tintes de terrorismo está ocurriendo en nuestras calles, cerca de nuestras casas, y ya no está quedando rincón alguno en donde nos podamos resguardar. Los sucesos de las llamadas “ejecuciones”, como el de la colonia Candiles la semana pasada nos indican que ya está presente el terrorismo en nuestro territorio nacional. Los eufemismos para llamarles de otra forma a las cosas,  aplicados a estos sucesos lo único que hace es esconder  la causa y el origen.

El avance de la violencia en nuestro territorio es directamente proporcional a la corrupción e ineficiencia de los gobernantes y políticos que ponen de manifiesto el quebrantamiento de las instituciones. Quienes debilitan al estado, envían el mensaje de la permisibilidad para el crimen y la impunidad. El enriquecimiento voraz de la clase política da puerta abierta a un terrorismo de estado. La sociedad debe poner un freno total e inmediato a quienes desean continuar con ese poder del control del estado, usurpado a los ciudadanos.

@manuelbasaldua