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Diálogo Universitario

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Ha tenido que suceder una crisis internacional para darnos cuenta del riesgo de la monodependencia a la que estamos sujetos los mexicanos en pleno el auge de la globalización. Desde hace treinta años, nos embelesamos con un mercado a modo con Estados Unidos que poco a poco nos fue situando en un estado de confort y de conformismo bajo el espejismo de un Tratado de Libre Comercio del Norte. Con este Tratado dejamos pasar los años y las oportunidades de crecimiento económico, productivo y comercial. Mientras, otras naciones se han diversificado y ampliado su mercado a niveles regionales, los mexicanos profundizamos nuestra dependencia con EEUU.

Es bien sabido que México tiene vocación de ser un país manufacturero y que su mercado natural son las diversas materias primas. Esto se ha acentuado porque la investigación y la tecnología no avanzan al ritmo de las necesidades del país. De hecho, nuestra nación sigue con ese adjetivo de maquilador porque el rezago educativo, y ahora las reformas estructurales, tienen en vilo la cuestión de la educación. Sin buenos proyectos para la investigación y la ciencia aplicada poco se puede hacer. La mano de obra sigue siendo única opción económica redituable tanto en el mercado interno como en el externo.

En el marco de esa dependencia laboral, también se encuentra la comercial donde el aguacate es un fruto muy noble. Quizás hasta puede convertirse en el emblema de la lucha contra el gobierno Trumpista norteamericano. Veamos porqué: el consumo de 100.000 toneladas de aguacate en la final del Superbowl nos da una idea del nuevo hábito de los estadounidenses cuando se sirven bocadillos. Ese fruto mexicano se ha convertido en el producto esencial de la temporada futbolera. Por eso llamó la atención el sorpresivo memorándum de la nueva administración gubernamental de los EEUU para impedir las importaciones del aguacate en esta víspera del campeonato mundial de futbol americano. La paciencia de sus ciudadanos seguramente tiene un límite y esto se palpará en su termómetro político, cuando no existan condiciones para cocinarse un sencillo y rico “guacamole”.

Pero ¿cómo llegó el aguacate a situarse en el paladar norteamericano? La historia del guacamole es reciente, y más cuando de futbol se trata. A principios del Siglo XX el aguacate que se producía en México tenía como destino el mercado interno y su producción era modesta. Pero debido a la migración de trabajadores a Estados Unidos -como sabemos, los estados de Oaxaca, Guerrero, Guanajuato y Michoacán- los trabajadores ilegales llevaban productos y hábitos para las comidas. Uno de estos ingredientes era el aguacate que no podía faltar en la mesa de los trabajadores. Así que sus jefes fueron conociendo y consumiendo el tradicional “guacamole”. De tal forma que se fue extendiendo el conocimiento de este producto y ahora vemos popularizarse el “guacamole” hasta convertirse en el platillo preferido de los pobladores estadounidenses. El consumo hace unas décadas era apenas de 400 gramos por persona anualmente, y ahora ronda los 3,000. De seguir la política del nuevo presidente de complicar el comercio con México, Estados Unidos se quedará sin ese manjar michoacano.

Pero más allá de este dato culinario, las cosas se ponen más serias cuando vemos que nuestro país destina muy poca cantidad de aguacate a otros mercados, tales como el europeo y el de oriente. En tanto que lo entrega en un porcentaje del 80 por ciento, de acuerdo a los datos de la APEAM (Asociación de productores de aguacate). Con las políticas de Trump en pocos días, ya se pasó un buen susto; hace unos días se rechazó la cantidad de varias toneladas de aguacate. ¿Qué se hacía con una producción tan grande como esa? El gobierno federal actuó rápido para redirigir 120 toneladas de ese día. Los ubicó en Canadá, y en el mercado interno. Pero ya salvado ese escollo, vemos que dependemos demasiado de este mercado norteamericano.

En resumen, México debe buscar otros mercados alternos para sus productos y jugar un papel protagonista en otros mercados. Se debe reforzar el camino de la investigación y la innovación tecnológica, para evitar la dependencia de EEUU. México debe observar nuevos horizontes para sus productos, tales como el aguacate. Al menos en Querétaro, se cuentan con Instituciones Educativas que son verdaderas alternativas, como la Universidad Politécnica, la misma UAQ, y otras instituciones educativas de educación superior, pero sobre todo de empresarios inteligentes y audaces. La cuestión es ampliar la visión sobre los horizontes comerciales y repensar la globalización.

@manuelbasaldua