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El Bolígrafo – Comunidad científica en Querétaro

  • Raúl Iturralde

En estos tiempos de incertidumbre, el papel que cumple la ciencia, la tecnología y la innovación es de primer orden, En el caso de Querétaro, el crecimiento de este sector ha sido vertiginoso y contribuye decisivamente en el perfil actual de desarrollo, pues ha generado innumerables productos de utilidad social y es un elemento que motiva la instalación de organizaciones productivas en la entidad.

Como lo he comentado en otros espacios, el primer paso importante hacia la conformación del ecosistema científico fue la creación del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (CONCYTEQ) en el año de 1986, en esos años se refuerza la atracción de centros de investigación y las instituciones de educación superior le asignan un papel preponderante a la investigación dentro de sus planes institucionales de desarrollo.

Otro momento que se puede identificar en este camino de crecimiento de la comunidad científica queretana, es a mitad de la década de los 90, cuando la UNAM y el CINVESTAV instalan sus áreas de investigación y con ellos llegan a radicar científicos de todas las áreas de conocimiento cuya calidad académica y experiencia motivaron la expansión y convirtieron a Querétaro en una región geográfica de interés para empresas de alto nivel de complejidad.

El tercer momento trascendental en el proceso de situarnos nacionalmente como un atractivo polo para el desarrollo científico y tecnológico, ocurre en los primero años del siglo XXI con el impulso del proyecto aeronáutico, en particular la creación de la Universidad Aeronáutica de Querétaro (UNAQ) y la instalación de grandes empresas aeronáuticas bajo el esquema de la triple hélice: empresa-comunidad científica-gobierno. Con este paso, se identificó la importancia de formar capital humano en las áreas que hoy se conocen como de especialización inteligente (manufactura digital, software embebido, nuevos materiales, biotecnología).

Durante ese periodo de 20 años, transcurridos entre 1986 y 2006, fue evidente el gradual y sistemático crecimiento de centros de investigación (públicos y privados), universidades que participan en actividades de investigación, empresas y empresarios que han asumido la idea de que la innovación es la principal fuente para la productividad y la competitividad. Aquí se incluye el esquema de gobernanza basado en la confianza y la toma de decisiones en función de las políticas públicas y el apoyo a las iniciativas de la comunidad científica.

En la actualidad, el nivel de crecimiento e integración alcanzado, nos permite reconocer un cuarto momento esencial en la vida de la construcción y consolidación del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación. Comparto con ustedes dos indicadores de este cuarto momento. El primero es el fortalecimiento de la investigación de frontera que se viene realizando, aunado a la capacidad técnica y social del capital humano, así como la formación, promoción y capacitación con un alto nivel académico. El segundo indicador es la atención a las áreas de oportunidad y prioritarias de desarrollo examinadas en el diagnóstico realizado por los diversos actores de la comunidad científica y en plena alineación con las necesidades y demandas de la sociedad.

En mi opinión, se debe mantener una línea ascendente en el trabajo científico, en todas sus dimensiones, para garantizar que la ciencia, la tecnología y la innovación, sigan siendo un agente estratégico en la atención y solución de los problemas sociales más apremiantes del estado de Querétaro.