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El Bolígrafo – El empleo y sus posibilidades

  • Raúl Iturralde

El trabajo humano es la actividad principal mediante la cual las sociedades generan riqueza para alcanzar determinados niveles de bienestar, tanto colectivo como individual; el volumen de esa riqueza depende de la forma en que una sociedad se organiza para producir las mercancías que habrán de consumir para satisfacer sus necesidades, de cómo decide aprovechar los recursos naturales, de la capacidad para incrementar progresivamente la productividad y, en la época moderna, de sus fortalezas a la hora de innovar procesos y productos para ser competitivos y posicionarse en el mercado mundial.

Las sociedades contemporáneas centran sus esfuerzos en torno a la generación de empleos, es decir, en torno al trabajo humano sujeto a las relaciones laborales vigentes. Un empleado recibe un salario a cambio de su trabajo, y la gran mayoría de las personas en edad productiva aspiran a tener un empleo bien remunerado.

Sin embargo, se identifican dos problemáticas. Una de ellas es la dificultad de encontrar un empleo que garantice un buen salario, estabilidad y prestaciones sociales, y ocurre en todo el mundo, sean países desarrollados o en vías de desarrollo. Al respecto, les presento dos ejemplos.

En el Informe económico del año 2013 del Presidente Obama, se menciona la caída del poder adquisitivo, en 1973 el salario semanal más alto alcanzaba los 341 dólares, en 2013 descendió a 295 dólares. En México, de acuerdo con la información que proporciona el Centro de Análisis Multidisciplinarios de la Facultad de Economía de la UNAM, afirma que en los últimos 30 años el salario mínimo ha perdido el 75 por ciento de su poder adquisitivo. Son cuestiones que afectan considerablemente el desarrollo económico y social.

La segunda problemática que quiero referir es el vinculado al desarrollo tecnológico y, en específico a la tendencia creciente de utilizar robots en diversas fases de los procesos productivos, en actividades administrativas y de servicios. Los robots van ganando terreno, ya dejaron de ser las simples herramientas que ayudaban a mejorar la productividad del trabajador, ahora los robots de nueva generación se están convirtiendo, todas las distancias guardadas, en “trabajadores”, pues ya integran capacidad visual, cálculo espacial y destreza, pueden interactuar con los humanos y, bajo ciertas condiciones, llevan a cabo algo semejante a “tomar decisiones” y tienen un dominio casi absoluto de las acciones rutinarias y predecibles.

Martin Ford, en su libro “El ascenso de los robots”, menciona que la presencia de los robots está impactando negativamente en el número y calidad de empleos en el mundo. Los robots son más económicos y su capacidad productiva parece no tener límites no se enferman ni crean tensiones en los ámbitos laborales.

En mi opinión, no debemos caer en el extremo del catastrofismo tecnológico, ni en el pesimismo de creer que ya nada se puede hacer. Por el contrario, tenemos que reflexionar en torno de las nuevas necesidades de formación y capacitación para el trabajo; tanto la educación escolarizada como los espacios de capacitación técnica deben emprender el desarrollo de nuevos modelos académicos para la adquisición de las competencias que se están demandando para que las nuevas formas de trabajo no sean el obstáculo para el crecimiento del empleo.

Lo anterior exige coordinar esfuerzos de todas las instituciones educativas, de los organismos privados y de los gobiernos encargados del diseño e instrumentación de políticas públicas en cuestiones de empleo y crecimiento económico.