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El Bolígrafo – El escenario desglobalizador con Trump

  • Raúl Iturralde

El 20 de enero de 2017 es la fecha marcada para que Donald Trump asuma la presidencia de los Estados Unidos, es un momento importante e interesante porque llega un empresario con un discurso radical de derecha, que quiere poner de cabeza el orden económico mundial, que intenta reestablecer la política del garrote para mantener el control sobre el mundo y busca imponer una ideología conservadora y agresivamente discriminatoria. Puede ser un punto de inflexión en la historia misma de la humanidad.

Las declaraciones que venimos escuchando desde el periodo de la campaña, constituyen un intento sui géneris de modificar el modelo económico para hacer una extraña mezcla de libre mercado con intervencionismo estatal; sin embargo, el panorama no se muestra muy favorable para que los dichos de Trump se concreten sin grandes peligros para la propia economía de los Estados Unidos.

Incrementar aranceles, impedir inversiones de empresas estadounidenses en los países clasificados como nocivos por el nuevo Presidente y presionar para que las inversiones se queden en su territorio, enfrentan grandes obstáculos pues las leyes y acuerdos internacionales impiden que se tomen decisiones unilaterales y modificarlos supone largos y enmarañados procesos jurídicos. Por otra parte, es evidente que las decisiones de invertir en otros países está directamente asociado al bajo costo de la mano de obra en los países del tercer mundo; por ejemplo, un obrero norteamericano cobra un salario diario de hasta 30 veces más que un obrero mexicano.

En lo que refiere a la política exterior, Trump apuesta por la radicalización de las tensiones con los países que identifica como enemigos y quiere imponer las prácticas impuestas por George Busch hijo cuando ocurrieron los lamentables atentados del 11 de septiembre de 2001: todos son terroristas hasta que demuestren lo contrario. En este escenario, ningún país está fuera de la esfera de presión de la política del nuevo poder imperial.

No podemos dejar a un lado los conflictos suscitados por sus posturas contra los inmigrantes mexicanos, contra los musulmanes, contra las mujeres, los discursos cargados de racismo, altamente discriminantes, motivan y movilizan a los grupos que defienden la supremacía blanca, éstos se sienten empoderados y actúan agresivamente contra las minorías.

¿Quién imaginó que un empresario con nombre de pato de Disneylandia, corto de ideas, repetitivo en sus frases, le ganaría la Presidencia de los EU a la poderosa y experimentada Hillary Clinton? ¿Es el inicio de la era del regreso a las naciones encerradas a piedra y lodo, con estrictas fronteras geográficas e incluso con muros a la usanza feudal para impedir el ingreso de los bárbaros? ¿Es, acaso, el tiempo de un nuevo orden mundial edificado sobre la base del miedo?

El proyecto económico-político-ideológico que se empezará a instrumentar a partir del 20 de enero en los Estados Unidos, coloca al mundo entre la espada y la pared; el estilo personal de Trump puede parecer absurdo, exagerado, poco creíble y sin futuro, pero cuando muy pocos lo esperaban sorprendió con su triunfo en las urnas. Ahora con los hilos del poder en sus manos, lo imprevisible adquiere visos de cruenta realidad.

En mi opinión, se abre un periodo de incertidumbre y riesgo, independientemente de que logre o no imponer sus proyectos, los años que se avecinan serán fuertemente desafiantes. Aunque no está nada escrito, desde luego el horizonte de futuro no es nada halagüeño y exigirá de las naciones actitudes llenas de responsabilidad, firmes y creativas para enfrentar la ofensiva que será dirigida desde la Casa Blanca de Washington.