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El Bolígrafo – El nuevo mundo con Trump

  • Raúl Iturralde

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, felicitó a Donald Trump por su triunfo en las pasadas elecciones, abrió las puertas de la Casa Blanca para iniciar el proceso de entrega-recepción y le aseguró que el proceso sería terso, tal y como sucedió ocho años antes cuando Bush entregó la Presidencia. Obama señaló a los medios que confiaba en el cambio de poderes primero porque fue resultado de un proceso democrático y segundo porque, reproduzco textualmente la cita publicada en el Diario de Querétaro “No somos demócratas o republicanos primero: somos estadounidenses primero”. La pregunta que flota en el aire es si Trump hará lo mismo cuando concluya su mandato en cuatro u ocho años.

La llegada de un personaje como Trump a la presidencia del país más poderoso del mundo, cuyo perfil es el del político de la más vieja escuela del conservadurismo, ha sembrado muchísimas dudas respecto a lo que ocurrirá a partir de que tome posesión; por supuesto que su llegada se suma a la oleada mundial de la ultraderecha, tal y como ya lo hemos venido comentando en artículos anteriores. Vivimos una época del retorno de los fundamentalismos económicos y políticos, estamos inmersos en sociedades con cargas inusuales de rencor y odio, emociones que están regulando las relaciones humanas, vivimos el tiempo de las conductas extremas, entre la violencia y la indiferencia, entre el descontento y las acciones que pretenden acabar con la diversidad de pensamiento.

Algunos han querido ver en Trump la versión extrema y recargada de Ronald Reagan y de los Bush (padre e hijo), pero no es así, aquellos mantuvieron sus postulados de apertura económica de los mercados, mientras que Trump tiene un discurso marcado por un rancio nacionalismo económico, en el cual llama a defender a las empresas, empresarios y trabajadores estadounidenses a partir del cierre de fronteras, lo que pone en cuestión las políticas neoliberales de Milton Friedman que desde los años 70 se han impuesto en el mundo. Habrá que ver la respuesta de las grandes corporaciones cuando Trump les diga que no pueden invertir en cualquier país y que primero lo deben hacer en Estados Unidos.

En el ámbito político, algunos han dicho que es un discurso populista dirigido a los grupos de raza blanca, cuya situación económica es débil, de baja escolaridad y que cultivan formas xenófobas de pensar, también lo dirige a los sectores más radicales y descontentos con las políticas sociales de Obama.

Sin embargo, en mi opinión, el discurso de Trump es más bien de corte neopopulista, porque no responde a los discursos populistas tradicionales cargados de mensajes ideológicos y basados en expectativas que difícilmente serán cubiertas y que, principalmente, en lo que llevamos de este siglo, se ha convertido en un discurso propio de los sectores de izquierda.

El neopopulismo de Trump responde a una idea de un nacionalismo patriotero con tintes sentimentales y agresivos, con base en el sentido común, en el pragmatismo extremo y en la lógica de utilizar toda la fuerza para imponer las ideas.

Apenas estamos digiriendo el suceso que ha conmovido a propios y extraños, es cosa de esperar para ver hasta dónde está Trump dispuesto a llegar y si surgen grupos de presión que contengan su pretensión de regresar a los tiempos de los economías cerradas y de la política del garrote como forma de dirimir las diferencias entre las personas y los países.