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El Bolígrafo – Elecciones en el bache

  • Raúl Iturralde

Pues las cosas no pintan bien en el país. En redes sociales, en comentarios de expertos y, creo que en toda la opinión pública, queda la sensación de que, los grandes perdedores son la sociedad y la democracia. De los procesos electorales para Gobernador (en este momento no considero el caso de Veracruz, donde se eligieron presidencias municipales y cabildos), solamente en Nayarit se puede hablar de un claro ganador; en Coahuila el Instituto Electoral está llamando a esperar al conteo total para poder definir un ganador. Mientras que en el Estado de México, el Instituto Electoral ha marcado como ganador a Alfredo del Mazo, el margen es muy reducido y el Partido Morena sostiene que ha triunfado y empieza a señalar el fraude electoral y a perfilar un discurso de defensa del voto de consecuencias impredecibles.

Lo cierto es que a mitad del día lunes 5 de junio, la situación política del país se enrarece y la tensión entre los actores políticos crece desmesuradamente. Los partidos han contribuido a este calentamiento al hacer declaraciones triunfalistas antes de tiempo, contribuyendo a crear un ambiente de escepticismo y, en caso de que no gane su candidato, procederán a descalificar el resultado emanado de las urnas. Una vez más la desconfianza, la descalificación, la manipulación de los datos se han convertido en las banderas de promoción de los partidos. Una vez más, la democracia debe ceder su sitio al rumor, a las agresiones verbales y a las situaciones de tensión.

Lo preocupante de esta situación es que tanto el resultado final como las decisiones de los institutos electorales de a quienes le entregaran la constancia de mayoría, son una muestra palpable de que los próximos gobernadores carecen de legitimidad ante la ciudadanía. Permítanme explicarme. En los tres estados, el porcentaje de electores que acudieron a las urnas representa alrededor del 50% del total; y de esa mitad de votantes, los ganadores estarán en un rango del 32% (tal es el caso del Estado de México), al 40% (puede ser el caso de Nayarit); estas cifras indican que los próximos gobernadores fueron electos por algo así como el 17 o 18% de los ciudadanos, considerando el dato contrario, quiere decir que un poco más del 80% de los electores con credencial del INE no votaron por el que va a Gobernar.

Por otra parte, las tendencias que se alcanzan a entender prefiguran situaciones interesantes para el 2018. Por un lado, el partido Morena se muestra como un serio contendiente para la elección presidencial, el PRI se ve muy acotado en los resultados y se observan dificultades futuras en su intención de conservar el poder central. Interesante es el resultado de la alianza entre PAN-PRD, que muestran un potencial a explotar para 2018. Mientras que del lado de las candidaturas ciudadanas, los resultados son pobres, muy pocos votos obtenidos y propuestas programáticas que no lograron trascender ni permear entre la ciudadanía.

En fin tendremos que esperar los resultados definitivos, pero las acusaciones de fraude electoral, elección de Estado, son indicadores de un panorama postelectoral muy complicado y desgastante para el país en su conjunto.

En mi opinión, los aspectos mencionados (gobiernos no legitimados en las urnas y los nuevos escenarios de alianzas entre las fuerzas políticas), son mal vistos por la ciudadanía; en los hechos, la ciudadanía está descalificando el proceso, su forma de expresarlo es alejándose de las urnas. Ante esta falta de legitimidad la clase política está obligada a actuar y es impostergable la segunda vuelta electoral; persistir en esa falta de sensibilidad hará que el costo para el país sea muy superior.