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El Bolígrafo – Elecciones en el Estado de México

  • Raúl Iturralde

Terminan las campañas en el Estado de México, el próximo domingo 4 de junio los mexiquenses acudirán a las urnas, más de once millones de electores definirán qué persona y qué partido político dirigirá los destinos de esta importante entidad de la República Mexicana. Seguramente el lunes 6 de junio arrancará la carrera por la Presidencia de la República.

Todos los partidos políticos consideran que las elecciones en el Estado de México son fundamentales, no sólo para gobernar ese estado, sino para establecer las tendencias de las elecciones presidenciales de 2018. Y no les falta razón. Es una entidad con una fuerza económica enorme, representa casi el 15% del padrón electoral total y su proceso de elección de Gobernador se produce a pocos meses de que los partidos políticos definan a su candidato a la Presidencia de la República.

Lo negativo es la guerra política que se han declarado los contendientes. Los más de 330 millones de pesos de gastos de campaña se han utilizado para agredir a los otros; todos los candidatos recorrieron de arriba abajo los 125 municipios, repartieron discursos, promesas, denostaron a los rivales, y hablaron de salud, educación, economía, empleo, desarrollo sustentable; hicieron propuestas sobre cómo acabar con la inseguridad y con el narcotráfico, Sin embargo, en opinión de expertos en política, comentaristas de los medios de comunicación y en la gran mayoría de los ciudadanos, queda la sensación de un vacío de propuestas.

Hay, entonces, un fuerte problema de contenido, los planteamientos programáticos carecen de peso, los diagnósticos son cortos y repetitivos, todos hablan de acabar con la corrupción, con el rezago educativo, de abatir el desempleo; en los hechos no hay forma de llevarlas a cabo porque no se presentan ideas claras para instrumentarlas.

Pero también hay serios problemas en las formas en que se desarrollaron las campañas, el centro de atención fueron las descalificaciones, la búsqueda del voto a toda costa, sin importar los principios partidarios. El pragmatismo sin sentido ha sido la nota de estas elecciones, la búsqueda de alianzas tratando de sumar candidatos y votos, lo único que viene a demostrar es la debilidad de la cultura política mexicana y la corta visión de la clase política.

En el extremo, la ciudadanía y sus problemas, sus proyectos, demandas y anhelos no aparecieron por ningún lado, ni en los discursos, ni en las propuestas, solamente son vistos como votos potenciales para ganar y acceder al poder. Es una lástima porque en una democracia lo esencial debe ser la atención y solución a los problemas sociales, debe ser la búsqueda de políticas públicas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de todos los sectores sociales.

El primer resultado de este proceso es que se espera un nivel de abstención cercano al 50%; lo que quiere decir que la mitad de los electores (menos seis millones) elegirán al ganador. Y si nos atenemos a las tendencias del voto, sucederá que el nuevo Gobernador llegará con algo así como el 25% del total de los posibles electores.

En mi opinión, las elecciones en el estado de México ponen nuevamente en el escenario político la necesidad de reformas en materia electoral, por lo menos en dos sentidos. Uno, para obligar a los partidos políticos a realizar campañas propositivas y no basadas en la descalificación del otro. Dos, para establecer la segunda vuelta electoral para una mayor legitimidad del candidato ganador.