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El Bolígrafo – Fin de año convulso

  • Raúl Iturralde

Entramos al último bimestre de 2016 y el sello distintivo es la convulsión de los gobiernos en diferentes partes del mundo. Para cuando este artículo llegue a las manos de los amables lectores del DIARIO DE QUERÉTARO, se conocerán los resultados de las elecciones en Estados Unidos y con ello se exteriorizan los temores de ciudadanos y grupos de poder ante la perspectiva de un nuevo gobierno; en España, Mariano Rajoy terminó ganando la presidencia de España después de un largo periodo en el que prevaleció el vacío de poder y que todavía no se vislumbra un escenario político de estabilidad.

En México, la administración de Enrique Peña Nieto no ve la puerta ante los problemas que le llegan en cascada, principalmente la ola de violencia en ascenso que coloca al mes de octubre como el más violento del sexenio y provoca que la percepción de inseguridad se dispare, poniendo en tela de juicio el accionar de los órganos gubernamentales encargados de garantizar la seguridad de sus habitantes. En Venezuela Nicolás Maduro enfrenta un posible referéndum para ser removido del cargo y para evitarlo recurre a prácticas cuestionables de control ciudadano. En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos debe lidiar con la negativa ciudadana al acuerdo de paz con las FARC y con ello ese país vive en un marasmo del cual no aciertan a identificar las vías de solución y exhibe a un gobierno disminuido.

Agreguemos los efectos del Brexit en Inglaterra, la consolidación de la ultra derecha en Holanda, Italia y Francia que ponen en tensión a los actores políticos. En suma, se padece a nivel mundial un alto grado de confusión y desilusión por el accionar de sus gobiernos. Y ante este panorama, la pregunta es ¿hacia dónde?

En esta ocasión me interesa llamar la atención sobre algo que cuestiona Ikram Antaki en su libro “El Manual del Ciudadano Contemporáneo”, referido a la figura del Estado-Nación y su eficacia para administrar los asuntos del gobierno y satisfacer de manera equilibrada las demandas y necesidades de sus gobernados. Para Antaki, prolífica escritora siria que radicó en México gran parte de su vida, la globalización provocó la pérdida de visibilidad del estado, le redujo su papel a simple administrador de las grandes corporaciones, apagando sus estructuras jurídico/políticas, de tal modo que las leyes e instituciones del gobierno encargadas de la estabilidad y el orden público, carecen de estrategias para dar certidumbre a la ciudadanía.

En la actualidad lo visible es la ineficacia y el desmoronamiento de las instituciones públicas, cuyo efecto inmediato es la pérdida de confianza de parte de la ciudadanía, quienes no le encuentran sentido ni significado a su existencia y reclaman la desaparición de esas estructuras burocráticas.

En mi opinión, y recurriendo nuevamente al señalamiento de Antaki, tenemos que inculcar los valores de la participación informada y organizada entre los ciudadanos para recambiar el estado de cosas actuales, trabajemos para inculcar los principios éticos de una sociedad democrática a las personas en todos y cada uno de sus círculos de vida: la familia, la colonia, el trabajo, su comunidad, sus grupos de identidad. Creo que es una posibilidad para impulsar una nueva forma de relación entre gobernados y gobernantes.