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El Bolígrafo – Las comunidades científicas y el desarrollo sustentable

  • Raúl Iturralde

El pasado 31 de julio, INEGI, mediante un comunicado de prensa, dio a conocer las cifras del crecimiento de la economía mexicana durante el segundo trimestre de este año 2017. 0.3% ha sido el crecimiento de las actividades de los sectores productivos en el país con respecto al primer trimestre del año, el acumulado refleja una tasa de crecimiento del 2.3% respecto del mismo periodo de 2016. Algunas opiniones ven un buen ritmo de crecimiento, otras opiniones hablan de una ligera tendencia hacia la desaceleración y otras más se muestran escépticas de las cifras reportadas.

Por otro lado, hay que rescatar el crecimiento observado en el estado de Querétaro en estos primeros meses del año, 6.1%, más del doble que el porcentaje nacional. Destacan en este crecimiento el buen comportamiento de la industria manufacturera que crece a un ritmo del 7.9% anual y de las actividades del sector primario, cuyo crecimiento en el primer trimestre del año alcanzó 15.9% y el sector servicios solamente el 4.2%.

De hecho, Querétaro, en los últimos 10 años ha mantenido una tasa de crecimiento promedio anual del 5.4%, cifras que de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), lo posiciona en primer lugar en el ámbito nacional, seguido por Aguascalientes con el 4.9% y Quintana Roo con 4.4%. El dato anterior nos muestra que las estrategias de desarrollo seguidas han sido progresivas y que en el futuro inmediato se deben fortalecer las acciones para no decaer en el ritmo de crecimiento, pues sigue habiendo dificultades que requieren de la máxima atención, principalmente en estos tiempos de incertidumbre, donde la renegociación del Tratado de Libre Comercio y los radicalismos de todo tipo generan miedo y temor entre la población.

El problema más importante es la baja productividad que tenemos frente a otras naciones, ocupamos el lugar 58 en el Índice Global de Innovación, debido a que nuestra estructura industrial se compone en un 90% con empresas micro y pequeñas, las cuáles tienen poca capacidad para competir internacionalmente y generar prácticas constantes de mejoras productivas. A esta situación debemos agregar que la cuarta revolución industrial nos ha colocado en una situación que exige, entre otras cosas: a) mejorar nuestras capacidades y conocimientos tecnológicos, b) incrementar nuestro conocimiento para agregar las nuevas tecnologías en las empresas, y, c) incorporar a los trabajadores mexicanos en actividades de alto valor agregado.

En el diagnóstico y diseño de alternativas de solución para los aspectos mencionados, el ecosistema de ciencia, tecnología e innovación debe participar activamente generando conocimiento e incorporándolo a las prácticas de mejora continua de las organizaciones productivas.

En mi opinión, los planteamientos anteriores conducen a la necesidad de que los organismos encargados de coordinar y vincular los esfuerzos de la comunidad científica, como es el caso del CONCYTEQ, asumamos un mayor compromiso en el desarrollo de programas estratégicos que ayuden efectivamente a crear condiciones de un tipo de desarrollo económico sostenido y sostenible. En estos paradójicos tiempos de economías globalizadas en procesos locales de desglobalización, la investigación que genera nuevo conocimiento y la innovación que permite poner en práctica los grandes descubrimientos científicos, son pilares indiscutibles para el crecimiento económico y el bienestar colectivo.