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El Bolígrafo – México entre dos fuegos

  • Raúl Iturralde

No han pasado ni quince días de que Donald Trump llegó a la Casa Blanca y la mayoría de las naciones expresan su preocupación y molestia por las medidas que viene adoptando. Sin importarle la situación ecológica ordenó la reanudación de dos oleoductos que se consideraban dañinos para el medio ambiente, firmó la salida de EU del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés), anunció la construcción del muro en la frontera con México y estableció diversas medidas en contra de los inmigrantes, mexicanos y de los países de mayoría musulmana.

Gobiernos de Francia, China y Alemania principalmente han fijado posturas muy claras respecto a las declaraciones y acciones del Presidente de los EU; otros, como Canadá, se muestran temerosas y se mantienen al margen de los acontecimientos. Por su parte, el Gobierno Mexicano no da señales de vida, tiene posturas zigzagueantes, a veces firme, negociador y confiado, en otras, desconfiado y temeroso, por momentos con alternativas, en otras sin ellas, mostrando que se obsesiona por no molestar al poderoso Presidente del país vecino, cuyas actitudes son las de un payaso loco cada vez que habla o escribe un tuit.

Con respecto a la cuestión del muro y las negociaciones entre ambas naciones, el equipo mexicano encabezado por Luis Videgaray le vendió al país la ilusión de que las negociaciones serían exitosas. Tan fue así que se apresuraron a organizar una reunión entre Peña y Trump, con la expectativa de evitar que los vecinos siguieran insistiendo en que los mexicanos pagáramos el costo del ignominioso muro. El resultado lo conocemos, no sólo insisten en la exigencia del pago del muro, sino que amenaza con impuestos excesivos a los productos mexicanos y, finalmente, Trump condiciona la reunión con Peña Nieto. Después de la vapuleada, salió la “dignidad del Gobierno Mexicano” y se anunció que no se asistiría a la reunión. Y si bien es de reconocerse y apoyar la decisión, ésta llegó algo tarde, después de que se cansaron de intimidar y humillar.

En síntesis, los mexicanos estamos dirigidos por un gobierno débil, cargado de inseguridades y temeroso de tomar decisiones firmes ante un gobierno que nos hostiga y amenaza constantemente, vulnerando la soberanía nacional. No lo olvidemos, somos un país soberano y esa soberanía no está, ni debe estar, en la mesa de negociaciones; somos un país que ha logrado formar un capital humano de primer orden, con capacidad de generar riqueza para el país; el problema es que esa riqueza, como lo afirma Thomas Piketty en su obra “El capital en el siglo XXI”, está mal distribuida y es fuente de violencia social, cuestión que la clase política mexicana minimiza y sigue hundida en el mar de la corrupción.

Así las cosas, en mi opinión, México está entre dos fuegos. Por un lado, el nuevo gobierno de los Estados Unidos que, debido a su perversa y malintencionada visión de las cosas, nos identifica como los causantes de los trastornos económicos y sociales de su país. Del otro lado, está el gobierno mexicano y su clase política que siguen solamente los dictados de sus intereses de grupo y no se interesan en crear una auténtica visión de lo que un país soberano debe ser.

La actual coyuntura de crisis económica, política y social, aunada a la amenaza que significa Donald Trump, es una nueva oportunidad para repensar nuestro presente y mirar hacia un nuevo futuro en el cual la ciudadanía genere el nuevo espacio de participación política para la distribución equitativa de la riqueza, rescatar nuestra maltrecha soberanía y reducir la  violencia social.