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El Bolígrafo – Políticos electos y electores

  • Raúl Iturralde

Los problemas económicos siempre sacan a la luz las diferencias entre los distintos grupos políticos, donde la ciudadanía termina tomando la postura de uno u otro, sin posibilidades de abrir nuevas opciones. Lo vivimos en el mes de enero con motivo del aumento a la gasolina; por un lado encontramos la respuesta indignada de los ciudadanos, quienes mediante el uso de las redes sociales y el llamado a manifestarse pacíficamente trataron de forzar un cambio en la decisión del gobierno federal. También nos enfrentamos a situaciones de tensión y crisis social, producto de los actos de saqueo a algunos establecimientos comerciales y la propagación de rumores que pugnaban por la desestabilización del país.

Por su parte los partidos políticos se confrontaron abiertamente y e intercambiaron agresiones verbales y se culparon unos a otros de ser los responsables de la errónea conducción de la política económica del país. Lamentablemente en este proceso de dimes y diretes no se logró ningún acuerdo positivo para el país, y ante la cercanía del nuevo ciclo de procesos electorales que concluirá en poco más de un año con la elección del próximo Presidente de la República, el ambiente tiende a enrarecerse, no se observa un panorama político sano, cuestión que debe preocuparnos y llevarnos a la búsqueda de posibles soluciones que nos muestren un horizonte de amplia participación de todos y cada uno de los sectores de la población.

En plena era de la sociedad global proclamada por Marshall McLuhan a principios de los años 70 del siglo XX, con la irrupción de la tecnología y la inimaginable expansión de la sociedad del conocimiento, los principios básicos de la convivencia social siguen vigentes.

Uno de esos principios es el reconocer la importancia de la participación política de todos para impulsar el tipo de sociedad que queremos; pues como bien lo apunta Fernando Savater en su libro “No te prives, defensa de la ciudadanía”, en las sociedades democráticas unos son políticos electos y otros políticos electores, ambos somos responsables y debemos estar comprometidos con las decisiones que se toman, desde luego hemos de considerar que si bien todos somos responsables, también es cierto que el mayor grado de responsabilidad le corresponde a los políticos electos.

Un segundo principio básico a considerar es no olvidar que vivimos en un Estado de Derecho, y que la aplicación de las leyes vigentes, nos guste o no, debe ser una práctica política cotidiana. Respetar y cumplir la legislación es la mejor forma de enfrentar todo tipo de opresión y conductas totalitarias. Nuestras leyes son producto de un proceso histórico, de grandes luchas, de enormes sufrimientos de nuestros antecesores; cumplir con ellas es una forma de honrarlos.

También es cierto que toda ley es perfectible, de eso no hay duda, y para ello hay mecanismos jurídicos, instancias sociales y oficiales para modificar aquellas que creemos obsoletas o contrarias a las condiciones actuales.

Vivimos tiempos en los que son grandes las tentaciones a brincarse las leyes nada más porque no les gustan o porque no conviene a los intereses de alguna fracción de la sociedad, a no respetar la existencia de las instituciones sociales, a tratar de imponer un punto de vista de manera unilateral, son conductas y formas de pensar que están permeando en la sociedad mexicana y generando fuertes tensiones sociales.

En mi opinión, la ciudadanía debe estar alerta para evitar que los procesos políticos se tornen en zonas de conflicto y violencia electoral. La ciudadanía, en su calidad de políticos electores, tiene la posibilidad de reencauzar el comportamiento de los políticos electos para crear nuevos espacios de discusión y reivindicar, por lo menos, los principios básicos de la convivencia social que he enunciado en el presente artículo periodístico.