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El Bolígrafo – Sobre reglamentos comerciales

  • Raúl Iturralde

El pasado 18 de julio, clientes de una gran cadena comercial de venta al menudeo de la ciudad de Campeche se percataron de un error en el precio publicado en televisores de 42 pulgadas. La PROFECO determinó que la tienda debía de respetar el precio “anunciado”. Mientras que algunos podrán verlo como una victoria del ciudadano frente a la gran compañía, lo cierto es que uno o varios empleados fueron fuertemente castigados o despedidos por el incidente.

Este tipo de sucesos puede tener un efecto negativo en la percepción de México ante potenciales inversionistas. Una persona planteando instalar una tienda en México podría reconsiderar su decisión al ver que un pequeño error puede costarle miles de pesos. Aún si decidiera abrir la tienda, el posible inversionista tendría que aumentar sus precios para evitar posibles errores como el de la tienda comercial mencionada.

El origen de este problema es el derecho mercantil mexicano. El código de comercio fue promulgado en 1889; el cual está basado en el código francés de 1807 y el español de 1829. Dos problemas surgen de este hecho, el primero es que el promotor del código francés, Napoleón Bonaparte, no tenía una buena opinión de los comerciantes; el segundo, que el legislador de 1889 decidió basarse en las legislaciones en boga a falta de una legislación oficial.

Estas legislaciones incluían códigos creados por los mismos comerciantes, por tanto, se diseñaron para lidiar con las vicisitudes propias del comercio al basarse en usos y prácticas mercantiles. El legislador de 1889, decidió eliminar los usos y costumbres mercantiles como normas supletorias y poner en su lugar el código civil.

El código civil no está diseñado para lidiar con el rápido cambio que se produce en el comercio, está basado en estrictas clasificaciones legales, lo cual impone altos costos para aquellos que deciden dedicarse al comercio. El resultado es que México se ha convertido en un seguidor en lugar de un innovador en temas mercantiles y ejemplo para otros países

México tiene todo para ser líder en cuestiones mercantiles: salidas a dos de los océanos más importantes del mundo, una frontera con el mercado más grande e importante del planeta, una economía relativamente estable, compañías grandes y competitivas.

Sin embargo, nuestro país se ha limitado a imitar de mala manera a las instituciones mercantiles de otros lados. Ejemplos de ello están los no muy exitosos intentos de implementar en México los bonos respaldados por hipotecas (de Alemania y los Estados Unidos), las sociedades anónimas simplificadas (de Colombia), o las prendas sin transmisión de la posesión (de Estados Unidos). Todas estas instituciones son copias de otros sistemas jurídicos, en lugar de haberse originado y desarrollado en el país. De nuevo, esto se debe a que el sistema jurídico mexicano no permite la innovación.

En mi opinión, es necesario reformar el sistema mercantil. Ahora que el vecino del norte decidió renegociar el TLC, aprovechemos la oportunidad de reformar la normatividad comercial. El primer paso es quitar el código civil como norma supletoria en el código de comercio y en todas las demás normas mercantiles. El siguiente paso sería crear un nuevo código basado en principios, usos y prácticas comerciales que consideren, de forma equilibrada, las necesidades de los comerciantes.