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El Bolígrafo – Turismo Enológico

  • Raúl Iturralde

Los países que mayor tradición tienen en la producción y consumo de vinos, tales como Francia, España e Italia, han impulsado y desarrollado en forma importante una rama relativamente nueva del turismo cultural y que se conoce como turismo enológico; los resultados, sobra decirlo, los ha colocado en un sitio de privilegio en el ámbito internacional. En América Latina, Chile y Argentina destacan por sus esfuerzos de ofrecer buenos vinos.

Esta actividad turística incluye una gran variedad de actividades recreativas asociadas con las visitas a viñedos, el disfrute de vinos en cavas y bodegas, la gastronomía regional, las artesanías y cultura local, así como visitas a lugares de belleza natural. En México esta actividad turística es muy reciente por lo que representa una enorme oportunidad para incrementar el turismo en forma paralela al crecimiento de su industria vitivinícola.

Nuestro país ofrece estas actividades básicamente en cinco regiones: la primera y la más importante es Baja California que cuenta con más de 130 empresas dedicadas a la producción del vino, Querétaro está colocado como la segunda región en importancia por la cantidad de visitantes que recibe anualmente con este motivo y que son aproximadamente quinientas mil personas; es algo sorpresivo que nos llena de orgullo. Las otras regiones destacadas son Coahuila, Aguascalientes y Zacatecas.

En Querétaro se localizan los valles más sureños en donde se produce uva para la vinificación, contando con un privilegiado clima que da a la vid características especiales principalmente en los municipios de Tequisquiapan y Ezequiel Montes, y en tiempos recientes se exploran nuevas opciones en el municipio de El Marqués. Se cultivan las varietales blancas: st. emilion, cherin, savignon blanc y macabeu; tintas: cabernet savignon, pinot noir, gamay, pinot gris y malbec.

Para cultivar vid es necesario realizar inversión considerable y mucha paciencia, una hectárea cuesta aproximadamente cinco mil dólares o cien mil pesos y el vino con calidad comienza a producirse, en promedio, cinco años después de establecido el viñedo. No obstante, constituye una atractiva inversión y una manera muy concreta de contribuir al desarrollo sustentable.

En México existen aproximadamente cuatro mil hectáreas dedicadas a este cultivo que representa aproximadamente ochocientos millones de pesos. Para el año 2020 estos cultivos podrían crecer de un 30 a 50 por ciento si se mantiene el ritmo de inversión.

Por ahora el 70 por ciento del vino que se consume en el país es de importación pero si continua el mejoramiento de los vinos nacionales en poco tiempo podría representar un 50 por ciento del consumo, lo que vendría a significar un apoyo esencial para los productores mexicanos.

Querétaro fue una región vitivinícola muy importante en los años 60 y 70s, pero tuvo un periodo crítico a partir de los 90; actualmente está cobrando importancia y a buen ritmo, hasta hoy se destinan 400 hectáreas en nuestro estado a la producción de uvas para la elaboración de vino.

Todos sabemos que Querétaro ha tenido un crecimiento importante en su actividad económica, destacando la industria aeronáutica y automotriz así como en el desarrollo urbano e inmobiliario. De igual manera, sabemos que es el destino turístico sin playa número uno del país pero igual da gusto saber que destaca en el turismo cultural enológico.

En mi opinión constituye un verdadero acierto aprovechar las condiciones geográficas y climáticas del estado para invertir en la industria vitivinícola, así como paralelamente promover el turismo con base en esta industria ya que se desarrolla una sinergia que apoya también otras actividades económicas como la hotelería, la gastronomía, las artesanías y otras derramando beneficios a nuestro estado y a nuestra población; dándolo a conocer a nivel nacional e internacional.