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El Bolígrafo – Universidades e innovación

  • Raúl Iturralde

El desarrollo de las sociedades está fuertemente vinculado al conocimiento que produce la ciencia, las aplicaciones tecnológicas y la innovación; particularmente, la innovación se viene constituyendo en una ventaja comparativa inigualable y objetivo de las políticas públicas de ciencia y tecnología. El Reino Unido puede ser un ejemplo de esto, de acuerdo con los datos que proporciona la Fundación Nesta, 63% del crecimiento económico de esa nación, se le atribuye a la innovación.

Innovar significa implementar exitosamente las ideas y productos derivados de la invención, con la innovación se demuestra el valor social y comercial de lo que se hace en materia de investigación y generación del conocimiento. En México el énfasis por la innovación es relativamente reciente, pero su irrupción ha sido con fuerza y actualmente gran parte los proyectos de instituciones de educación superior y de centros públicos y privados de investigación, ponen el acento en los procesos de innovación.

A nivel mundial la apuesta hacia la innovación está llevando a una fuerte polémica en torno al futuro de las universidades, los temas implicados son las carreras universitarias y su duración, los contenidos que se manejan, sus formas de organización escolar e incluso el trabajo en el aula. La presencia de empresas como Google o la tendencia hacia los cursos, diplomados, licenciaturas y posgrados en línea, conocidos por su nombre en inglés “Massive Online Open Courses (MOOC), son puestos como ejemplos de la competencia que encaran las universidades.

Para David Roberts, de la Singularity University, los títulos universitarios ya no son símbolo de conocimiento, han perdido valor; en opinión de este experto, la tecnología disruptiva, la que está revolucionando todos los procesos productivos, acciones sociales e impone las condiciones del mercado de trabajo, no requiere de certificaciones producto de cuatro, cinco o más años de estudio, exige líderes con capacidad de innovar y eso se adquiere a partir de un buen equilibrio entre la práctica y la actividad en el aula.

Para otros, como el filósofo español Javier Echeverría Ezponda, las universidades están metidas en un laberinto porque no se deciden a salir de su zona de confort, siguen confiando en la enseñanza tradicional, en la mera mercantilización del conocimiento, sin darle un sentido social. Para otros más, como el caso del Colectivo de profesores y estudiantes de la Universidad de Valencia, España, denominado “Indocentia” las universidades están abandonando la función sustantiva esencial: la docencia, para inclinarse por un tipo de investigación que no busca innovar porque no es libre y responde a intereses de empresas en lo individual.

Si a este escenario le agregamos los problemas financieros, de matrícula, de saturación de algunas carreras y otras con problemas de matrícula, su alejamiento de los grandes problemas nacionales, y las acusaciones de falta de transparencia en el ejercicio de sus recursos, podremos concluir que efectivamente hay cuestiones vitales que las universidades, mexicanas y de todo el mundo, deben afrontar lo más pronto posible, porque si no, puede ocurrir lo que afirma David Roberts, en un horizonte de futuro no muy lejano, la mayoría de las universidades del mundo van a desaparecer, solamente seguirán vigentes las que tiene una gran marca detrás, como es el caso de Oxford, Harvard, Stanford o el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Las demás navegarán en el mar de la desolación porque los títulos que otorguen no tendrán reconocimiento social, ni económico.

En mi opinión, el panorama todavía no es tan desolador, pero estoy convencido de que las universidades deberán iniciar un largo camino de reconversión, tendrán que dejar atrás la idea de formar únicamente profesionistas reproductores del conocimiento existente, para convertirlos en innovadores, en profesionales con la voluntad y energía de la transformación, con la calidad necesaria para provocar cambios en el sistema económico con su trabajo. Y tal vez algo que es más importante, con la disposición para dialogar con sus comunidades y definir un punto de encuentro entre los propósitos fundamentales de la institución y los anhelos individuales de profesores, estudiantes y trabajadores.