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El reto Qrobús

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Vivir y convivir en una ciudad moderna tiene altos riesgos y muchos compromisos. La urbanización de la sociedad no se pensó tan complicada ni tan abigarrada con todas las exigencias y problemas que traería consigo. Sin embargo, nuestro futuro exige que afrontar sus necesidades y transformaciones físicas que se requieren en cada etapa de expansión y crecimiento.

Atender las demandas y problemas que presenta una urbe del siglo XXI requiere una planeación compleja de sus servicios y demandas de sus habitantes, sobre todo en una etapa donde hay cierto empoderamiento ciudadano. El transporte público en Querétaro, principalmente en la capital del Estado, que atiende las demandas de sus habitantes, ha entrado de lleno a una modernización irreversible.

El transporte público en Querétaro ha sido un tema frecuente porque no había decisión. Recordamos la condición irregular en el siglo pasado, desde que la Terminal de Autobuses urbanos se encontraba ubicada en lo que ahora se conoce como las calles de Colón y Zaragoza en las primeras décadas del Siglo XX, pasando por los servicios “foráneos” de los autobuses que tenían como destino El Pueblito, con punto intermedio en El Jacal. A finales de la década de 1970  se ajustaron las rutas para ir a la lejana Colonia Gamitos, allá por la Industria del Hierro a la orilla norte de la ciudad, o cuando los estudiantes de la Preparatoria Sur de la UAQ secuestraron siete camiones para ejercer presión y conseguir una ruta de servicio, debido a que solamente llegaban hasta la Colonia Burócrata, confines de la ciudad, así entre otros conflictos, la movilidad de pasajeros citadinos ha sido desafortunada.

El transporte urbano ha ido rezagado respecto al crecimiento de la ciudad, nunca ha sido un elemento integral de planeación en el crecimiento y desarrollo de las ciudades queretanas. Ahora, el “Qrobús” es lo más cercano que un proyecto ha estado hasta el momento para modernizar este servicio. No obstante, muestra aún ciertos aspectos, por ejemplo: El servicio de transporte urbano no está articulado como un sistema de movilidad; falta información; módulos de venta de boletos, etc. Los encargados del transporte deben caminar, viajar y conocer de primera mano sus condiciones. Se requiere también conocer la naturaleza del usuario, y explorar el comportamiento de las personas respecto a este servicio, así como las necesidades en cada parte de la ciudad. Si bien la ingeniería ha sido más completa, no es suficiente. Incluso se necesita abordar el aspecto sociológico o antropológico de las costumbres y perfil del pasajero queretano.  Han sido décadas de abandono de este segmento de población que no se puede pedir que en pocas semanas cambien sus conductas. Como también los propios conductores que han vivido en la semi-anarquía vial.

Por otra parte, el alto nivel de politización del que ha sido objeto el nuevo servicio de transporte así como una intensa carga de presión desde las redes sociales, ha entorpecido, más que ayudado a solventar los problemas.  El IQT debe manejar bien ambos aspectos, y por otro lado, dejar de ser menos paternalista y más eficiente en los aspectos que se requiere para ofrecer un servicio dinámico, efectivo y amable de transportación urbana.

La educación vial es una asignatura pendiente en el gobierno local, para conductores, automovilistas, pasajeros y peatones. Los ciudadanos aprenden rápido y son respetuosos de las reglas, pero deben recibir información clara, precisa y congruente, y también deben adaptarse y acoplarse a este tipo de servicio. A medida que el IQT presente un buen trabajo de sistema, las críticas desaparecerán y no darán lugar a la politización que muchos quieren imponer en un servicio tan loable como este. En cuestiones de movilidad, los usuarios, así como los demás ciudadanos, deben de aprender a desplazarse y a seguir las reglas de tránsito, pero sobre todo, a saber moverse en esta ciudad que crece a pasos agigantados.

@manuelbasaldua